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Cuadernos.info

versión impresa ISSN 0719-3661versión On-line ISSN 0719-367X

Cuad.inf.  no.37 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.7764/cdi.37.703 

TEMAS GENERALES

 

Burocratización de las rutinas profesionales de los periodistas en Chile (1975-2005)

Bureaucratization of professional routines of Chilean journalists (1975-2005)

Burocratização das rotinas profissionais de jornalistas no Chile (1975-2005)

 

Claudio Salinas Muñoz* y Hans Stange Marcus**

* Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile, Santiago, Chile. E-mail: claudiorsm@u.uchile.cl.

** Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile, Santiago, Chile. E-mail: hstangemarcus@yahoo.es.


Resumen

El artículo describe las principales tendencias de la práctica profesional de los periodistas en Chile entre 1975 y 2005 en cuatro diarios de circulación nacional. Se propone que el periodismo chileno ha ido burocratizando crecientemente su labor, transformando el proceso de producción de noticias en una tarea mecanizada y automatizada, que responde fuertemente a las lógicas del mercado de medios. Esta tendencia contradice las exigencias políticas y éticas hacia el periodismo, en el sentido de ser una actividad objetiva, independiente y autónoma que colabore activamente con los procesos de formación de opinión pública y de fiscalización de los poderes políticos.

Palabras clave: Periodismo escrito, rutinas profesionales, burocratización, democracia, opinión pública, Chile.


Abstract

The article describes the main trends in Chilean journalists' professional practices between 1975 and 2005 infour newspapers of national circulation. It is proposed that the Chilean journalism has increasingly bureaucratized its work, transforming the news making process in a mechanized and automated task that responds strongly to the logic of media market. This trend contradicts the political and ethical demands on journalism, in order to be an objective, independent and autonomous activity that collaborates with the formation of public opinion and the control of political power.

Keywords: Print journalism, professional routines, bureaucratization, democracy, public opinion, Chile.


Resumo

O artigo descreve as principais tendências na prática profissional dos jornalistas no Chile entre 1975 e 2005, em quatro jornais de circulação nacional. Propõe-se que o jornalismo chileno tem burocratizado cada vez mais seu trabalho, transformando o processo de produção de notícias em uma tarefa mecanizada e automatizada, que responde fortemente à lógica do mercado de mídia. Esta tendência contraria as demandas políticas e éticas do jornalismo, no sentido de ser uma atividade objetiva, independente e autônoma que colabora ativamente com os processos de formação da opinião pública e controle do poder político.

Palavras-chave: Jornalismo impresso, rotinas profissionais, burocratização, democracia, opinião pública, Chile.


 

Introducción1

Las teorías democráticas atribuyen al periodista un relevante papel social como mediador entre la ciudadanía y los poderes públicos y privados en torno al manejo de la información y la toma de decisiones (Santa Cruz, 1996; Siebert, Peterson & Schramm, 1984), rol que supone un ejercicio profesional en condiciones ideales de autonomía, libertad y pensamiento crítico. Este marco ha incitado a pensar la práctica del periodismo confrontándola con al menos dos grandes relatos comprensivos: el primero, de carácter ético-normativo, dictamina sobre la función que el periodista debe cumplir en la sociedad moderna, los límites de su acción y el valor social de la información y de los medios en el espacio público político; el segundo, de carácter mítico, divide la actividad del periodismo según ciertos valores considerados inherentes a la profesión -la objetividad, la sagacidad, la profundidad, las habilidades técnicas, el "olfato", el compromiso, pero también la imparcialidad, la ponderación, la independencia, etcétera-, a partir de los cuales se puede discriminar entre "buenos" y "malos" periodistas (cf. Bettetini & Fumagalli, 2002; Gomis, 1991). Ambos relatos se entrecruzan, se contienen parcialmente y actúan, por lo general, en conjunto a la hora de entender de qué se trata esta profesión.

La gran mayoría de los estudios sobre prensa, por tanto, han tenido en mayor o menor medida estas narrativas como supuestos al momento de investigar qué hace el periodista. Existen diversos estudios que abordan la relación entre periodismo y sociedad desde la perspectiva del discurso, denunciando lo políticamente incorrecto, los contenidos ideológicos no manifiestos o el uso alienante o interesado de la información de prensa. Otros trabajos abordan como objeto las empresas periodísticas, su situación en el mercado y su relación con públicos, avisadores, el Estado y otras instituciones. También existen investigaciones sobre la recepción de los discursos periodísticos, las formas de organización de las salas de prensa, la legislación sobre ética y libertad de expresión y, por supuesto, sobre los efectos de los contenidos de los medios en el campo social, la "justicia" con la que representan la "realidad" o, incluso, el modo en que la construyen. Ya se trate de trabajos de enfoque sociológico-funcionalista, semiótico-crítico, político-económico o ético-normativo, en prácticamente todos los casos el resultado del estudio termina contraponiendo el hacer periodístico con alguno de los dos relatos comprensivos señalados: lo que el periodista "hace" versus lo que "debe hacer"; o bien, lo que el periodista "es" versus lo que "debe ser".

