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Pléyade (Santiago)

versión impresa ISSN 0718-655Xversión On-line ISSN 0719-3696

Pléyade (Santiago)  no.22 Santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-36962018000200063 

Artículos

Ciberactivismo: praxis feminista y visibilidad política en #NiUnaMenos

Cyber-activism: feminist praxis and political visibility in #NiUnaMenos

María Belén Rosales* 

*Doctoranda en el Laboratorio de Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina). Correo electrónico: mabelen.rosales@gmail.com

Resumen:

El presente artículo se orienta a indagar el contexto de emergencia del fenómeno #NiUnaMenos en Argentina e identificar los actores sociales, políticos y mediáticos, las condiciones estructurales en que se desarrolla la movilización social, y los marcos simbólicos de referencia en el proceso de construcción de subjetividades colectivas. Asimismo, se analizan las disputas de sentido en torno a significantes tales como “cuerpos”, “mujeres” o “vidas” como fronteras de sentidos constitutivas del proceso de construcción de subjetividades colectivas en la búsqueda de visibilidad política. En este marco se propone abordar las variadas formas de agencia desplegadas en las convocatorias de la campaña a partir de la apropiación de redes sociales, con centralidad en la función expresiva de formas colectivas de visibilidad en la esfera pública online/offline.

Palabras clave: TICs; Praxis; Feminismo; Subjetividad; Visibilidad

Abstract:

This article aims to investigate the context of emergence of the phenomenon #NiUnaMenos in Argentina and thus identify the social, political, and media actors, the structural conditions in which social mobilization takes place, and the symbolic frames of reference for the construction process of collective subjectivities. Likewise, it analyzes the disputes of meanings around signifiers such as “bodies”, “women” or “lives”, as borders of the constitutive senses of the process of construction of collective subjectivities in the search for political visibility. This framework is used to propose that addressing the various forms of agency deployed in the campaign’s calls from the appropriation of social networks, centrally the expressive or significant function of collective forms of visibility in the online/offline public sphere.

Keywords: TICs; Praxis; Feminism; Subjectivity; Visibility

Introducción

La convocatoria masiva de #NiUnaMenos en la ciudad de Buenos Aires en 2015, como hito en la historia de las resistencias del feminismo en Argentina y el repertorio de movilizaciones ulteriores entendidas aquí como sus derivas1, adquieren centralidad para preguntarnos por los renovados desafíos a los que se enfrentan las formas de organización colectivas del feminismo frente a los nuevos modos de comunicación y formas de asociación que traen aparejadas las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Las diversas formas de agencia desplegadas en las convocatorias de las campañas #NiUnaMenos durante los años 2015 y 2016, que tomamos como recorte temporal, dan cuenta de la apropiación activa de redes sociales y la función expresiva de formas colectivas de visibilidad política, mediadas por herramientas digitales, en la disputa pública por el sentido en torno a significantes tales como “mujeres” o “vidas”. Estas formas de lo visible nos plantean algunas interrogantes: ¿cómo se vinculan las instancias públicas y privadas en estas materialidades significantes? ¿Constituyen estas materialidades nuevas modalidades figurativas de resistencia?

A partir de estas preguntas, se propone identificar los actores sociales, políticos y mediáticos y los marcos simbólicos de referencia en el proceso de construcción de subjetividades colectivas. Estos son algunos de los ejes de análisis que se desprenden del proyecto de tesis doctoral “Cibercultura y praxis feminista: narrativas visuales en torno a los cuerpos de las mujeres en #NiUnaMenos. Una mirada desde la etnografía virtual de Facebook, Argentina (2015-2016)”2, de cuyos avances daremos cuenta a continuación.

Destacamos que, si bien los activismos feministas en Argentina han desarrollado a lo largo de cada momento histórico medios alternativos en clave contrahegemónica, existe en la actualidad una fusión cotidiana con las redes sociales que son parte constitutiva de la praxis política en la era de la conectividad digital. Lo que las nuevas generaciones feministas han logrado en los contextos digitales es la posibilidad de compartir de forma amplificada e instantánea estrategias, contenidos, imágenes y diálogos de experiencias interconectadas. Es decir, una dimensión de la actuación política radicalmente distinta de las que han sido desarrolladas hasta ahora. En la actualidad, la cultura colaborativa del compartir, detrás de los principales medios de la red, es una de las prácticas principales del activismo social, en la interrelación de las movilizaciones sociales y las tecnologías digitales. Sin embargo, eludiendo el proceso de construcción histórica de la movilización social en su contexto específico no se pueden atender aspectos de un fenómeno tan reciente para las formas organizativas del feminismo.

En este sentido, ponemos en crisis la idea de que las nuevas tecnologías son, por sí mismas, democratizadoras o liberadoras. Esto supone que brindan igualdad de oportunidades al eliminar la mediación impuesta por los sistemas tradicionales de medios de comunicación y una noción de impermeabilidad a las operatorias de la hegemonía patriarcal-capitalista. Por otra parte, esta perspectiva recae en, al menos, dos reduccionismos que necesariamente debemos desarticular: primero, da por sentado que la apropiación social para el agenciamiento es universal, y segundo, valida la ficción de igualdad y transparencia de las redes sociales y los discursos digitales en general.

Tramas históricas de la emergencia del colectivo #NiUnaMenos

#NiUnaMenos, en su vasta polisemia, podría definirse en primer lugar como un colectivo nutrido mayoritariamente por activistas feministas, comunicadoras y artistas de Buenos Aires, quienes en 2015 lanzaron la convocatoria a una concentración para manifestarse contra los feminicidios, primero a través de un hashtag en Twitter articulador de subjetividades políticas3 (#NiUnaMenos), y, luego por medio de una página oficial de Facebook creada bajo dicha consigna.

Creemos pertinente desmarcarnos de aquellas perspectivas que enfatizan en los efectos de los usos tecnológicos y explican el fenómeno como consecuencia lineal de la viralización de un hashtag4 a través de las redes sociales, sin atender la densidad e historicidad de las resistencias y estrategias de un feminismo histórico, que como memoria residual y subrepticia de las luchas políticas por la emancipación sexo-genérica, posibilitaron la emergencia de #NiUnaMenos en el presente contexto de creciente conectividad digital. Al calor de una multiplicidad de voces, el 3 de junio de 2015 se consolidó la multitudinaria marcha #NiUnaMenos en Buenos Aires, con las variadas expresiones regionales de un movimiento social y político que tuvo como hitos fundacionales las tres décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito, la experiencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y sus hijas que como jóvenes mujeres revolucionarias resistieron a la dictadura militar. También la marcha fue heredera de los movimientos por la disidencia y la diversidad sexual, las mujeres que se organizaron en sindicatos y asambleas piqueteras en la crisis política y económica en 2001, las formas de resistencia de mujeres migrantes, indígenas y afrodescendientes y de la densa urdimbre de luchas por la ampliación de derechos sexuales en el país.

