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Pléyade (Santiago)

versión impresa ISSN 0718-655Xversión On-line ISSN 0719-3696

Pléyade (Santiago)  no.22 Santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-36962018000200087 

Artículos

Feminismos del Sur. Alusiones / Elusiones / Ilusiones

Southerns Feminisms. Allusions/ Elusions/Ilusions

Marina Alvarado* 

Natalia Fischetti** 

*Investigadora adjunta del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, CONICET (Mendoza, Argentina). Correo electrónico: unodeloscuartos@gmail.com

**Investigadora asistente del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, CONICET (Mendoza, Argentina). Correo electrónico: nfischetti@mendoza-conicet.gob.ar

Resumen:

El texto se juega en una clasificación provisoria para un (in)cierto orden de los feminismos del Sur. Desde la forma en la que se (auto)denominan o se (des)nombran los feminismos, se invita a recorrer y saltar por tres casilleros. En el primero, los feminismos se aluden, se nombran, se distinguen de otros. El segundo casillero elude las denominaciones en los bordes y las desfiguraciones de los nombres. El tercer espacio se abre a poéticas de la ilusión que, desde el arte, dicen de otros modos los feminismos del Sur.

Palabras clave: Feminismos; Teorías feministas; Latinoamérica; Conocimiento situado

Abstract:

The text attempts a provisory classification to provide an (un)certain order for Southern feminisms. Concerned by how feminisms call or (un)name themselves, we propose a journey through three scenarios. The first refers to the feminisms that are alluded by, named, and distinguished to each other. The second scenario eludes the names from (un)certain feminisms that jump over the borders and disfigure the names. The third scenario is open to poetic illusions that, from art, spell otherwise Southern feminisms’ names.

Keywords: Feminisms; Feminist Theories; Latin America; Situated Knowledge

Iniciando el juego

Nos preguntamos de qué formas y sobre cuáles estrategias los feminismos del Sur, en particular, los feminismos de Latinoamérica y el Caribe, han podido desligarse de la dependencia intelectual euronortecentrada para dar cuenta de una producción situada. Los nombres del feminismo aluden, eluden, ilusionan en su potencia, con sus destellos, resonancias y reverberaciones, pero también desde sus apropiaciones y modos de circulación, y por quiénes les leen, repiten y fundan; por los debates abiertos, las polémicas sostenidas y las fruiciones pendulares; incluso allí, cuando ha sido despolitizado, mercantilizado, mediatizado, en sus emergencias, sus desbordes y desmadres, a partir de sus específicas formas de resiliencia y hermandad. Proponemos un juego de palabras que se originan en una pretensión lúdica para la escritura que busca recrear la crítica al neoliberalismo, al colonialismo, la racialización y el patriarcado, casi escabulléndoseles por montarlos a horcajadas. De escondidas y tapa ojos a cuenta de corridas y escondites; de sorpresas, máscaras, descubrimientos, corrimientos y travestismos. Un juego de imágenes y palabras que se alternan con sombras y silencios.

Hacia el 2015, desde Mendoza, Argentina, abrimos la puerta para salir a jugar. Nos conectamos en una zona que dibujamos entre los estudios de género, la filosofía práctica y el pensamiento latinoamericano para darle cuerpo a decires, sentires y quehaceres de los feminismos del Sur. Quisimos organizar una antología que reuniera escritos de pensamientos silenciados y prácticas invisibilizadas. Detenernos en las mujeres intelectuales de América Latina y el Caribe supuso para nosotras una reflexión atenta acerca de qué buscar, por dónde, iluminando qué sombras, advirtiendo qué desechos, para rastrear una genealogía posible en/para Latinoamérica, algunos puntos de partida, quizás otros de fuga, tal vez derivas, apenas (des)encuentros.

Juegos de meninas entre susurros, ahogos y agites. (In)ciertos feminismos latinoamericanos y del Caribe fue el título de la antología que nos propusimos anillar junto a Fabiana Grasselli y Valeria Hasan. Empezamos por delinear un boceto con algunas cercanías. Ese primer juego entre nosotras fue el sendero inicial para tomar nota de un listado de ausentes (¡¿de dónde?!), olvidadas (¡¿por quiénes¡?!), invisibilizadas y silenciadas (¡¿en qué condiciones?!). Balbuceamos nombres de feministas latinoamericanas y caribeñas que no transitan la academia, que no quisieron caminarla, que salieron de ella, que la abandonaron y no pretendieron volver. Han escapado jugando a las escondidas en el mundo del saber regulado y de las instituciones heteronormadas que escenifican una sordera sostenida que ha desautorizado las voces venidas de otros lares, hablando lenguas con las que abortan una universidad que se jacta de traductora e inteligible.