Durante las últimas tres décadas, poco a poco han comenzado a publicarse trabajos que no confrontan la actividad del periodista con un deber ser-o-hacer, sino que intentan describir y comprender esta actividad a partir de sus propias lógicas de producción (véase p. ej. Bohjere, 1985; López, 1995; Majul, 1999). Un grupo muy pequeño y relativamente reciente de trabajos en Chile ha abordado también la tarea de estudiar las prácticas periodísticas. En la actualidad, investigadores como Claudia Mellado, Claudia Lagos y Carlos del Valle, entre otros, han provisto de resultados que nos informan sobre el estado actual del ejercicio de la profesión, de sus condiciones laborales, de sus limitaciones y rutinas (véase Ramírez, 1995; Hernández, Lagos, Mellado & Moreira, 2012; Del Valle, González, Mellado & Salinas, 2010; Mellado, 2011, 2012; Lecaros & Greene, 2012; Puente, Edwards & Delpiano, 2014) y de sus relaciones con la publicidad. Estos trabajos han revelado de forma progresiva que la profesión del periodista se ve afectada principalmente por factores que no están contemplados en las narrativas antes descritas, como la mercantilización y privatización de los espacios públicos, la transformación de las audiencias y avisadores, la generación de intermediarios -relacionadores públicos, periodistas corporativos, agencias de comunicaciones- entre los periodistas y las empresas y organismos públicos. En estas condiciones, es lícito preguntarse si las narrativas a partir de las cuales comprendemos el periodismo son útiles todavía para pensar el papel que le correspondería (según esas mismas narrativas) en la formación de opinión pública y la consideración de la información como un bien social.

Se trata de una aproximación que ya no presupone la distinción entre opinión e información, la independencia profesional y la objetividad del discurso como condiciones sine qua non del trabajo periodístico, para evaluar lo que este aporta a los regímenes democráticos; por el contrario, se busca poner en suspenso dicho lugar común e interrogar qué hace precisamente el periodista y, solo entonces, averiguar si lo que el periodista hace tiene alguna relación con el desenvolvimiento de las prácticas políticas democráticas.

 

Contexto teórico

Las prácticas periodísticas han sido estudiadas usualmente desde la sociología de la producción de noticias o newsmaking, que las distingue, por lo general, del estudio del discurso periodístico como si de dos momentos independientes se tratase: el del proceso de producción y el del producto (la noticia). Una primera forma de aproximarnos al modo en que el newsmaking conceptualiza la rutina es entendiendo esta como la operación concreta de un periodista individual. Las prácticas periodísticas serían esencialmente las de búsqueda y recogida de información, y estas se llevan a cabo naturalmente en la relación con las fuentes (cf. Hernández, 1997, pp. 225-229; Wolf, 1997).

Otra de las prácticas reconocidas como relevantes por los estudios de newsmaking es la denominada gatekeeper o "guardabarrera": la acción de selección y edición de las informaciones que se consideran "noticia" y, por tanto, que se incorporan al proceso de publicación (cf. Gomis, 1991; Hanitzsch & Wahl-Jorgensen, 2009). La selección de las informaciones es concebida como un proceso naturalizado, automatizado e "intuitivo", fundado en la experiencia y el criterio individual -aunque socializado- de los periodistas y, principalmente, de los editores.

Mientras los primeros estudios de newsmaking concentraron su atención en los dos momentos que parecieron más rutinarios -la relación con fuentes y los criterios de valoración-, en las últimas décadas se ha evidenciado que estos momentos solo encuentran su real sentido en el conocimiento del proceso completo (Lester & Molotch, 1974; Bohjere, 1985; McQuail, 1998; cf. Reese & Ballinger, 2001). Comprender la producción de noticias como un proceso complejo y las rutinas periodísticas como una práctica social implica aprehender los modos en que ellas dialogan y se interrelacionan con factores materiales externos que, igualmente, incidirían en la configuración de las mismas. La rutina periodística poseería, así, un carácter internalizado, institucional y repetitivo, además de exhibir, por cierto, un carácter social, en el sentido de que la producción supone un constante intercambio y negociación entre los profesionales al interior de sus organizaciones y entre un medio y otro (Tuchman, 1983, p. 25).

Breed (1955), en un estudio clásico sobre las normas y conductas relativas al ejercicio de la autoridad en las salas de redacción, describe la manera en que la propia rutina profesional funciona como un mecanismo de socialización y disciplinamiento para los periodistas. Esta concepción del proceso de producción como un modo de socialización sugiere observar las rutinas de prensa como un juego de expectativas y reglas no escritas, es decir, como la base de la cultura profesional del periodismo. Esta idea viene a reforzar los planteamientos posteriores de Tuchman (1983, 1999) y otros autores respecto al carácter cerrado y autorreferente del proceso de producción, lo cual supone advertir también que este proceso de socialización funciona además como un mecanismo de control social sobre las propias prácticas y rutinas de los periodistas. También Wolf (1987, pp. 207-248) enfatiza esta concepción social, organizacional y constructiva de las rutinas periodísticas, tal como han sido planteadas por Tuchman y Breed.

Estos estudios son complementados por otro grupo de investigaciones que, sobre la base de encuestas a periodistas y metodologías etnográficas, intentan describir el entorno laboral y las condiciones de trabajo de los periodistas. Es el caso del informe de Bohjere (1985, pp. 24-77), que describe los rasgos de la formación profesional, las maneras de trabajo y el tipo de empresas en que laboran los periodistas. Otro estudio, realizado por el Programa Medios de Comunicación y Democracia en América Latina, la Fundación Konrad Adenauer y el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) (2005, pp. 7-33) sobre las condiciones de trabajo comparadas entre distintos países de América Latina, sostiene que estos factores inciden directamente en las prácticas periodísticas y, por ende, en la calidad de las noticias y la contribución de los medios de comunicación al fortalecimiento de la democracia.