En Argentina, desde principios del siglo XX y durante varios lustros de luchas y resistencias (fundamentalmente en las décadas del 60 y hasta mediados de los 70, para desarrollarse con mayor énfasis en los 80), los feminismos agrietaron el suelo del sentido común patriarcal, logrando alterar el régimen de lo visible, lo enunciable y denunciable, a partir del encuentro entre activismo, movimiento, arte, pensamiento, lenguaje y política. En este sentido, se vuelve indispensable recuperar y reponer las condiciones de posibilidad de la emergencia de #NiUnaMenos, en tanto fenómeno polifónico en el que se expresan saberes, creencias y prácticas de impugnación a significados sedimentados. El activismo feminista en #NiUnaMenos interpeló a la ciudadanía mediante discursos e imágenes, apelando a la urgencia de transformar valores y costumbres, desde una pedagogía feminista que interpeló a la sensibilidad y a la insatisfacción ética desde una capacidad articulatoria centrada en la comunicación instantánea, rizomática e hipermediática a través de las redes sociales. #NiUnaMenos, como colectivo, logró reunir a un conjunto de voluntades feministas y articular bajo un lema en común, un movimiento social amplio y heterogénero.

El esfuerzo de este activismo recupera la historia de mujeres organizadas en el país, a la vez que es contemporáneo de un movimiento de mujeres renovado, con la incorporación de tendencias de activismo digital en el mundo y sostenido a su vez por una base popular, transversal, federal, regional e internacional.

Este activismo ejerció las medidas de presión y concienciación social necesarias para promover, por ejemplo, la redacción de la Ley integral de violencia sancionada en 2009, entre otras conquistas de derechos, que confluyeron, en la configuración en un colectivo en red. Como referencia a las coordenadas históricas del feminismo que confluyen en la emergencia #NiUnaMenos, tomamos los años 80 cuando se produce el retorno democrático en el país que, en el caso del movimiento de mujeres, conlleva una transformación en relación a las formas del ejercicio de su ciudadanía, su profesionalización, articulación y trasnacionalización de estrategias y objetivos. Los grupos feministas en Argentina, a partir de los ochenta, comienzan a utilizar el lenguaje de los derechos humanos; de este modo, en los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM) proliferan consignas como “soberanía en mi país y en mi cuerpo” o “democracia en el país y en las casas”, ubicando al cuerpo femenino como campo de batalla, bastidor de mensajes, espacios de interlocución y de expresividad de experiencias de subalternidad así como de formas corporeizadas de resistencia y visibilidad pública. Como antecedente, en 1979 se firma la Convención por la Eliminación de toda Forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), y se desarrollan los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe a partir de 1981 y los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina desde 1986. Desde aquel año iniciático, los ENM fueron el lugar “propio” de los feminismos en el país, conquistado tras un largo proceso histórico de construcción y lucha colectiva en espacio de resistencia y agenciamientos diversos, con el retorno de la democracia tras los años siniestros del terrorismo de Estado. Los ENM representan instancias emblemáticas donde se pone de manifiesto la dimensión política del orden cotidiano de la vida de las mujeres, es decir, se remueven los cimientos subjetivos e intersubjetivos del heteropatriarcado en tanto régimen político de vida, a partir de los relatos de experiencias de las mujeres.

En los talleres de los ENM, todas las experiencias son escuchadas, compartidas, visibilizadas; se ponen en juego el valor de las emociones, las afectividades, el saber cómo tramitar el dolor, el miedo y la violencia, cómo construir redes de contención y afecto y gestionar formas de acción. Estos saberes compartidos aluden a lo que Raymond Williams denominó “estructuras de sentimiento”5, para designar la clara conciencia de un pasado común en términos de opresión-dominación, y que han resultado ser fundamentales en la construcción de la identidad política de los feminismos en Argentina. En mayor o menor grado, las mujeres que participan en los Encuentros acceden a la conciencia de ese pasado común y de la importancia de la solidaridad, de la toma de la palabra, y las reflexiones colectivas en relación a la subalternidad (por ejemplo, ante la prohibición, la mortificación moral y la penalización del ejercicio de la autonomía corporal, entre otras dimensiones de la desigualdad y las violencias experimentadas en la vida cotidiana). El feminismo en Argentina, más que un movimiento, puede definirse como un espacio discursivo, un espacio de participación política que lleva implícito por un lado la diferencia, y por el otro la confrontación y la fragmentación como forma de interacción y construcción de subjetividad colectiva. En este punto, creemos necesario distinguir, a partir de los aportes de Martín Retamozo, las nociones de subjetividad e identidad:

La subjetividad colectiva [es] un proceso para dar sentido, mientras que la identidad la consideramos una instancia diferente producto de experiencias históricas, sedimentaciones de sentidos y en el cual no puede desconocerse la mirada de la alteridad en esa conformación del nosotros. De este modo la subjetividad opera como una instancia mucho más móvil, calidoscópica, que si bien logra producir puntos de sutura frente a acontecimientos y detiene el desplazamiento y usa (e interpela) a las identidades, permanece en un nivel más fluido.

6.

La convocatoria: cuerpos en las calles y visibilidad hipermediática

En #NiUnaMenos 2015 se pudo ver, a través de la cobertura de medios nacionales tradicionales la concentración multitudinaria en Buenos Aires y a miles de personas capturadas desde drones portando sus teléfonos celulares y smartphones a modo de extensión “digital” del cuerpo, tomando fotos, subiéndolas a las redes y enviando mensajes de Whatsapp. La comunicación en tiempo real desde cualquier punto del país implicó un salto en la comprensión del tiempo y del espacio, de manera que las identidades y las funciones sociales que estaban estrechamente relacionadas con el lugar físico pasaron a redefinirse. #NiUnaMenos constituyó una forma de organización política alternativa a la de los partidos tradicionales, proponiéndose ensayar nuevos modos de acciones concertadas de forma consensuada y horizontal, no jerárquica, sin verticalismos, no presentistas ni meritocráticas, una forma de organización mediatizada por redes sociales. El entorno digital fue, así, el espacio que abrió la posibilidad de repensar horizontes de imaginación social y política. La multitudinaria concentración en #NiUnaMenos 2015 se expresó como un duelo público, con inesperadas repercusiones internacionales, para pedir, en un grito colectivo, el despertar de la conciencia social y la intervención estatal ante el recrudecimiento de las violencias patriarcales, cuya expresión más cruenta son los feminicidios registrados en todos aquellos puntos y localidades del país en los que la marcha se volvió rizoma.