Invitarles a jugar implicó conversar a destiempo en la lejanía. Encontrarnos en la palabra escrita nos empujó a la escucha selectiva en los bordes para (des)ubicar(nos) y, en ese movimiento descentrado, propiciar los tráficos y tránsitos entre ellas, nosotras y con otras. Entre ellas y nosotras se configuraba una genealogía tan precaria como dispersa, tan inestable como intensa, tan propia como extranjera. Voces mujeriles interrumpían, estallaban sus ecos, destellaban efectos, retumbaban para interpelar con ellas.

En ese ir y venir en lo que escuchamos, en ese entrar y salir de lo que oímos, nos volvemos audibles. Entre la palabra, lo dicho y la audibilidad se anudan articulaciones, la práctica de visibilizar esos nudos es una tarea genealógica. Su traza de nudo a nudo hace referencia a filiaciones y pertenencias teóricas y políticas. El contacto entre nosotras implicó caminar junto a otras no con todas1, demarcando una zona que ejecuta, es decir, escenifica -es decir, pone en escena, toca la pieza, juega, teatraliza- esa tarea como feminismos del Sur.

Frente a la amnesia, el olvido y la ausencia, buscamos la preservación, la memoria y los (des)nombres de los feminismos. No hay archivos. No hay repositorios. ¡Articulemos! Nuestras silenciadas nunca silenciosas se sumaron al juego, tensionaron los feminismos con otras tradiciones teóricas y/o políticas, y más que licuarse potenciaron lo que para nosotras nos diferencia como mujeres entre nosotras -muchas, diversas a espaldas de los esencialismos identitarios, bordeando la política de los nombres- ancladas en nuestras experiencias.

Conversadoras, decidoras, voceras, susurrantes, transmisoras, creadoras, emisarias, trabajadoras de las ideas, intelectuales, obreras del pensamiento de América Latina y el Caribe, que jugaron nuestro juego de meninas diciendo sobre/de/desde los feminismos e hicieron espacio a las demandas que se inscriben en la agenda feminista (#NiUnaMenos, #8M

#CampañaNacionalporelDerechoalAbortoLegalSeguroyGratuito) como “asuntos dignos” de debate político y filosófico.

Nosotras sexuadas, situadas, corporeizamos pensares, indagamos y articulamos caminos que nos preceden, jugamos genealogías que ponen en cuestión la invención de la “cuestión femenina” y los “estudios de género”, a partir de experiencias de reconocimiento. Las voces de académicas, pensadoras, intelectuales, activistas, autónomas, radicales e institucionalizadas empiezan a (des)nombrar(se). Desde ese locus de enunciación intensificamos cuerpo a cuerpo la voz de cada una, unas con otras: hacemos cuerpo en (in)ciertos feminismos con Gilda Luongo; microfeminismos o feminismos rapsódicos desde valeria flores; los feminismos comunitarios con Julieta Paredes y Lorena Cabnal; nos reapropiamos de territorios usurpados y saberes extraviados con Delmy Tania Cruz Hernández; feministas contemporáneas, feministas de América Latina y feministas latinoamericanas; las voces de las mujeres de Abya Yala compiladas por Francesca Gargallo; las pioneras, las ideólogas, las tardías trabajadoras del género; las mujeres del sur del Río Bravo según Alejandra Ciriza; el feminismo decolonial en la letra de Yuderkys Espinosa Miñoso u Ochy Curiel; y el feminismo negro o de color en los ecos de María Lugones.

Aludir(nos) desde el nombre

Genealogías feministas (Alejandra Ciriza)

Para Alejandra Ciriza la tarea académico-política es nombrarnos como mujeres del Sur desde las genealogías, la memoria y la política entramadas en el cuerpo, su localización y avatares. Aludir a los nombres de las mujeres y las colectivas que gestaron los movimientos de mujeres, los encuentros de mujeres, en la Argentina y en Mendoza2, y que lucharon por la instalación en el espacio público de las problemáticas de género y feministas, dan forma a la apuesta de reconstruir genealogías feministas. Aún desde la marca de la invisibilización y la ausencia, la tarea es nombrar a las mujeres. Nuestras ancestras han sido borradas de la historia y constituyen un hiato de la memoria social y política y es preciso recuperarlas porque los linajes dan sustento a nuestras luchas actuales, ancladas en quienes nos precedieron en la búsqueda de justicia, igualdad de derechos y reivindicación de las diferencias. “La búsqueda/construcción de genealogías feministas surge de la necesidad de hallar raíces históricas y situadas para nuestras intervenciones teóricas y políticas”3. Esto es así porque para las mujeres del Sur los feminismos han sido más una práctica de resistencia, experiencia de militancia y activismo, que una posición teórico-normativa.