La práctica misma aparecería bajo el marco de un esquema cerrado y autorreferente, como un mecanismo de control social que se replegaría sobre sí y sobre sus ejecutantes. Comprender la producción de noticias como un proceso complejo y las rutinas periodísticas como una práctica social implica aprehender los modos en que ellas dialogan y se interrelacionan con factores materiales externos que, igualmente, incidirían en la configuración de las mismas. Es Mauro Wolf (1997) quien plantea que el newsmaking debe incorporar, como parte de su análisis e incluso como objeto de estudio, una serie de dimensiones que exceden las operaciones concretas planteadas más arriba: los desarrollos tecnológicos, los cambios en la propiedad de los medios, la segmentación de los públicos, el mercado laboral, etcétera. Las investigaciones realizadas en este ámbito, sobre todo desde una perspectiva crítica materialista, tendieron a ver en los medios meras resonancias de tensiones políticas y económicas estructurales, es decir, un reflejo de los cambios inducidos por el desarrollo del proceso capitalista. Wolf, en cambio, desplaza la discusión respecto de estos factores desde la perspectiva infra/superestructura hacia una concepción integrada de la relación entre las prácticas periodísticas y dichos factores.

Por su parte, Lester y Molotch (1974, p. 4) señalan un segundo aspecto complejo del proceso de producción, la imbricación entre las dimensiones práctica y valorativa, la cual es consustancial a la organización del trabajo periodístico e incide de manera relevante en la intencionalidad dada a las noticias. Para estos autores, la noticia, en tanto producto, es el resultado de una "triple instancia" de producción, que involucra a fuentes, periodistas y públicos en el proceso, cada cual aportando acciones concretas pero también valoraciones, puntos de vista y "porciones" distintas del relato sobre la realidad. Esta idea coloca al periodista en el eje articulador del proceso, es decir, como un productor legitimado de informaciones públicas, a la vez que propone, aunque no explícitamente, que el resultado del proceso es, a fin de cuentas, la producción misma de realidad.

El estudio de las relaciones entre los factores materiales, culturales y simbólicos que cooperan en la producción de la noticia entraña una dificultad obvia: las "relaciones" sociales no se pueden medir, ni su impacto se puede evaluar, sin acudir al contexto y la historia de las prácticas profesionales. Lo anterior supone, para el caso de las prácticas periodísticas, que estas manifiestan los criterios y valores a partir de los cuales se ha constituido el campo en que se inscriben, por lo que, a pesar de su carácter intemporal o recursivo, es posible pesquisar en ellas las huellas del trayecto histórico de su producción.

La literatura sobre newsmaking y, en particular, sobre el concepto de rutinas de producción, ha sido introducida y trabajada en América Latina especialmente por los investigadores mexicanos en comunicación. Sistematizando los trabajos anglosajones sobre el tema, advirtieron tempranamente las características de la rutina que se han desarrollado hasta este punto: la noción de una práctica discursiva naturalizada, socialmente legitimada y altamente institucionalizada y reiterativa, susceptible de ser descrita a partir de lógicas propias vinculadas con los modos de organización de las salas de prensa, pero a la vez tensionada por los factores materiales, culturales e ideológicos externos al proceso mismo de producción. Esta revisión articula las observaciones funcionales de la teoría administrativa de la comunicación con los aportes de perspectivas más hermenéuticas, como la constructivista o la crítica. Sin embargo, su principal aporte es posicionar una aproximación comprensiva y global de las rutinas de prensa, que integre los "hallazgos" de los estudios ya reseñados en una teoría centrada en develar la manera en que estas prácticas periodísticas producen cotidianidad y sentido, al mismo tiempo que configuran sus propias reglas de funcionamiento. Tal posicionamiento se obtuvo al incorporar estos modelos de investigación empírica dentro de los criterios y ámbitos definidos por la sociología de campos propuesta por Pierre Bourdieu (2002). De esta forma, fue posible entender la práctica social compleja que constituye la rutina a partir de una noción clarificante, inclusiva y rendidora: el habitus.

El habitus define relaciones o, más bien, "disposiciones" articuladas en torno a esquemas perceptuales y operaciones: son pautas de acción y sentido, pero no necesariamente se corresponden con las reglas y normas de acción (Cervantes, 1995, p. 103). El habitus operaría a la manera de un repertorio de "adjudicaciones" de sentido, tanto en el nivel de las prácticas cotidianas como en el nivel de los relatos, mitos y discursos explicativos. De la misma forma, al percibir las prácticas sociales como esquemas de relación -en este caso, al interior del "campo periodístico"-, admite que estas prácticas comporten cierta autonomía y lógica interna por el hecho de corresponder a la esfera de un campo determinado, a la vez que comprende que estén determinadas por factores externos debido a su naturaleza relacional. Por último, supone que estas prácticas manifiestan los criterios y valores a partir de los cuales se ha constituido el campo en que se inscriben, por lo que, a pesar de su carácter intemporal o recursivo, es posible pesquisar en ellas las huellas del trayecto histórico de su producción. Bourdieu (2002) entiende el campo como un "sistema de producción" (p. 14) de bienes simbólicos, no reductible a un mercado u otra modalidad de producción material, pues se constituye también a partir de las relaciones y valores tejidos en torno a estos bienes. De este modo, el campo se conforma a partir de un entramado de prácticas y relaciones materiales y simbólicas, situadas según su lugar e interacción y no necesariamente a partir de atributos "naturales" propios. Dice Bourdieu (2002):

La estructura del campo es un estado de la relación de fuerzas entre los agentes o las instituciones que intervienen en la lucha o, si ustedes prefieren, de la distribución del capital específico que ha sido acumulado durante luchas anteriores y que orienta las estrategias ulteriores. (p. 120).