La convocatoria a #NiUnaMenos comenzó la primera semana de mayo de 2015, tras la repercusión mediática del feminicidio de Chiara Páez, una joven embarazada de 14 años asesinada a golpes y enterrada por su novio en Rufino, provincia de Santa Fe. El petitorio en que las integrantes del colectivo #NiUnaMenos trabajaron concertadamente fue leído por un grupo de artistas y transmitido en vivo en numerosos canales de la televisión de aire, a modo de cadena nacional. El texto de la convocatoria 2015 se realizó a través del Google Drive, un programa gratuito para crear documentos en línea con la posibilidad de colaborar en grupo. Este programa se funda en la idea de distribución de tareas colectivas no excluyentes, una herramienta que facilitó formas cooperativas de producción comunicativa:

Por un lado la red digital permite el intercambio de contenidos entre miles de sujetos rompiendo con el modelo uno-a-muchos que caracterizaba al broadcasting; por otro, la estandarización y abaratamiento de la tecnología ha puesto en las manos de millones de usuarios instrumentos sencillos y fáciles de usar para la creación y manipulación textual.

7

En la cuenta oficial de Facebook #NiUnaMenos, creada tres meses antes del feminicidio de Chiara8, el colectivo administrador de la cuenta y organizador del evento político invitó a la comunidad a concentrarse bajo la consigna, tanto en la Plaza del Congreso de la Nación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como en todas las plazas centrales del país. En este marco, se comenzaron a producir y a circular en internet las gráficas de la convocatoria, y se difundieron los lugares de concentración a través de esta plataforma, con el fin de brindar información logística y generar adhesiones de toda la ciudadanía durante la gesta que duró tres semanas durante el mes de mayo de 2015. La combinación de celulares y redes sociales funcionó no sólo por la instantaneidad para compartir mensajes en tiempo real sino también por la mayor horizontalidad en los canales de comunicación para organizarse en coordenadas espaciotemporales compartidas.

A partir de la utilización de un logo color magenta con la consigna #NiUnaMenos, las activistas fueron marcando en Google Maps, un servidor de aplicaciones de mapas en Internet, cada ciudad y pueblo del país desde donde se iba a desarrollar el acto el 3 de junio de 2015. Tal como plantea Silvia Lago Martínez, una característica de estos movimientos es la organización en torno a nodos conectados en red a través de las herramientas de Internet, donde cada punto de articulación de la red es uno de ellos y allí se crean las posibilidades concretas de acción e influencia territorial9. #NiUnaMenos congregó alrededor de doscientas mil personas en la ciudad de Buenos Aires, y se multiplicó en más de 120 puntos del país:

Hubo manifestaciones con decenas de miles de asistentes y otras con menos de cien distribuidas en diferentes ciudades capitales y pueblos; en Córdoba capital, 30 mil personas; Rosario, 20 mil; Mendoza, 15 mil; Salta, 10 mil; Neuquén, 10 mil; Catamarca, 5 mil; San Salvador de Jujuy, 5 mil

10.

A partir de redes flexibles y descentralizadas, la organización de #NiUnaMenos se constituye en un ejemplo de organización popular en red, con vocación global que incluye lo particular, es decir, que asimilan lo local11. En el caso de #NiUnaMenos, la híperconectividad posiblemente haya contribuido a magnificar sensaciones colectivas que hubieran tardado mucho más en manifestarse en el sistema comunicacional del siglo veinte.

La dependencia digital da origen a una lógica nueva en la comunicación, según la cual el poder se construye a través de un vínculo cotidiano y de reciprocidad con la ciudadanía. Las activistas del colectivo #NiUnaMenos, a su vez, usuarixs y consumidoras de redes sociales, aprendieron a emplear las diferentes tecnologías mediáticas y los dispositivos, con diversos fines organizativos, logísticos y tácticos, con el fin de interactuar con actores políticos y mediáticos y de ampliar su convocatoria. Como señala Rossana Reguillo, la visibilidad de los movimientos sociales es “un problema clave para el sostenimiento de identidades, proyectos y conflictos en el ámbito de lo que ha dado en llamarse ‘opinión pública’, la que suele reducirse a la anónima y generalmente inasible percepción ciudadana de los acontecimientos locales, nacionales o internacionales”12.

El debate sobre la visibilidad se aúna a las transformaciones en las formas de hacer política, los modos de participación y de construcción de identidades, así “la democracia digital tiende a manifestarse primero en las formas culturales: un sentimiento de comunidad distinto, un sentimiento de participación más intenso, menos dependencia de la sabiduría oficial y mayor confianza en la resolución cooperativa de los problemas”13. La comunicación por redes es asimismo uno de los escenarios donde se teje la compleja trama de estrategias, medios y productos, y donde se dirime la lucha política entre actores, ciudadanos, Estado, medios y mercado. En este sentido, uno de los límites a los que se enfrentan los activismos gestados en y desde las redes sociales son los modelos de negocio y el control y monitoreo de datos privados de consumidores de redes, así como la opacidad en el uso de los datos detrás de empresas como Google.

Es necesario también atender la política de restricción a contenidos feministas en medios como Facebook, donde se censuran imágenes de pechos y torsos desnudos de mujeres, pero no se ejerce ningún límite de restricción a la expresividad de la violencia machista. El ciberespacio acelera, amplifica, ofrece la capacidad de transfigurar, resignificar y profundizar tendencias y estructuras sociales. Al mismo tiempo, ofrece al activismo herramientas de acción política: convocatoria a campañas vía redes sociales, grupos y foros de discusión, newsletters, boletines, correo electrónico, documentos elaborados en línea, portales de colectivos feministas, sitios web de organizaciones y agencias de información con perspectiva de género, etc.

La construcción de subjetividades colectivas

La apropiación de la tecnología digital logró visibilizar las potencialidades del activismo feminista argentino en 2015 para comunicar e interpelar a un público masivo. Una multiplicidad de discursos e imágenes circularon en la cuenta oficial de Facebook #NiUnaMenos Buenos Aires durante los días anteriores y posteriores a la concentración el 3 de junio de 2015, para instalar el debate público en torno a las violencias de género. Esto implicó una serie de desafíos para la construcción de una retórica de alcance amplio, que dé cuenta de un tema que es complejo y multidimensional. Conviene aquí reservar la noción de identificación para aludir al sentimiento de pertenencia o distanciamiento que las personas tienen respecto de una causa, siempre cristalizada en una categoría disponible como #NiUnaMenos14, en la que los sujetos colectivos tienden a reiterar formas de dar sentido que requieren de la reducción de complejidad o la hipergeneralización.

La consigna, bajo el riesgo de caer en simplificaciones del sentido común, aglutinaba las afecciones de impotencia ante las complicidades y omisiones de las instituciones sociales frente a los feminicidios, bajo consignas tales como: El gobierno, la justicia y los medios son responsables. Por otra parte, se expresaba la necesidad de instalar el concepto de “sororidad” como expresión de la solidaridad colectiva de la comunidad de mujeres bajo lemas tales como: Si tocan a una, saltamos todas.