Las genealogías feministas remiten a filiaciones en el mundo de lo público, pertenencias teóricas y políticas, a conexiones entre las mujeres y a sus fugaces momentos de protagonismo en la historia. También supone demandas en torno a las interrupciones y discontinuidades, las asimetrías, los tráficos de ideas, las preguntas por las condiciones en que las teorías traspasan fronteras desde el norte hacia el sur (en sentido inverso al de los cuerpos de las mujeres subalternizadas)4. Las genealogías políticas aluden a esa relación entre lo público y lo privado, al modo como se tramita la inscripción de las demandas feministas en el espacio público.

Ciriza apuesta por el seguimiento de genealogías dispersadas por múltiples derrotas, porque tal como ella advierte, las genealogías feministas tropiezan una y otra vez con:

a. La invisibilización patriarcal de las mujeres, el olvido de los nombres, la pérdida de los linajes matriarcales;

b. La complejidad de las intersecciones de raza y clase que constituyen nuestros cuerpos de mujeres frente a los universalismos abstractos que pretenden designarnos como “la” mujer;

c. La particular trama de dominación y explotación a la que hemos sido sometidas en América Latina, desde la conquista hasta los actuales modos de sujeción teóricos, políticos y económicos de los países del Norte. Las huellas de “los feminismos de nuestras tierras provienen de múltiples raíces, de experiencias diversas, contradictorias entre sí, de los jirones dispersos producidos por la dominación, la expropiación, la conquista, el sometimiento, la servidumbre y esclavitud, el borramiento de las trayectorias y resistencias de los/las nativas”5.

Aún frente a las sospechas de autodesignarse como mujeres (en filosofía) por el doble riesgo de incurrir en esencialismos identitarios y de inscribirse en la economía de la heterosexualidad obligatoria, Ciriza apuesta por tomar la noción de “mujeres” desde el horizonte histórico de la praxis de las feministas,en busca de un suelo de experiencia común6 que sea capaz de procurar todavía sentidos emancipatorios.

Feminismo latinoamericano (Francesca Gargallo)

“Urania Ungo me dijo: ‘Estoy cada día más convencida de que citar es un hecho político. Las feministas latinoamericanas en nuestros escritos no nos citamos a nosotras, recurrimos a la autoridad exterior para justificar nuestro pensamiento. Pero la autoridad es siempre política’.”7.

Las academias latinoamericanas han pensado en términos de sistema de género y han leído en clave occidental, bíblica, platónica. Pudieron, aún así, aferrarse a la racionalidad moderna cartesiana -afianzando la exclusión de las mujeres, descalificando a las feministas y silenciando a las activistas- para producir discursivamente. Desoyeron los relatos orales, deslegitimando ciertas voces como medios de transmisión histórica y desconociendo la condición de mujer antes de la invasión, la condición durante la masacre, luego de la usurpación de los cuerpos y el territorio, así como las condiciones impuestas con la incorporación forzada al mundo occidental.

El problema no reside sólo en los términos en que las academias lo han pensado o lo han leído, o bien han canonizado el relato. Afuera o adentro de la academia, el relato que hemos propiciado en este continente no elabora la muerte de las poblaciones originarias al inicio de la occidentalización de la historia que las (des)nombra. La teoría feminista latinoamericana no sólo evita tener que vérselas con saberes ancestrales y con las lenguas en las que son dichos, sino que además son pocas las mestizas que se reconocen o se adscriben en una historia para nosotras desconocida; en todo caso, se han preferido occidentales más que indias, blancas antes que morenas, genéricamente oprimidas antes que insumisas, rebeldes o miembros de la resistencia.