Tal definición ofrece al menos dos nuevas dimensiones a consideración. La primera de ellas refiere a la "historicidad" de las relaciones y prácticas al interior del campo. Estas se encuentran históricamente situadas y, por tanto, el conjunto de rutinas que podemos percibir en una época determinada lleva las huellas de las relaciones y prácticas establecidas en el pasado. Incluso si estas operaciones estuvieran borroneadas o "difuminadas" por el paso del tiempo, la misma lógica contemporánea al interior del campo daría cuenta de esta situación histórica de las prácticas, al mismo tiempo que obliga a pensar estas últimas en términos diacrónicos; más aún, en tiempos "largos" por oposición a la instantaneidad que constantemente sugieren los relatos noticiosos.

La segunda consideración refiere a la idea de "estado" de las relaciones de fuerza al interior del campo. Tal idea sugiere que estas relaciones no son estables, se encuentran en continua transformación y adaptación y, por tanto, las prácticas y actores sociales que participan de ellas están de la misma manera continuamente revisando su propia situación al interior del campo. Esto supone que no todas las relaciones tienen el mismo grado, valor e intensidad cada vez, pero, al mismo tiempo, requieren de un elemento unificador que posibilite, en todo momento, la ocurrencia de las relaciones y la interacción de prácticas y sujetos.

 

Metodología

Puesto que la intención es reconstruir series históricas de datos sobre el modo en que se practica la profesión en el país y sus transformaciones, no fue posible utilizar la etnografía de salas de redacción, que, de acuerdo con la literatura, es la técnica más habitual. Su principal característica consiste en hacer visibles las pequeñas operaciones cotidianas que realizan tanto el medio como el editor y el periodista, para seleccionar, dar visibilidad u oscurecer temas, sujetos y voces de la noticia. Sin embargo, estudios recientes demuestran cómo la noticia -es decir, el producto de la actividad profesional del periodista- manifiesta en sus cualidades discursivas las huellas de su rutina de producción (Verón, 1988). Existen estudios que relacionan las rutinas de producción de la noticia con determinantes sociodiscursivos, como los casos noticiosos (Puente et al., 2014), los valores noticiosos (Sapiezynska, 2013), la cultura profesional de los periodistas (Salinas & Stange, 2015) o sus condiciones de trabajo (Hernández et al., 2012; Mellado & Lagos, 2014).

Se emplearon, por tanto, métodos de análisis que reconstruyeron las prácticas profesionales a partir de las "huellas" que estas dejaron en el corpus de estudio, constituido por aproximadamente quince mil notas publicadas en siete medios de prensa de circulación nacional, tomados de semanas corridas a través de un muestreo semialeatorio (tabla 1). Resultado de esta indagación es una completa caracterización del uso de fuentes, estilos de redacción y organización temática y seccional de los frentes noticiosos en estos medios, de acuerdo con ciertos criterios estandarizados.

Tabla 1. Corpus de estudio: diarios de circulación nacional.

Fuente: Elaboración propia.

Este corpus fue confrontado con la información obtenida de una serie de entrevistas a periodistas que trabajaron en los mismos medios durante el mismo periodo, lo que permite controlar las distorsiones esperables que resultan del intento de reconstruir indirectamente las prácticas a través del discurso. Las entrevistas semiestructuradas, que conformaron en la práctica un segundo corpus de análisis, versaron sobre el proceso noticioso y los criterios de noticiabilidad que estos periodistas empleaban en su trabajo (tabla 2).

Tabla 2. Registro y codificación de notas de prensa controladas.

Fuente: Elaboración propia.

Un análisis preliminar de una parte de este corpus permite apreciar ya algunas tendencias importantes en las prácticas de los periodistas chilenos. Se ha considerado en esta primera aproximación el caso de cuatro diarios de circulación nacional (La Tercera, El Mercurio, Las Últimas Noticias y La Nación), comparando los resultados relativos a fuentes, secciones, autorías y géneros utilizados en tres años distintos: 1981, 1991 y 20012.

 

Principales resultados

Prácticas organizadas como fórmulas repetitivas

La práctica diaria del periodista de medios impresos ha sido históricamente definida, como veíamos, a partir de dos etapas: la recolección de información y la valoración de su noticiabilidad (selección, jerarquización, impacto, etcétera). La producción de la noticia se desarrolla como un procedimiento relativamente metódico, altamente complejo y rutinario, el cual, pese a ofrecer una imagen de espontaneidad, vertiginosidad, novedad y acción, es más mecánico y formulario de lo que el común puede pensar, de acuerdo con los datos recabados en los periodos muestrales.

En efecto, según nuestras pesquisas, es notable confirmar la gran uniformación de la rutina de trabajo de los periodistas, en todos los periódicos y en todas las décadas. Su práctica es descrita, por los mismos profesionales, en términos de una mecánica que supone unos frentes de acción predeterminados, un conjunto de operaciones preestablecidas y unas reglas y nomenclaturas, no siempre explícitas pero compartidas por todos, que garantizan obtener al final del día una noticia elaborada y lista para publicar.