Consideramos que los procesos de identificación, como el que motorizó la convocatoria, son siempre una definición de los actores sociales en tanto estos son interpelados e interpelan a otros. La primera convocatoria #NiUnaMenos en 2015 convocó a multitudes bajo el significante mujer, sujeto de alocución que está por fuera del enunciado. Esta operación ha dado lugar a múltiples interrogaciones: ¿Están las subjetividades con cuerpos disidentes o feminizados incluídas en esta categoría? o ¿se contemplan las muertes de mujeres por causa de abortos clandestinos? Esta potencia en la interpelación bajo el significante mujer proponía, en principio, ser parte del colectivo movilizado bajo la apelación a la pregunta: ¿Quién podría mirar a otro lado mientras a las mujeres se nos sigue matando? En #NiUnaMenos 2015 no sólo hubo diversidad o heterogeneidad, sino interrogantes por la posibilidad de articulación de la diversidad cultural politizada, enmarcando los colectivos que residieron en su interior. En la segunda edición de 2016 emerge una noción acerca de qué es una “parte” y qué no puede ser enunciado como parte.

Los sentidos que se condensan en una frase revictimizante como #NiUnaMenos se confrontan a la necesidad de construir una identidad política colectiva bajo un significante o slogan aglutinante de amplio alcance, en búsqueda de articulación. La estrategia de instalar el tema en la agenda pública desde una retórica mainstream o apta para todo público promovió formas creativas, distanciadas de las retóricas academicistas, en la búsqueda de una impugnación pragmática a los discursos mediáticos misóginos que cristalizan la imagen de las mujeres como “víctimas” en la cobertura de feminicidios. Dado que los enunciados del periodismo de género especializado y de las militancias feministas implican formulaciones político-ideológicas abstractas, que muchas veces resultan crípticas para el alcance masivo, #NiUnaMenos se orientó a visibilizar e instalar de nociones tales como violencia machista15 en lugar de conceptos propios de los ámbitos de producción de saber académicos tales como “heteropatriarcado”.

Marcos de sentido: “mujeres” ante la frontera de la “vida”

Las fronteras de sentidos, construidas como límite entre las múltiples y heterogéneas identificaciones, se plantean no sólo como líneas demarcatorias de pertenencias, sino de discursos como marcos de significados, posiciones en el campo de fuerzas donde la lucha por “el respeto a la vida” o a “vidas que merecen ser vividas” cambia drásticamente de sentido. La reelaboración de significantes y significados en #NiUnaMenos ofrece, por caso, una mirada a las consecuencias que en el plano de las acciones tienen las asignaciones de sentido en la construcción de la subjetividad colectiva.

En este sentido, el reclamo por aborto legal fue excluido en 2015 del documento elaborado en la convocatoria porteña; fue en 2016 que se le ingresó para formar parte expresa del petitorio oficial. En este sentido, si hay un límite que separa no se trata sólo de significados, sino más bien de regímenes de articulación de significados. Así, en 2016 el reclamo por el respeto a la vida de las mujeres incluye atender a la muerte de mujeres por abortos clandestinos como un tema de justicia social y salud pública. En este marco, una parte decisiva de las tensiones en #NiUnaMenos 2015 sobre la inclusión del aborto en el petitorio se expresaba en la disputa acerca del sentido en torno al derecho a la vida apropiado por sectores vinculados ideológicamente a grupos eclesiásticos conservadores “pro-vida”, a los que los colectivos feministas valoran como “anti-derechos” o “anti-mujeres” en la lucha por despenalizar y descriminalizar la práctica del aborto.

Los feminismos concertados en #NiUnaMenos, Vivas Nos Queremos del año 2016 -un acto político potente que invitaba también a restituir la memoria política- impugnó la precarización de la vida y la violencia política. Bajo la gestión presidencial Mauricio Macri, las prácticas represivas de la protesta social fueron el eje vertebral de la politización de la consigna en la segunda edición de la marcha. En el proceso de circulación social de categorías de identificación tales como “mujeres” o “vida” se dirimen disputas de sentidos, enunciaciones que articulan diferentes significantes y que producen diferentes efectividades hegemónicas. A su vez, estos significantes se anudan a algún significado, aunque no necesariamente al mismo. Así, las categorías disponibles no tratan de que el término sea no solo comprensible, sino que también tenga potencial identificatorio. Siguiendo a Ernesto Laclau, entendemos que la unidad del grupo es el resultado de una articulación de demandas; sin embargo, el autor plantea:

Esta articulación no corresponde a una configuración estable y positiva que podría considerarse como una totalidad unificada. Por el contrario, puesto que toda demanda presenta reclamos a un determinado orden establecido, ella está en una relación peculiar con ese orden, que la ubica a la vez dentro y fuera de él. (...) La demanda requiere, sin embargo, algún tipo de totalización si es que se va a cristalizar en algo que sea inscribible como reclamo dentro del ‘sistema’16.

En #NiUnaMenos 2016 fue posible una reelaboración de significados incorporando perspectivas, valoraciones, marcos políticos y éticos situados en los feminismos de corte popular, desde una perspectiva antineoliberal y anticapitalista, consolidando una forma de subjetividad estable (y a su vez dinámica) que refiere a un sentido de pertenencia colectivo: la conformación de un nosotrxs imaginario y la movilización de códigos comunes. En este sentido, la crítica al patriarcado heteronormativo desde los feminismos populares y comunitaristas resisten la dominación masculina tanto en el orden económico como en el de lo familiar, bajo el mandato que obliga a las mujeres a la reproducción de la población.

La disputa de sentidos de #NiUnaMenos entre 2015-2016 supuso un nivel de centralización o sutura semántica, una definición relativamente clara del quiénes somos y qué tema queremos disputar. La identidad colectiva en #NiUnaMenos puede, en este sentido, ser definida como

El producto de una definición de la situación, construida y negociada a través de la conformación de redes sociales, las cuales conectan a los miembros de un grupo o movimiento. Este proceso de definición implica la presencia de esquemas cognitivos, con la acción auto-reflexiva y consciente, con interacciones densas, de intercambios emocionales y afectivos

17

En este orden, la acción reflexiva se da en el marco del repertorio de significantes / significados, de acuerdo a las condiciones de producción de los discursos que enmarcaría el campo de juego y los desplazamientos semánticos. Estos espacios de creación de nuevas configuraciones se dan como parte de reacomodamientos subjetivos donde se pueden identificar continuidades y cambios. El significante, “vida” en #NiUnaMenos 2015 como antinomia de las muertes de mujeres por feminicidios adquiere entonces otra dimensión cuando, en 2016, se expresa y se reclama en el documento oficial: “Ni Una Menos por abortos clandestinos”.

En la configuración subjetiva no todos los significados tienen el mismo peso para la articulación; en términos de Retamozo, algunos códigos “pueden adquirir primacía y opacar a otros que permanecen subalternizados”18, pero que luego pueden emerger y conformarse en “articulantes” de la red de códigos y por lo tanto también del proceso colectivo de dar sentido, tal como se evidenció en la transición de la marcha del 2015 al 2016.