Con Francesca Gargallo entendemos que la relación entre mujeres indígenas y mujeres feministas en las últimas décadas del siglo XX ha sido de desconocimiento colonialista, subsumida en la colonialidad del saber; una relación de subordinación en la que las elites académicas -aunque feministas- pudieron tener a sus “otras”. Además, muchas mujeres indígenas que llegaban a las metrópolis no sólo se desentendían de sus orígenes, sino que también ejercían la ceguera de la colonialidad del género y la raza entre mujeres y varones mestizos.

Parte de la tarea consiste en deconstruir la occidentalidad del feminismo latinoamericano. Tarea que desmadra, desfonda y desnombra lo que conocemos como feminismo, en tanto que la trama occidental aglomera los bríos emancipatorios de un mundo tecnológicamente moderno y legalista que las primeras olas feministas quisieron alcanzar.

A las feministas latinoamericanas nos caben ciertos compromisos intelectuales: evidenciar los mecanismos que mantienen y reproducen desigualdades y visibilizar los privilegios entre las mujeres blancas y las indias y las negras, entre las heterosexuales y las lesbianas, entre las campesinas y las mujeres rurales y, sobre todo, entre las mujeres que no han sido nombradas entre estas “es”; reconstruir la historia de las ideas en América Latina revisando las claves epistémicas desde donde hacemos historia de las ideas de mujeres con ellas en un contexto histórica, jurídica y culturalmente determinado por la conquista, la esclavización africana, las migraciones europeas y la minorización de los pueblos indígenas:

Una historia de las ideas filosóficas feministas latinoamericanas encarna un doble reto. Implica el reconocimiento de la historicidad de las ideas feministas en un ámbito cultural mayoritariamente occidentalizado, pero no central ni monolítico y, a la vez, la idea de que el feminismo debe situarse como una teoría política de la alteridad, tanto en su etapa emancipadora, cuando las mujeres piden ingresar en condiciones igualitarias en la historia del hombre, como en su etapa de liberación y reivindicación de la diferencia, cuando las mujeres cuestionan y se separan del modelo masculino planteado como universalmente válido

8.

En la actualidad no sólo un feminismo de raíz india sino también un feminismo negro, el feminismo lésbico y de luchas campesinas y populares aportan críticas radicales a la tendencia colonialista del feminismo universitario y militante de inspiración europea o estadounidense.

Feminismo descolonial (Yuderkys Espinosa Miñoso)

Nos revela Yuderkys Espinosa Miñoso:

El nombre es propuesto por primera vez por María Lugones, feminista de origen argentino y residente en los EEUU, quien luego de participar algunos años del movimiento feminista de color en ese país vuelve a América Latina atraída por la política comunal que toma visibilidad con el zapatismo y los múltiples levantamientos indígenas que ocurren en la región a partir de la década de los noventa, e interesada por el repunte del pensamiento latinoamericano que se adviene con el giro decolonial

9

El feminismo descolonial protagoniza un viraje epistemológico que viene nutrido del black feminism, el feminismo de color, el feminismo poscolonial pero también el feminismo materialista francés y del feminismo posestructuralista. Son feministas geopolíticamente asentadas en Abya Yala, de trayectorias y posicionamientos críticos y contrahegemónicos que conversan con producciones de pensadoras y activistas, feministas o no, de descendencia africana, indígena, mestiza popular, campesina, migrantes racializadas, así como aquellas académicas blancas comprometidas con la subalternidad en Latinoamérica y el Caribe.

Frente al feminismo blanco del norte con el que muchos posicionamientos feministas coinciden en la visibilización y denuncia de la situación de subordinación; en la unidad de las mujeres en opresión y/o dominación de género (o sexo); en la aparición del feminismo como movimiento aglutinador de “las mujeres”; en la urgencia de revertir el orden patriarcal, el patriacado universal o bien el sistema de género, el sistema sexo-género; el feminismo descolonial avanza deteniéndose en problemas conocidos para los feminismos aunque proponiendo nuevas entradas para la comprensión de la dominación basada en género/sexo, los privilegios de clase y raza; dudando de los cimientos occidentales, blancos y burgueses que fundan la unidad de las mujeres; revisando críticamente la encarnadura misógina, logofalocentrada, racista y eurocentrada de la modernidad; sospechando de la emancipación y la autonomía que se funda en el progreso por la conquista de los derechos reclamados y reconocidos.

Recuperar el legado crítico de las mujeres y feministas afrodescendientes e indígenas que desde América Latina han planteado el problema de su invisibilidad e inferiorización es uno de los compromisos con los que quiere vernos involucradas.