Fuentes noticiosas

La uniformidad del trabajo diario del periodista es nuevamente confirmada cuando se acude al examen de los tipos de fuentes informativas a las que recurren los medios de prensa estudiados en el periodo (tablas 3 a 5). Durante 1981, las fuentes desconocidas, no consignadas y los rumores fueron el origen más frecuente de las informaciones publicadas. Era con mucho la fuente más utilizada por el diario La Tercera (58%) y tenía gran importancia también para El Mercurio (31%) y Las Últimas Noticias (35%). El segundo elemento de mayor recurrencia era la repetición de informaciones ya conocidas por los lectores. La Nación, que en ese momento constituía un órgano de difusión del régimen militar -y que es un diario de propiedad estatal-, y El Mercurio fueron los dos diarios que más utilizaban este recurso (54% y 23%, respectivamente). La Nación recurría con profusión a los comunicados (19%) mientras que La Tercera y Las Últimas Noticias se apoyaban también en las entrevistas, en su mayoría a autoridades de gobierno o militares (27% y 33%, respectivamente). Las demás fuentes informativas tenían una presencia marginal. El panorama informativo de ese año se compone casi completamente de trascendidos, hechos contextuales, entrevistas y comunicados oficiales.

Tabla 3. Fuentes de información citadas por los periódicos, año 1981 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 4. Fuentes de información citadas por los periódicos, año 1991 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 5. Fuentes de información citadas por los periódicos, año 2001 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Para el año 1991, segundo año de gobierno democrático en el país tras el fin de la dictadura militar, las fuentes informativas mayoritarias seguían siendo las mismas: el reciclaje de noticias anteriores, las entrevistas y el uso de trascendidos y fuentes no identificadas. La primera era principalmente utilizada por La Nación (69%) y El Mercurio (23%), mientras que la segunda por La Tercera (40%) y Las Últimas Noticias (34%). Este último diario, junto a La Tercera y El Mercurio, eran los que más asiduamente utilizaban fuentes no identificadas: 38%, 39% y 26%, respectivamente).

El empleo de este tipo de fuentes había disminuido para el año 2001 (7% en los casos de El Mercurio y La Nación, aunque los diarios La Tercera y Las Últimas Noticias seguían presentando valores cercanos al 30%), mientras que el uso de entrevistas y elementos contextuales continuaba siendo abrumadoramente mayoritario, al punto de que aparecen como las fuentes informativas casi exclusivas: El Mercurio y La Nación utilizan como fuente preeminente las informaciones previas (40% y 59%, respectivamente), mientras que La Tercera y Las Últimas noticias se apoyan principalmente en las entrevistas (39% y 44%, respectivamente). Todas las demás mantienen -así como para el año 1991- una presencia marginal.

Al fraccionar el número total de fuentes identificadas y no identificadas por el total de las notas sometidas a este análisis, se obtiene que para el año 1981 cada nota tiene un promedio de 1,2 fuentes, cantidad que varía a 1,18 para el año 1991 y 1,35 para el año 2001.

Las fuentes que demandan un mayor trabajo de investigación o el desarrollo de actividades en terreno son, claramente, las menos utilizadas en la producción de noticias. (El reporteo en terreno alcanza un máximo de apenas 21% en 1991, en el diario El Mercurio; en todos los demás periódicos y décadas su valor es de la mitad o menos que eso. Ward y Hansen ya advertían en 1991 la intensificación del uso de bases de datos electrónicas entre los periodistas, en desmedro del reporteo "activo"). Casi todas las informaciones provienen de la gestión de fuentes recurrentes o de bases de datos ya elaboradas a las cuales se acude tanto como demande el proceso noticioso. Estas fuentes provienen, en su mayoría, del ámbito institucional público y del privado (autoridades, directivos, comunicados), por lo que el trabajo de relación con ellas es para el periodista, en la práctica, un trabajo cotidiano de relaciones públicas.

Las entrevistas con los periodistas confirman esta relación con las fuentes. El criterio principal utilizado por los profesionales, y que es valorado positivamente, es el de "cultivar una fuente recurrente". El acceso constante a una fuente oficial que sea capaz de proveer información de manera oportuna y permanente es la clave del proceso de producción de noticias, según atestiguan varios periodistas:

El tema de las fuentes es fundamental. Si no, tú no cultivas fuentes noticiosas, gente que esté en puntos clave del quehacer nacional, a la que tú puedas acercarte y con la que puedas conseguir cierta confianza (...). Algo que siempre aconsejaba a quienes trabajaron conmigo era desarrollar una muy buena red de informantes, tener mucho acceso a fuentes, dar confianza de que tú vas a ser un transmisor responsable de lo que él te pueda informar. (Periodista, 1980-1984)

En las distintas secciones, cada uno tiene un reportero de un frente. El que cubre policial tiene sus fuentes en Investigaciones, en Carabineros; el que cubre Moneda, tiene sus fuentes ahí... Esa es la idea, que cada sección o un periodista cubra cierto sector para que sea conocido y tenga sus fuentes. (Periodista, 1990-1994)