La instauración de ese significado dominante: “vida” o “mujeres”, en tanto constitutivo de una configuración subjetiva particular, no puede concebirse por fuera de los procesos sociohistóricos que involucran a los sujetxs. La historia de esas subjetividades y sus contextos de sentido y acción ofrecen la posibilidad de construir un significado que ancle y amalgame con densidad mayor. Este aspecto es indisociable en la búsqueda de comprensión de los sentidos otorgados a los significantes “vida”, “aparición con vida” o “vivas las queremos”, como un producto de la subjetividad colectiva conformada en el marco de los procesos históricos del país.

La consigna “Vivas las queremos” de 2016, en este sentido, repone la interpelación a la “aparición con vida” que remite a la lucha histórica de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y agrupaciones de familiares de desaparecidos por la última dictadura militar, y que es reapropiada por organizaciones feministas en su lucha contra la trata. El conflicto en el orden del sentido emerge en un tránsito que, entre 2015-2016, operó en un escenario partidario polarizado entre proyectos políticos-culturales antagónicos encarnadas por el Kirchnerismo y el Macrismo. Esta contienda quedó cristalizada en la repetición sistemática de la metáfora “la grieta” tanto en programas televisivos y radiales de debate político como en el periodismo gráfico. Este fue un elemento desafiante en la búsqueda de una identificación masiva y aglutinante trans-partidaria y multisectorial como imperativo político, bajo el significante vacío “mujer”. Así, en 2016 esta complejidad se dirimió en la conformación de un frente feminista popular:

El acontecimiento del 3 de junio del año pasado fue también la creación de un espacio de hospitalidad generado por la voluntad política y transversal de cientos de miles de personas que quisieron decir “¡Basta!”. (…) Basta de convertir nuestros cuerpos en cosas. (…) Basta de convertirnos en criminales por querer decidir sobre nuestros cuerpos, por querer elegir si queremos tener hijos, cuántos y con quién. (…) Decimos Ni Una Menos frente a toda avanzada de reacción conservadora más allá del signo político del gobierno. Porque si la represión en los tramos finales del Encuentro Nacional de Mujeres fue realizada bajo el gobierno anterior, el cambio electoral nos desprotegió todavía más. Los observatorios que se habían puesto en práctica dejaron de existir y programas que ya existían como el de Salud Sexual y Reproductiva empezaron a ser desguazados. Los contenidos de la ley de Educación Sexual Integral, ley fundamental por la que pedimos el 3 de junio pasado para prevenir la violencia machista, se están modificando para conformar a los sectores más retrógrados. (…) El ajuste y la inflación golpean directamente sobre nuestra capacidad de decir Basta. (…) El disciplinamiento de la protesta social y el encarcelamiento de dirigentes sociales habla claramente de una revancha misógina y racista que nos golpea a todas. A todxs”

19.

Articulaciones hacia la conformación de un frente político

En la segunda convocatoria #NiUnaMenos 2016, en el contexto de gestión de la Alianza Cambiemos, se profundizó el reclamo por la implementación del plan nacional integral contra las violencias, con presupuesto adecuado y la capacitación del poder judicial con perspectiva de género. Al mismo tiempo, se instaló la demanda por las masivas pérdidas de puestos de trabajo desde la asunción a la presidencia de Mauricio Macri en diciembre de 2015, el desmantelamiento de políticas y programas de Estado de la gestión Kirchnerista (2013-2015) y la ausencia de políticas integrales y efectivas para el abordaje de la violencia de género. En este sentido, la gramática identitaria del colectivo abrió el espacio de enunciación de una retórica antipatriarcal hacia la crítica anticapitalista y antineoliberal. Esta reconfiguración de demandas se explica por la emergencia de nuevos actores históricos en la escena política del 2016, ante el riesgo de la captura por gobiernos conservadores-neoliberales.

La apuesta por un feminismo de base popular e internacional contribuyó a tejer redes y alianzas con grupos de México, Perú, Brasil y Uruguay, como acción programática hacia una lucha que visibilice todas las formas de desigualdad por género, clase social, raza, etnia y otras. Asimismo, en 2016 se amplió la problematización respecto de las violencias de género desde el carácter político y económico de la violencia machista, bajo el lema: “Ni una menos por femicidio, por trata, por aborto, por persecución judicial, por despido, por homo, lesbo y trans odio. Con ajuste no hay Ni una menos. La pobreza es violencia”20.

Por ejemplo, la renovada consigna “¡Vivas nos queremos!” evidencia en 2016 un desplazamiento de sentido que va desde la denuncia de la ausencia, la pérdida y el duelo (cristalizadas en el eje revictimizante propio del relato mediático hegemónico que proclama #NiUnaMenos en 2015) al énfasis en el significante flotante “vida” y las trayectorias vitales de las mujeres, con la apuesta de un futuro en el que se abran la posibilidad de vidas dignas de ser vividas. Esto se encuentra expresado en múltiples acepciones del lema, como por ejemplo “libres, autónomas, críticas, solidarias, felices y deseantes nos queremos”, una afirmación que alude a la inclusión de un plural diverso expresado en el “nosotras”, que aglutina y articula colectivamente las diferencias identitarias subalternizadas y los diversos modos de experimentar la vida, la afección, el deseo y la libertad.

Las consignas muestran las articulaciones entre marco de acción -que determina la identidad y su legitimidad- y su forma enunciativa, que construye la identidad discursiva del sujeto enunciador en un contexto determinado. En este sentido, #NiUnaMenos en 2015 se presenta como una forma legítima, dentro de parámetros hegemónicos de lo enunciable, de construir consenso frente a la reacción afectiva de malestar colectivo. Mientras que “Vivas nos queremos!”, en 2016, configura una adscripción a formas alternativas de la acción de autonominarse de quienes la enuncian, en un contexto que busca romper los límites de los consensos hegemónicos sobre la reacción emotiva “victimizante” para asumir posiciones activas y programáticas de organización colectiva feminista. Por otra parte, es de destacar el momento del choque antagónico entre nosotrxs/ellxs, mediante la producción de un significante vacío como “vida” que se conforma en una cadena de equivalencias a partir de una dispersión de elementos que se unifican y que se contrapone a otra cadena de equivalencias.

Para Laclau, el carácter abierto de lo social se deriva precisamente de la imposibilidad de que una fuerza hegemónica pueda fijar completamente el significante vacío “mujeres” o “vida”, lo cual fue disputado por el feminismo en Argentina. Estas consideraciones sirven de fundamento para la conceptualización de las identidades sociales como un acto de poder. Siguiendo al autor, “una identidad objetiva no es un punto homogéneo sino un conjunto articulado de elementos. Pero como esa articulación no es una articulación necesaria, su estructura característica, su ‘esencia’, depende enteramente de aquello que niega”21. La consigna de la primera edición de la marcha simbolizaba la furia, el grito colectivo que expresa que “no queremos que nos arrebaten a otra mujer de la comunidad de mujeres por feminicidios”. En 2016, a esta demanda se articuló la impugnación por las mujeres muertas por aborto clandestino, en su mayoría jóvenes de sectores populares, y a la “desaparición” en democracia por la impune actuación de redes mafiosas de explotación sexual, mientras que los travesticidios adquirieron mayor visibilidad.