Feminismos comunitarios (Julieta Paredes, Lorena Cabnal y Delmy Tania Cruz)

Los planteos de lo que viene siendo conocido como feminismo comunitario es creación del pensamiento político feminista en las producciones de la educadora popular maya-xinka guatemalteca Lorena Cabnal, de la acompañante mexicana indígena Delmy Tania Cruz Hernández y de la activista feminista descolonial aymara boliviana Julieta Paredes. El feminismo indígena-comunitario en proceso de construcción epistémica cuenta con mujeres feministas que se animan a pensar desde categorías venidas del feminismo blanco-burgués como, por ejemplo, patriarcado o género, que no han sido parte en sus cosmovisiones fundantes.

Julieta Paredes10 asume el feminismo como lucha de mujeres, pero advierte sobre las formas en las que el feminismo es un nuevo colonialismo si no se trabaja para su descolonización. Señala también las estereotipadas críticas andrógenas contra el pensamiento político de mujeres y denuncia que no se discuten ideas sino que se ataca a las mujeres: feas, lesbianas, aburridas, divorciadas. Cuestiona el lugar del feminismo como pensamiento político de mujeres en las universidades. Distingue los estudios de género de los feminismos y arenga por el reconocimiento del feminismo como filosofía teórica. A partir de ese trayecto inicial, y en los bordes de la academia, alude a su adscripción al feminismo en el reconocimiento de pertenencia colectiva: desde la descolonización de la epistemología, es decir, “el camino de los conocimientos”.

Las formas como pensamos se denominan para nosotras cosmovisión; occidente denomina a sus formas de pensamiento filosofías; la mirada euroccidental jerarquiza entre saberes. En esa estructura de saberes, Paredes piensa los feminismos y las posibilidades de inventar/crear un término que pudiera nombrarlas. Propone en su defecto ocupar la palabra y resignificar su contenido, para que comprenda a las mujeres de cualquier parte del mundo en cualquier tiempo de la historia que lucha, se rebela y propone ante un patriarcado que la oprime o quiere oprimir. Revisa acepciones del patriarcado para pensar las relaciones de género, pues para el feminismo comunitario, es el sistema de opresiones, de dominaciones, de violencias, de explotación que vive la humanidad (mujeres, hombres e intersexuales) y la naturaleza, históricamente construido sobre el cuerpo de las mujeres:

Es desde ahí, desde nuestro cuerpo, que nosotras hemos decidido reflexionar, entre otras cosas, el concepto de territorialidad. Cuando hablamos de territorio, nosotras lo vamos a entender desde el cuerpo nuestro de mujeres para extenderlo a la comprensión del territorio de la comunidad. Comprender el territorio desde nuestro cuerpo es un ejercicio que da otras dimensiones a la política y la enriquece y así hemos conceptualizado lo que llamamos cuerpo- territorio, territorio- cuerpo. En la comunidad afirmamos que las mujeres somos la mitad de cada pueblo y de cada comunidad, la mitad de las luchas y la mitad de las esperanzas del Vivir bien. Es desde esta mitad ninguneada en las propias luchas de nuestro pueblos que hoy se levanta el Feminismo Comunitario para realizar los más preciados sueños de la humanidad

11.

El feminismo comunitario no se lee al margen de la lucha de los pueblos; un feminismo puede indicar desde los cuerpos de las mujeres, puede mirar, soñar y construir una revolución para toda la humanidad y la naturaleza. Las feministas comunitarias no hacen teoría descolonial o poscolonial sino que son descolonizadoras en los procesos, en la acción y los hechos. El feminismo comunitario plantea un proyecto político descolonizador desde las mujeres, para toda la humanidad que no se quiere consecuente con los feminismos euroccidentales. El feminismo comunitario es otro feminismo, desde donde se piensa el entronque patriarcal para distinguir el patriarcado ancestral del patriarcado europeo. Lorena Cabnal12 visibiliza la construcción histórica estructural de su comunidad como patriarcado ancestral y lo acopla al patriarcado colonial occidental, para dar cuenta de cuerpos doblemente pactados con consecuencias opresoras y subyugadoras para las vidas de las mujeres. El colonialismo ha sido la cuna para el racismo que ha sostenido y sostiene al capitalismo, la globalización, el neoliberalismo.