Acá se usa mucho el teléfono y hay poco tiempo para ir a entrevistar a la gente, pero sería ideal, para crear mejores fuentes, para tener más noticias, para estar más metido con lo que está pasando. Entonces es una relación un poco impersonal con las fuentes. (Editor, 2000-2005)

Los periodistas suelen evaluar la "familiaridad" con sus fuentes en función de su eficacia, sin considerar, explícitamente, el grado de dependencia o instrumentalización que pudiesen ejercer sobre ellos. Se desprende de estos testimonios que el real propósito de la rutina de recolección es llegar al final de la jornada con una información que sea publicable. En este predicamento, la tarea clave es acceder a la fuente como sea, y mantener abierta la relación con ella a toda costa. En otras palabras, es preferible llegar al final del día con una noticia publicable, aunque esta provenga de las mismas fuentes, todos los días. En tal situación, las consideraciones éticas o metodológicas solo tienen cabida "en la medida de lo posible", pues lo esencial es, una vez más, preservar el proceso de producción de la noticia: el valor más importante, la tarea más relevante de todas, es repetir y concluir diariamente la rutina de producción, que está internalizada como el "modo en que se deben hacer las cosas" porque, simplemente, "siempre se han hecho así".

Al consultar a los periodistas por los criterios y prácticas para verificar la información, las respuestas suelen ser de dos tipos. En primer lugar, se afirma que se consulta otras fuentes para obtener "visiones distintas" y publicar "cuñas" (frases destacadas) en dos o tres sentidos diferentes3:

Siempre había que tener una contraparte. Es que, si no, no alcanzabas a llenar la página, tenías que tener varias cosas. (Periodista, 1980-1984)

Pero en general era más bien eso, sumar fuentes más que chequear. Uno tenía la noción de que tenía más libertad en ese sentido cuando escribía temas relacionados con el ocio. Como no había cifras involucradas, ni política involucrada (...) Usaba más cuando tenía que reunir muchas fuentes, pero no para verificar. (Periodista, 1990-1994)

En segundo lugar, se alega la verificación de datos como un principio de trabajo deseable, pero determinado por las prerrogativas de tiempo, espacio y ritmos de producción:

Trato de chequear que la información sea lo más fidedigna posible, pero siempre dentro de las pocas horas que tienes para hacer las cosas, y a veces no has chequeado tanto como querrías, porque siempre estás contra el tiempo. (Editor, 2000-2005)

A estos dos tipos de respuestas, las más extendidas en las entrevistas, se suma incidentalmente una tercera: la posibilidad o necesidad de verificar fuentes está directamente relacionada con la línea editorial o política del diario: el medio opositor al gobierno o el medio "serio" va a confrontar datos y versiones, mientras que el medio oficialista o el tabloide confiarán más fácilmente en las predominantes fuentes oficiales:

El tema de la verificación de la información empieza a ser más necesario en los últimos 25 años [i.e. desde 1990]. Yo no sé si hay estadísticas de querellas por entregar información no verídica. (...) En el ámbito político, durante muchos años, no se hacía (...) son los colegas que trabajan en los medios de oposición al gobierno militar: ellos, para poder sacar los temas que golpeaban con mucha fuerza, especialmente los escándalos de tipo económico y el atropello a los Derechos Humanos, tuvieron que tener mucho acceso a fuentes, y confirmarlas muy bien, porque una información falsa te costaba algo más que una querella en tribunales, muchas veces. (Periodista, 1980-1984).

Lo anterior significa que el proceso de corroboración de las fuentes tampoco responde a un criterio metodológico ni tiene como meta la preservación de la calidad de la información: se buscan otras fuentes para cumplir un protocolo, llenar más columnas o reforzar la línea editorial del medio. Es curiosa, en este sentido, la aparente ingenuidad con que los periodistas se refieren a su relación con las fuentes. Prácticamente no contemplan los intereses involucrados, tanto de sus fuentes como de las instituciones públicas o privadas que eventualmente representan, ni los intereses de los propios medios en los que trabajan. Da la impresión de que el problema es meramente procedimental, práctico. Esto puede expresar hasta qué punto la naturalización de la rutina profesional entraña también una suspensión de la posición crítica del periodista en relación con su trabajo.

Criterios de valoración y decisión naturalizados y automatizados

Incluso aquellos elementos cuya aparente naturaleza es intelectual y no mecánica, por ejemplo decidir qué es noticia y qué no lo es, o evaluar la importancia de un tema por sobre otro, se vuelven parte de la rutina, con criterios ya estipulados y que se sustentan, a veces, en la misma experiencia de los periodistas o en su sentido común. Así, al preguntar por los criterios de noticiabilidad a los profesionales, la respuesta habitual es de este tipo: "Cuando llevas harto tiempo cubriendo una sección, sabes qué tienes que reportear" (periodista, 2000-2005). De esta forma, las instancias de decisión y valoración no son momentos reflexivos del trabajo ni espacios de evaluación del propio quehacer: son parte del mismo repertorio de hábitos. La toma de decisión es una etapa dentro del proceso rutinario de producción de noticias y sus opciones están ya predeterminadas. Hasta qué punto esta rutina está extendida, parece demostrarlo el hecho de que uno de los criterios de noticiabilidad es que la información contenida sea, generalmente, la misma que en los demás periódicos:

Las portadas [en los años ochenta] son mucho más parecidas, los temas de portada son casi los mismos, incluso se llegaba a situaciones en que si tú no llevabas lo que aparecía en la portada del diario de la competencia, decías: qué nos pasó, por qué se te fue ese tema. (Periodista, 1980-1984).