Nuevos y viejos actores mediáticos

Si la vieja industria cultural constituía un sistema donde cada medio, actor y lenguaje ocupaba su lugar relativamente definido, en la nueva esfera digital todo tiende a combinarse en entornos multimedia, bajo la denominada convergencia digital. Ésta, implica un cambio tanto en el modo de producción como en el modo de consumo de los medios, para Jenkins “la creación colectiva de significados dentro de la cultura popular está empezando a cambiar (…) los consumidores luchan por el derecho a participar más plenamente en su cultura”22. En este sentido, las prácticas políticas feministas tradicionales - como la creación de volantes y panfletos y las acciones e intervenciones artísticas en la calle- encuentran un pasaje del soporte físico al mundo virtual online, del diálogo cara a cara a la comunicación online, a través de lenguaje oral, escrito y mediante de imágenes (fijas y audiovisuales) en diversas plataformas. La relación de los activismos feministas con las TICs involucra procesos sociales de apropiación tecnológica que configuran tácticas renovadas y estrategias específicas del ciberactivismo y los sentidos sedimentados que las feministas otorgan a sus prácticas.

En este marco, asistimos a una ruptura de las categorías que fundaban el proceso cultural y un desplazamiento desde el consumo a la producción comunicacional, al participar en el control de los contenidos, donde activistas-usuarias terminan por constituirse en parte de ese contenido, de ese mensaje. En este sentido, valiéndose de la estrategia del “ruido” y la “amplificación” que posibilita la hiperconectividad social, #NiUnaMenos logró entrar en la agenda de los medios tradicionales nacionales e internacionales23. En definitiva, se trata de que “el público, con poder gracias a estas nuevas tecnologías, ocupa un espacio en la intersección entre los viejos y los nuevos medios, y exige el derecho a participar en la cultura”24.

Un ejemplo de ello fue la respuesta que se suscitó ante la cobertura del caso de una adolescente de 13 años que fue violada y atropellada en Tandil el domingo 5 de junio de 2016. El diario de tirada nacional Clarín cubrió el caso y publicó en la bajada de la cobertura que “habría sexo consentido”. A las pocas horas de publicada, la noticia se “bajó” y eliminó de la versión digital del diario, tras la ofensiva de denuncias de activistas feministas que proliferaron en redes sociales tras compartirse la nota en los muros, multiplicando la adhesión de comentarios que repudiaban la construcción de la misma. Como plantea Scolari, las acciones y tácticas de acción de la era digital, y sus estrategias de presión social (al modo de Anonymous25) constituyen “el consumo activo, rebelde y contrahegemónico de las mediaciones, donde el usuario a partir de la apropiación de nuevos dispositivos de comunicación ejerce su capacidad para borrar las barreras entre los medios y usuarios y contaminarlos entre sí”26.

El “estar allí”: performances corporales colectivas

#NiUnaMenos emergió como una nueva modalidad de acción política colectiva, en un contexto en que la distancia generacional en el marco de los feminismos se amplía y con ella, los códigos culturales y marcos de referencia para la acción; en tanto que las hiperconectividades mediáticas plantean nuevos paisajes horizontes de acción transnacionales y globales. Estos distintos modos de interconectarse en la esfera on-line y off-line también alimentan la heterogeneidad, elementos que han impactado la forma en que se expresa la diferencia de forma compleja en fenómenos como el de #NiUnaMenos, en tanto haya una demanda colectiva. En este sentido, Judith Butler, en su último ensayo Cuerpos aliados y lucha política amplía su teoría de la performatividad y, en lugar de aceptar la falsa división entre pensamiento y acción, reconoce que las ideas radicales están necesariamente encarnadas en cuerpos en los distintos espacios públicos, privados, cerrados y virtuales. Los cuerpos reunidos en estos espacios ponen en juego significantes políticos más allá del discurso, formas de performatividad corporeizadas y plurales en formas de acción coordinadas cuya condición y propósito es la reconfiguración de la agencia en su modo plural y de algunas prácticas sociales de la resistencia. Los cuerpos en las calles y en las redes sociales solicitan que “se los reconozca, que se los valore, al tiempo que ejercen su derecho a la aparición, su libertad y reclaman una vida vivible”27.

En esta indagación, es fundamental dar cuenta de los espacios creados para la producción de significaciones que cuestionan la naturalidad del orden social patriarcal, para así abrir terrenos de disputa desde la condición expresiva o significante de los cuerpos reunidos y su visibilidad. Esto refiere al doble carácter de la relación entre estructura y acción, donde los sujetos encuentran en el orden social las condiciones de su existencia y, a la vez, operan sobre ellas para consolidarlas o transformarlas. Estas transformaciones son formas propias de intervención que adoptan algunos sujetos sociales, los que mediante su praxis pueden transformar un orden que es siempre contingente.

Como colectivo social, #NiUnaMenos se apropió de las redes de internet y sus aplicaciones y dispositivos, integrando las expresiones escritas, visuales, audiovisuales y performáticas de la cultura digital contemporánea, como estrategia de agenciamiento en las que las imágenes ocuparon un lugar central para la visibilización política y expresiva de significaciones colectivas. En este marco, proliferaron los usos políticos de la consigna con la viralización de selfies de candidatos de partidos políticos portando el cartel con la consigna #NiUnaMenos, al tiempo que lo hacían referentes del mundo deportivo y del espectáculo compartiendo estas imágenes en las redes personales de Facebook y Twitter. Éstas fueron compartidas -en algunos casos- en la página oficial de Facebook #NiUnaMenos Buenos Aires y, a su vez, fueron reproducidas en los programas de la televisión de aire y en diarios de tirada nacional.

A fin de contrarrestar los efectos de su uso político-partidario en el marco de la campaña electoral presidencial, el colectivo organizador lanzó la propuesta #DeLaFotoALaFirma, que apuntaba a la firma de un documento por parte de los candidatos como acto de compromiso político28. La estrategia intentaba disuadir la asimilación de la consigna como mero slogan de marketing político digital en un año de contiendas y debates públicos entre el Kirchnerismo y la Alianza Cambiemos. Así, las imágenes que circularon en internet tanto en la convocatoria al Congreso del 2015 como la marcha hacia Plaza de Mayo en 2016 capturaban performances de arte político, siluetazos, flyers, graffitis y esténciles en las paredes, dramatizaciones públicas, acciones contrainformativas, pegatinas, carteles, afiches y serigrafías, en fotografías digitales tomadas con los celulares como parte de la apuesta ciberactivista de visibilidad de la protesta colectiva.