Delmy Tania Cruz Hernández fusiona la militancia feminista y la academia comprometida en un rol con el que se autodesigna: acompañante de procesos sociales y políticos de las mujeres de latinoamérica y el Caribe. Afirma:

No puedo comenzar los argumentos sobre la premisa cuerpo-territorio sin antes situarme. A su vez, situarse es abogar por el lugar de enunciación que implica desnudarse, re-pensarse y definir la subjetividad. Mi lugar de enunciación es la militancia feminista y la academia comprometida, me ubico como sujeto política de conocimiento y acompañante de procesos sociales y políticos en América Latina y el Caribe. Soy mujer latinoamericana

13.

Instala la pregunta respecto de las formas en las que las académicas hemos propiciado políticas extractivistas en investigación para reflexionar, dialogar, escribir, publicar sobre otras sujetas, sobre otros mundos. ¿Quién construye el discurso académico? ¿desde dónde se escribe en la academia? ¿para quiénes han sido desarrolladas determinadas investigaciones? “Lo cierto es que podría decir que la enunciación cuerpo-territorio es una epistemología latinoamericana y caribeña hecha por y desde mujeres de pueblos originarios que viven comunidad; es decir, la articulación cuerpo-territorio pone en el Centro lo comunitario como forma de vida”14.

Eludir(nos) en el nombre

(In)ciertos feminismos (Gilda Luongo)

Gilda Luongo nos invita a viajar sin certezas, sin anticipaciones, sin esquema previo. Viajar, sólo eso, todo eso. Una mochila con lo indispensable y la apertura. Esa sensación de abiertas al mundo, de ser unas con el mundo y lxs otrxs. El brillo en los ojos, la mirada atenta, la sorpresa. Nos extendemos, nos dilatamos en expansiones en un territorio que nos estaba vedado: decir de nosotras, imbricar la vida y la academia. Salir, soltarnos, aventurarnos. Incertezas del feminismo, de (in)ciertos feminismos. Ímpetu/deseo de inventar instancias y estrategias nuevas como feministas. El espacio se abre y nos permitimos cruzar hacia lo que nos estaba prohibido. Fronteras fluidas. Los cruces disciplinares se constituyen en los lugares desencontrados respecto de los cánones disciplinares, estallados por epistemologías alteradoras. Ella se define como nómada en la academia chilena:

La fortuna de asumirse nómada en ámbitos intelectuales y culturales chilenos está conectada, desde mi experiencia profesional, con la posibilidad y la osadía de armar redes de complicidad con otras mujeres interesadas en constituir equipos laboriosos dialógicos. Dichas instancias colectivas y cómplices desde (in)ciertos feminismos, posibilitan enfrentar -a veces de modo fugaz-, los tonos hegemónicos y jerárquicos establecidos como pertinentes o normales. Así, el ímpetu/deseo de inventar instancias y estrategias nuevas como feministas, resulta fundamental como acicate para pensar nuestra labor

15.

Frente a las lógicas productivistas de la academia y del mundo laboral en general, ella se/nos propone movimientos/desplazamientos afirmada en la “conexión de la complicidad sororal” que nos permite a las mujeres trabajar juntas desde lógicas del deseo. Las feministas, afirma, nos reconocemos desde el margen, desde el punto de vista y la conciencia marginales, de la subalternidad de las mujeres (por ejemplo en su desplazamiento hacia la poesía de mujeres mapuche, memorias políticas de resistencia). Políticas de una memoria que concibe el tiempo como aion, memoria encarnada, de subjetividades que no se apegan a identidades fijas ni a “marcas de autenticidad”, sino que se constituyen de encuentros, interconexiones, afectividades y afectaciones de/con/a otrxs: (in)ciertos feminismos que insisten en moverse, que eluden la etiqueta, que inciden desde políticas del borde.

Mujeres rebeldes (mariam pessah)

“Por eso, la rebeldía es hermana y amante de la felicidad, ella habla, opina, se expone y el lenguaje se convierte en tridimensional y emocional.”16 Mariam escribe y activa desde la pasión, la rebeldía y el desacato. Nos invita a intervenir desde la palabra, ocupar los espacios para politizarlos: “¡Mujeres, no esperen que les den la palabra, tómenla, okupen los espacios, hay que autoorganizarse. No pidamos permiso, ¡entremos!”. Desobedecer los mandatos del patriarcado esclerosados en la academia, en la calle, el la habitación.