El testimonio corresponde a la década de los ochenta, aunque se reitera en las décadas siguientes. Ninguno de los entrevistados explicitó las razones que llevarían a aplicar estos criterios de noticiabilidad.

La coincidencia temática es abrumadoramente mayoritaria no solo entre un diario y otro, sino también a lo largo de las tres décadas, lo que ofrece un panorama bastante peculiar. Si hacemos caso de la distribución de las secciones tradicionales en los periódicos4, es evidente que todos los medios en cuestión comparten preocupaciones similares y destinan una cantidad de notas equivalente a los mismos asuntos (tablas 6 a 9). Lo más relevante, sin embargo, es que las secciones y elecciones temáticas evolucionan de la misma manera en todos los periódicos.

Tabla 6. Evolución histórica de las secciones, diario El Mercurio. Años 1981, 1991, 2001 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 7. Evolución histórica de las secciones, diario La Tercera. Años 1981, 1991, 2001 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 8. Evolución histórica de las secciones, diario La Nación. Años 1981, 1991, 2001 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 9. Evolución histórica de las secciones, diario Las Últimas Noticias. Años 1981, 1991, 2001 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia.

A pesar de la excepción de El Mercurio, que organiza su información sobre la base de "cuerpos" distintos y no de secciones correlativas, es posible apreciar evoluciones comunes en todos los diarios. En primer lugar, la importancia progresiva de secciones "blandas", como Deportes o Espectáculos (de un 19% promedio en 1981 a un 22% en 2001 en el caso del primero, y de un 8% promedio en 1981 a un 15% en 2001 en el segundo), las cuales se van constituyendo en los ganchos comerciales de los periódicos y en los temas de portada más recurrentes.

Al mismo tiempo, disminuye progresivamente la importancia de la sección Internacional (desde un 21% promedio en 1981 hasta un 7% en 2001) de manera uniforme en todos los periódicos. Un caso particular lo constituye el crecimiento de las secciones de Economía en los diarios La Tercera y El Mercurio (de un 6% a un 11% en el caso del primero, y de un 7% a un 26% en el segundo), identificados con los grupos conservadores del país y pertenecientes a los dos conglomerados de prensa más grandes del mercado chileno, ambos abiertamente partidarios de políticas económicas neoliberales.

Es posible confirmar, mediante las entrevistas a los profesionales, que estas tendencias son parte del trabajo periodístico mismo y no obran por simple azar o coincidencia. Algunos testimonios dan cuenta de esto:

El que tenía más espacio era el [tema] que fuera más magazinesco, amable, liviano; el tema que no pusiera en entredicho ni la línea editorial, ni el respeto a las Fuerzas Armadas y de Orden. (Periodista, 1980-1984)

En esa época [años noventa] todavía el tema fuerte era cómo vender más diarios; lo que vendía era el deporte y lo policial. (Periodista, 1990-1994)

Es interesante notar que, ya sea por razones políticas o comerciales (no molestar a los militares en el gobierno, en los años ochenta, o aumentar las ventas del periódico, en los noventa), la tendencia no cambia con el retorno del país a la democracia. Parece evidente, entonces, que a la estandarización de los volúmenes de producción le corresponde una homogeneización de las secciones temáticas, de lo que se podría inferir que cualquier periódico chileno entrega, según el periodo, proporcionalmente la misma cantidad de información sobre los mismos temas que cualquiera de los demás.

Criterios de redacción de las informaciones

El momento de la redacción de la información está también debidamente formalizado según una serie de criterios asumidos por periodistas y editores como una regla que garantiza, ahora, la eficacia del texto. La escritura sigue, por lo general, un modelo de disposición tradicional de los hechos (conocido como la "pirámide invertida") que concentra en los primeros párrafos la información más relevante y relega, al final del texto, datos complementarios, impresiones, comentarios, etcétera.

Este ordenamiento se realiza de acuerdo con criterios sobre lo "importante", lo "impactante" y lo "novedoso" que, a pesar de no estar definidos, son utilizados profusamente. La adquisición de estos criterios está determinada por la experiencia profesional, el oficio y el desarrollo de un sentido de lo "periodístico". Así lo señalan los propios periodistas:

Cuando uno trabaja como subeditor dedicado específicamente a un solo frente informativo, aprende no sé cómo (pero aprende, es como un expertise adquirido sobre la base de la experiencia) a distinguir entre lo que es más y menos relevante en términos noticiosos. (Periodista, 1980-1984)

Eso se va analizando en el día a día, noticia a noticia, y -como es evidente- la decisión la toma el editor de turno en base al material que han recolectado los reporteros en sus frentes y sus pautas y "volanteos" en general (...). Ahí el asunto da para todo, pero los criterios básicos están por lo que es más impactante, más relevante, causa mayor asombro, es más noticioso. Son los valores tradicionales de la noticia, esos que no cambian en ninguna parte. (Periodista, 1990-1994)

 

Discusión

La rutina es reiterativa: siguiendo una pauta preestablecida de acontecimientos noticiables5, se desarrolla un acotado proceso de recolección de información, cuyo orden y estructura final son decididos en acuerdo con el editor, o bien se dejan completamente en manos de este. Lo más importante, sin embargo, es que dicha mecánica está internalizada como un repertorio de hábitos: se actúa sobre los hechos, no se medita sobre ellos; se escriben las noticias una tras otra sin reparar detenidamente en ellas. Como con cualquiera de nuestros hábitos cotidianos, sobre los cuales raramente reflexionamos, la mecánica de trabajo diario del periodista de prensa debe ser naturalizada como un hacer automático y no como un trabajo analítico.