De este modo, la producción y circulación de imágenes que capturaron las experiencias corporales colectivas se constituyeron en prácticas de visibilidad a partir de la circulación online del registro fotográfico digital. Estas acciones se caracterizan por la producción de imágenes y signos de gran creatividad e imaginación. Tal como indica Silvia Lago Martínez:

En la vida cotidiana los medios electrónicos, la fotografía en la prensa escrita, el cine o la televisión generan imágenes como parte de sus actividades propias de producción, recepción y distribución que operan como formas de acción social. Estas, con fines de protesta y denuncia, son desplegadas también por redes de colectivos y movimientos sociales a través de la radio y la televisión comunitarias, portales en la red, radios por Internet, fotografía y video, arte militante y otras experiencias que centran la actividad en la comunicación y la imagen, integrando las expresiones escritas, visuales y gestuales

29.

Estas experiencias políticas de visibilidad, y las discusiones epistemológicas que apuntan a repensar el estatuto de lo corporal en el entorno tecnológico como prácticas políticas y culturales contemporáneas, son constitutivas de la lucha por desnaturalizar los cuerpos de las mujeres (construidos como propiedad privada o dispositivos de reproducción de la especie humana), como tarea política para que las estructuras dejen de percibirse como inmutables. En este sentido, siguiendo a Butler, la acción conjunta de los cuerpos colectivos es una forma de manifestación impulsada por la precariedad de la vida, consecuencia de la política actual y a su vez, “una performatividad política que sitúa la vida vivible en el primer plano de la política”30. A fin de cuentas, en el cuerpo colectivo anida esa fuerza referencial que llega junto con otros cuerpos a una zona visible para la cobertura mediática. Para Butler son estos cuerpos visibles, unidos colectivamente, los que muestran que viven en unas condiciones en que la vida se ve constantemente amenazada:

Cuando los cuerpos se congregan en la calle o en otros espacios públicos (virtuales incluidos) están ejercitando un derecho plural y performativo a la aparición, un derecho que afirma e instala el cuerpo en medio del campo político, y que, amparándose en su función expresiva y significante, reclaman para el cuerpo condiciones económicas, sociales y políticas que hagan la vida más digna, más vivible

31

Los mensajes que se alzaron en la manifestación visibilizaban en la esfera pública la multiplicidad de afecciones que generan las violencias machistas que las mujeres experimentan en la vida cotidiana en un continuum expresivo concatenado: desde los noviazgos violentos, al acoso callejero, pasando por la objetualización mediática de los cuerpos femeninos, la desigualdad salarial, la precarización de la vida, la ausencia de políticas de Estado, la revictimización y la violencia institucional y el último y más cruento eslabón, el feminicidio. En 2015 y 2016, se hicieron visibles primero en las calles vestidas de coloridos carteles, y luego en las imágenes compartidas en las redes sociales, la pulsión por el “estar allí” que ameritaba el acontecimiento.

Estas formas de lo visible plantean la vinculación de lo público y lo privado, así como nuevas modalidades de resistencias. Como estrategias de agenciamiento, estas prácticas de transfiguración colectiva adquieren sentido “en tanto puede politizar aspectos de la vida cotidiana considerados privados, enmarcándolos en relaciones de poder, a la vez que reformulan los términos de ‘lo político’ al incluirse en la tradicional esfera pública”32, y es replicada en el entorno virtual. Algunas imágenes circuladas en las redes sociales mostraban mujeres expresándose mediante carteles con frases testimoniales: “soy una sobreviviente” o “fui víctima de violencia”. Asimismo, circularon fotografías de familiares y amigos de víctimas de feminicidios que, en pancartas y carteles, mostraban retratos con rostros de las víctimas y sus nombres propios; víctimas cuyos asesinatos no se mediatizaron y que tampoco fueron registrados en las estadísticas elaboradas por la Asociación Civil Marisel Zambrano (el único registro estadístico de femicidios en Argentina hasta el 2015). Estas formas expresivas de experiencias a través de micro-relatos aparecen en la circulación de imágenes digitales (e-image) que, a su vez, muestran el cuerpo de familiares de víctimas en el centro de la escena, portando el retrato de sus hijas, nietas, sobrinas y amigas como víctimas de la violencia machista. Estas imágenes se presentan como tácticas de visibilización de aquello que se ha mantenido oculto o invisibilizado, apelando a una dimensión emotiva. Las fotografías de los familiares de víctimas de feminicidios y de las Madres de Plaza de Mayo (que estuvieron presentes en las convocatorias) reactivó, en este sentido, la memoria de escenas históricas y actores políticos de las luchas sociales de nuestro país. Este legado vivo trajo a cuenta a la memoria y el poder de la solidaridad colectiva para agrietar los centros del poder instituidos y restituir valores éticos de justicia y respeto a la vida.

A modo de conclusiones

Si bien colectivos organizados de mujeres en la Argentina lograron ingresar con el trabajo territorial en sectores populares a lo largo de las últimas tres décadas, los temas de la agenda feminista no irrumpieron masivamente desde los medios tradicionales ni en la agenda pública sino después del 3 de junio de 2015. En #NiUnaMenos, la apuesta por una retórica de alcance popular fue abonada por la experiencia de más de tres décadas de praxis feminista popular que interpeló a un vasto y diverso espectro de mujeres en el país. Una de las acciones para concientizar a la población sobre la complejidad de la problemática de la violencia de género fue el diseño de volantes y flyers para dar a conocer la Ley 26.48533, dando cuenta de las diversas tipificaciones y modalidades de violencia de género (física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, y simbólica). La ciudadanía fue, de este modo, interpelada como público en el proceso político, acercando el ámbito del discurso político a las experiencias cotidianas y los conceptos compartidos de la comunidad. El desarrollo de un lenguaje “común” implicó un reconocimiento al mundo cultural de los/as sujetos/as populares destinatarios de la convocatoria. En este sentido, producir un flyer para circular en internet o un volante para dar a conocer una Ley, implicó el objetivo de interpelar desde el lenguaje la experiencia cotidiana de las mujeres.

Por otra parte, si bien el documento de #NiUnaMenos de 2015 no mencionaba el acoso callejero ni el aborto, fue notorio que muchas mujeres, jóvenes y adolescentes se hicieron de carteles para expresarse sobre estos temas, viralizar y visibilizar en las redes estos mensajes mediante selfies y fotografías. Asimismo, las formas transfiguradas de visibilidad colectiva en #NiUnaMenos habla del quiebre de un largo hábito de subalternidad que ha expropiado a las mujeres de la posibilidad de tomar la palabra pública y hacer visibles sus experiencias situadas, hasta entonces invisibilizadas en el sistema mediático tradicional y deslegitimadas en las instituciones públicas. Durante décadas no hubo espacios para relatos de experiencias de mujeres que sobrevivieron al aborto clandestino o a parejas y exparejas violentas, a excepción de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Estas experiencias se encontraban fuera de los archivos institucionales, ajenas a los discursos legitimadores.