Con mi grupo Mulheres Rebeldes, teníamos el objetivo de estar en ambos lados, hacer ambas cosas, siempre me pregunté si es posible hacer sin pensar. Tanto como tejer sin respirar. No encontraba más respuesta que esta. En Brasil -país en el que vivo hace 15 años- la educación es tan elitista que levanta muros entre las personas. Entonces las clases más bajas, menos letradas, serían parte de la primera columna -lugar con el que siempre me identifiqué políticamente. De todas formas, yo pensaba que eran posibles los puentes, siempre decía que el hacer y el pensar eran nuestras dos piernas, ambas indispensables para caminar. Pero lo real, es que quien venía a las reuniones de estudio y reflexión, no aparecía en las calles y viceversa. Éramos muy pocas las que estábamos en ese flujo constante. Por suerte mi activismo nunca fue de causa única

17.

La separación entre activistas y académicas nos fija desde el prejuicio, nos inmoviliza. Esta dicotomía, como tantas otras (hombre/mujer, cultura/naturaleza, teoría/acción, sujeto/objeto) se funda en un modo de ser modernos que preasigna nombres y lugares. Las formas dicotómicas de designar son falaces, pero eficientes, para ordenar las palabras y las cosas, eficaces para cosificar(nos) también. Las feministas recaemos en la trampa moderno-racional-patriarcal toda vez que aplicamos un sistema de medición con estándares del “feminismo correcto”. Mariam nos invita a fluir hasta que los polos se revelan como meramente aparentes y el feminismo desborda los cauces para empapar todo lo que lo rodea.

Feminismos rapsódicos (valeria flores)

Dice valeria flores:

No obstante, hay que reconocer que ciertas perspectivas feministas adquieren mayor luminosidad que otras, y en los desechos de esta proyección moran otros microfeminismos que no buscan prescribir nuevos modelos de comportamiento ni digitar qué prácticas prohibir, ni qué conductas impugnar, ni qué fantasías vedar, ni qué formas de coger legitimar, ni qué sujetos anatómicamente aptos autorizar para la lucha. Son feminismos rapsódicos, de coexistencia tensa e interrogativa de muchas lenguas y cuerpos, -sin aspiraciones de coherencia-, que con sus prácticas constituyen una apertura de posibilidades para cambiar la propia vida y re-pensar las prácticas emancipatorias

18.

Cómo hablar “de” valeria flores “prescindiendo de ventrílocuas al confiar en nuestra propia voz, desertando de hablar ‘de’ y ‘por’ las otras”19, cómo hablar de vale flores sin aprender con ella a escribir(nxs) otra vez de nuevo. Desde val flores habla una voz en minúsculas, precaria, finita, perenne. En cada enunciación muta, se transforma, despliega, apertura. No es un yo el que habla sino más bien las sujeciones que le expulsan del orden que rechaza -heteronormativo, homonormativo, patriarcal, racista- y, sin embargo, se anuncia en las lenguas del feminismo por fuera de la representación:

Habito el feminismo como desborde de los límites, como una práctica que continuamente se interroga a sí misma y nunca deja de preguntarse por su relación con la pauta dominante, trazando una experiencia incesante alrededor de una poética que desestabilice la semiótica del poder institucional. Escribir, en este sentido, es una operación política para hacer habitable nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros deseos, estallando los cerrojos semánticos, rasgando las sintaxis ortodoxas de la significación, alojando en la escritura las ficciones que vuelvan vivible este mundo, el de los cuerpos de carne y letra

20.

Licuándose la pregunta por la quién, que hacen añicos las políticas de los nombres, se trasvisten los bordes de los feminismos en la desobediencia corporal como plataforma política. El cuerpo aparece como texto, letra que perfomatea lo que queda por decir en la escritura. La palabra cobra hondura política, la escritura es práctica activista de desmontaje poético.

Ilusiones: poéticas del nombre

Julia Antivilo indica que “El activismo feminista, en sus relaciones conscientes e inconscientes de producción de arte político, se ha constituido en un objeto cultural que desafía creativa, festiva y lúdicamente la cultura patriarcal”21. En la visibilización de estas articulaciones, restituimos la escritura como espacio de (e)anunciación para encontrarnos hacia el 2017 en un Seminario de Posgrado. Feminismos del Sur: Experiencias, Narrativas y Activismos fue el espacio virtual que compartimos con mujeres de Latinoamérica. Diseñado para la Cátedra Estudios sobre Movimientos y Luchas Populares Berta Cáceres, del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, la propuesta quiso abrir un camino para recorrer trayectos de producciones que se encontraran en los márgenes, en el espacio fronterizo del activismo y la academia, habilitando de este modo un trayecto de escritura de las propias experiencias, testimonios y narrativas en torno a temas que nos preocupan y ocupan a las mujeres en nuestra región: la violencia machista, los femicidios, feminicidios y femicidios vinculares, los derechos sexuales y reproductivos, la maternidad obligatoria, el aborto no punible, las formas no sexistas de decir, la toma de la palabra, la división sexual del trabajo, el sistema sexo-género.