La similar evolución de las secciones en toda la muestra, así como la estandarización de la redacción, exhiben el alto grado de uniformidad que los editores y reporteros comparten respecto de sus percepciones sobre el lugar de la información en el periódico y su valoración. Es una medida de los criterios internalizados de manera casi incuestionable, amparados en la "experiencia profesional" o en la estrategia de negocios del medio. Que el conjunto de los profesionales comparta casi totalmente unos criterios no siempre explícitos sobre qué es una noticia, a cuál sección corresponde, cuáles son las fuentes adecuadas para su cobertura y qué tratamiento es el más pertinente, implicaría que el proceso productivo dispone de unas pautas de decisión prefiguradas que automatizan también el valor noticioso de las informaciones.

Si comprendemos, de este modo, que la recolección de informaciones es rutinaria y que la valoración de las noticias está naturalizada, la imagen más apropiada para comprender la producción de noticias sería la de una burocracia activa. Los profesionales del periodismo operan como agentes que ejecutan roles de acuerdo con ciertos estándares y protocolos, en unos plazos determinados, y cuyo trabajo al interior de la sala de redacción está organizado en departamentos (los "frentes noticiosos") con encargados y jerarquías bien reconocibles. La práctica profesional de los periodistas es un trabajo burocrático, determinado por reglas, plazos y roles, presionado por estructuras institucionales y económicas cuya preponderancia es mayor que cualquier decisión individual en el proceso de producción de la noticia.

Las rutinas profesionales de los periodistas en Chile han sido descritas como un repertorio de hábitos naturalizados, repetitivos, impersonales, cuyo propósito es llevar adelante un proceso continuo, simultáneo e indetenible de producción de informaciones. Se trata de un proceso ajustado regularmente a un conjunto de criterios y decisiones también naturalizadas, vueltas sentido común, que demandan del periodista un compromiso activo en la realización de las tareas rutinarias y un sometimiento total a las reglas de producción. En este marco, accede también a posponer el ejercicio de su autonomía y criterio propio en nombre del más alto valor: la producción diaria de la noticia.

A pesar de los evidentes vínculos entre el trabajo periodístico y los contextos políticos atestiguados por el estudio (la orientación temática según las tendencias del mercado de audiencias, los sesgos del ambiente dictatorial en la relación con las fuentes), el análisis de las prácticas profesionales de los periodistas chilenos muestra que estas adquieren, de manera consistente a lo largo de las décadas estudiadas, la fisonomía de una burocracia activa. El periodista es un funcionario del medio en el cual trabaja, que produce información cuyo valor primario es el que obtiene en el mercado de prensa. Los usos sociales de la información están subordinados a este valor de mercado, del mismo modo que los valores profesionales sostenidos por la narrativa del periodista parecen ser solo un elemento legitimador de la verdadera naturaleza de la profesión. Esto no quiere decir que el periodismo sea un negocio disfrazado de actividad pública, sino que dicho rol público político no es el primario ni natural del periodismo.

 

Notas

1 La introducción y el contexto teórico de este artículo recogen discusiones anteriores ofrecidas por los autores (2009, 2011, 2013).

2 El examen del total del corpus excede con mucho el espacio disponible de este artículo y requiere de algunos análisis que aún están en desarrollo.

3 Este es, precisamente, el fenómeno que estudia Tuchman (1999) para demostrar que, en el discurso periodístico, la "objetividad" no es un criterio epistemológico o metodológico, sino una ilusión de imparcialidad.

4 La nominación de las secciones se ha realizado después de establecer una serie de homologaciones, pues las mismas varían sus nombres y ámbitos dependiendo del medio. Así, las secciones "Deportes", "Internacional" y "Cultura y espectáculos" se presentan diferenciadas de la misma manera en todos los periódicos, mientras que la sección "Economía" aglutina los ámbitos de finanzas, laboral, etcétera; y la sección de "Información general" concentra la crónica diaria, política y las notas policiales, todo lo cual aparece en algunos diarios como secciones diferenciadas, mientras que, en otros, subsumidas en una única categoría (p.e. "País", "El día", etcétera). Por último, la sección "Otras" refiere a aquellas secciones coyunturales (p.e. sobre el campeonato mundial de fútbol o las elecciones municipales) o bien a aquellas de reciente incorporación en los diarios (vida saludable, tecnología, etcétera).

5 Durante las últimas décadas, la pauta de noticias de los periódicos chilenos ha dependido en buen grado de la agenda de informaciones que cada mañana ofrece la agencia de noticias Orbe.

 

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Sobre los autores

Claudio Salinas Muñoz, Profesor e investigador del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile. Doctor en Estudios Latinoamericanos, periodista, licenciado en Comunicación Social y licenciado en Humanidades con mención en Historia. Sus áreas de investigación son la comunicación política, el cine latinoamericano y los estudios culturales.

Hnas Stange Marcus, Profesor asistente del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile. Doctor [c] en Filosofía, licenciado en Comunicación Social y periodista. Trabaja desde la perspectiva de la teoría crítica sobre industrias culturales, cine chileno y sociología del periodismo.

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