Las sobrevivientes que hablaron en el espacio público online y offline en #NiUnaMenos, alteraron los regímenes de lo visible, enunciable y denunciable. De allí la relevancia que tuvo el discurso y la imagen como materias significantes y testimonios del derecho a existir, a ser visibles, reconocidas, legitimadas. En este marco, la conformación en la era digital de un colectivo feminista como #NiUnaMenos sentó las bases de un modo de organización mediatizado por TICs en Argentina, que demostró que las feministas ejercitan su práctica militante desde la posición social que cada quien ocupa en función de las posibilidades de agencia que ofrece el entorno tecnológico para la visibilidad política. Esto lo que explica, al menos en parte, el fenómeno. En este nuevo panorama político y tecnológico se plantean formas diferenciadas y a la vez articuladas de la tradicional praxis feminista movimientista-histórica (que implica acciones en las calles, performances artístico-políticas y la producción de mensajes en soportes físicos -volantes , afiches, stencils, carteles, graffitis-) en convivencia con un feminismo de corte nativo-digital, cuya praxis se sitúa en y desde la producción y circulación de un lenguaje común, sintético e hipergeneralizador. La gestión de la comunicación instantánea mediada por redes, las influencias como tácticas y la preeminencia de la imagen para la visibilidad política constituyen instancias que merecen ser profundizadas, a fin de conocer las multidimensionalidad constitutiva de los movimientos sociales como #NiUnaMenos.

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1Entendemos como derivas de #NiUnaMenos (2015) las masivas convocatorias públicas y marchas feministas como el Encuentro Nacional de Mujeres de Mar del Plata en octubre de 2015, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25 de noviembre del mismo año, y la segunda edición de #NiUnaMenos del 3 de junio de 2016, el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer el 28 de Mayo de 2016, la marcha nacional “Libertad para Belén” del 3 de agosto de ese año, el “Miércoles negro” del 19 de octubre, el 25 de noviembre, el Encuentros Nacional de Mujeres Rosario en 2016, el “Tetazo,” la marcha convocada en diversos puntos del país el lunes 6 de febrero de 2017 y el 8 M en el marco del Día Internacional de la Mujer realizado el 8 de marzo de 2017 que fue convocada en 57 países, entre otras marchas que confluyeron con posterioridad.

2Esto, en el marco del doctorado en Comunicación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, con el financiamiento de una beca otorgada por la Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina).

3Rossana Reguillo, Zoe Peregrina, Alex Ramírez y Signa_Lab/ITESO, “#WomensMarch: redes y calles. La búsqueda del futuro”, Tercera vía (2017): 2.

4Un hashtag es una cadena de caracteres formada por una o varias palabras concatenadas y precedidas por un numeral. Se usa en redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram para señalar el tema sobre el que gira cierta conversación.

5Raymond Williams, Marxismo y literatura (Barcelona: Ediciones Península, 1988).

6Martín Retamozo, “Orden social, subjetividad y acción colectiva. Notas para el estudio de los movimientos sociales”, Athenea Digital. Revista de Pensamiento e Investigación Social 16 (2009): 112.

7Carlos Scolari, Hipermediaciones. Elementos para una Teoría de la Comunicación Digital Interactiva (Barcelona: Editorial Gedisa, 2008): 193.

8La primera acción que se llamó Ni Una Menos fue la convocatoria vía Facebook a una maratón de lectura organizada a fines de marzo de 2015 por un grupo de activistas feministas, artistas y escritoras, en la Plaza Spivacow de Buenos Aires, junto a los familiares de víctimas de feminicidios como el padre de Wanda Taddei y la mamá de Lola Chomnalez.

9Silvia Lago Martínez, “Internet y cultura digital: la intervención política y militante”, Nómadas 28 (2008):.

10Paula Rodríguez, #NiUnaMenos (Buenos Aires: Editorial Planeta, 2015), 153

11Carmen Haro Barba y Víctor Sampedro Blanco, “Activismo político en Red: del Movimiento por la Vivienda Digna al 15M”, Teknocultura 8, no. 2 (2011).

12Rossana Reguillo, “Identidades culturales y espacio público. Un mapa de los silencios”, Diálogos de la Comunicación 59/60 (2000): 76.

13Henry Jenkins, La cultura de la convergencia de los medios de comunicación, (Barcelona: Paidós, 2008), 209.

14La propia consigna remite, en analogía, a la acuñada en 1995 por Susana Chávez “Ni una más”, y que hacía referencia a la lucha contra los femicidios en México. La escritora y activista que escribiera el poema “Sangre nuestra” en homenaje a una de las tantas mujeres asesinadas, apareció muerta en 2011. De este modo, a su consigna le siguió en adelante “Ni una mujer menos, ni una muerta más”.

15La violencia machista es aquella que se ejerce mediante toda acción, u omisión, dentro del marco de una relación desigual de poder y que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como privado, afecta la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, por el hecho de ser o sentirse mujer.

16Ernesto Laclau, La razón populista (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011), 9.

17Alberto Melucci, “Asumir un compromiso: identidad y movilización en los movimientos sociales”, Zona Abierta 69 (1994): 153.

18Retamozo, “Orden social, subjetividad y acción colectiva”, 12.

19“El grito en común”, documento oficial colectivo, Ni Una Menos, 2016. Consultado en noviembre de 2018, disponible en https://www.facebook.com/notes/ni-una-menos/el-grito-en-com%C3%BAn/482448465279674/.

20Ibídem.

21Ernesto Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución en nuestro tiempo (Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2000), 48-49.

22Henry Jenkins, La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. (Barcelona: Paidós,2008), 15, 28.

23Los diarios y portales de noticias de varias naciones tales como España, Francia, Australia e Inglaterra cubrieron la concentración frente al Congreso de Buenos Aires.

24Jenkins, Ibíd., 28.

25Seudónimo utilizado mundialmente por diferentes grupos e individuos para realizar acciones o publicaciones individuales o concertadas.

26Scolari, Hipermediaciones, 114.

27Judith Butler, Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea (Buenos Aires: Editorial Paidós, 2017), 33.

28Claudia Laudano, “Entre las redes sociales y el #FeminismoLoHizo”, en #NiUnaMenos Vivxs nos queremos, comp. Karina Bidaseca (Buenos Aires: Milena Caserola editora, 2015).

29Lago Martínez, “Internet y cultura digital”, 102.

30Butler, Cuerpos aliados y lucha política, 25.

31Ibíd., 18.

32Claudia Laudano, “Feministas en ‘la red’. Reflexiones en torno a las potencialidades y restricciones de la participación en el ciberespacio”, en Sin feminismos no hay democracia: género y ciencias sociales, comp. Florencia Rovetto y Luciano Fabbri (Rosario: Último Recurso editores, 2016): 47.

33La Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales, que se encuentra vigente desde abril de 2009 en Argentina.

Recibido: 16 de Marzo de 2018; Aprobado: 18 de Mayo de 2018

Sobre la Autora:

María Belén Rosales. Doctoranda en el Laboratorio de Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina). Licenciada en Comunicación Social. Docente especializada en periodismo, comunicación y género. Correo electrónico: mabelen.rosales@gmail.com.

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