El gesto que sostuvimos (junto a Claudia Anzorena, Valeria Hasan y Fabiana Grasselli) insistía en mantener el contacto en la zona, invitando a otrxs a viajar, nomadear, traficar, migrar, habitar colectivamente. Inauguramos una frontera de coformación, desde el ámbito académico tanto como desde los movimientos feministas, los colectivos y organizaciones en registros disidentes para sistematizar prácticas-teóricas no aptas para el discurso científico -legitimado como universal, neutro y descorporizado aunque andronorteurocentrado-.

En iconografías sobre las luchas de las mujeres de Latinoamérica y el Caribe registramos producciones artísticas, intervenciones, performances de las mujeres en la calle, como formas alternativas de modular los nombres del feminismo en voces y silencios, recuerdos y memorias, presencias y ausencias fuera del canon, en los confines del archivo, en poéticas de otros mundos posibles.

Performances, grafitis, intervenciones, protestas creativas en las calles, en las plazas, en los subtes, en las paredes de nuestra Latinoamérica, hacen del arte feminista latinoamericano un campo de experiencias políticas de mujeres en franca lucha contra la violencia patriarcal. Las mujeres somos protagonistas de nuevas historias del arte, abriendo fisuras entre lo privado y lo público, expresando, participando, denunciando, desmontando, subvirtiendo y también reparando y restaurando heridas. Cuerpos políticos/políticas de las cuerpas que en múltiples colectivos de arte feminista conforman en Latinoamérica espacios de irreverencia y subversión.

La teoría feminista es política y también poética. Los espacios privados y públicos se ven afectados por narrativas, prácticas y visualidades: artivismos que expresan de otros modos a los feminismos, ilusionando con otras formas de decir y anunciar, de movilizar. El arte feminista que se expresa de manera comunitaria se abre en espacios de producción y creación colectiva, involucrando conocimientos técnicos y académicos, pero sobre todo saberes de la cultura popular. Estas experiencias y prácticas hacen a la lucha de las mujeres latinoamericanas. Se trata de una apertura de los sentidos, de una invitación a mirar, escuchar, sentir. También a cantar y bailar. Hay aquí una apuesta por el cuerpo propio que se pone en parangón con el cuerpo social de las mujeres, cuerpos que ocupan el espacio público buscando deconstruir y subvertir las normas, modelos y estéticas patriarcales y mercantiles, para crear otras visualidades y autorrepresentaciones de las mujeres.

Sin final de juego

En estos tránsitos pudimos encontrar las maneras de interpelar e interrumpir no sólo al pensamiento feminista local, sino a las formas conocidas de enseñar-aprender y nombrar-desnombrar nuestros feminismos, intentando dilatar la respuesta a la pregunta por el conocimiento puramente teórico y académico. En contraposición con la tradicional concepción moderna del conocimiento claro y distinto, y del pensar por conceptos y abstracciones, hacemos aquí referencia al cuerpo y al territorio desde metáforas y analogías que se esconden de las totalizaciones y las universalizaciones, hacia una historia posible en las marcas de clase, etnia, raza, género, como experiencias de pensamiento y narrativas de experiencias de las (re)productoras de los feminismos de Latinoamérica y el Caribe.

Los nombres aparecen, los buscamos, los visibilizamos, les leemos, adscribimos, nos lo contamos y justo ahí, nos desnombran y se desligan, desanudan, se esconden, no desean ser dichos en el corset que cuelga del closet. También porque nombre resuena como hombre, algunos feminismos a veces los esquivan, los (a)saltan, los manchan, los engañan, les blasfeman, los sobrevuelan o transmutan para adoptar otros lenguajes, otras maneras de decir, hacer y estar juntxs. Jugamos a alusiones, elusiones e ilusiones, todas derivadas de acciones lúdicas descaradas: ludere, eludere, alludere, ludus, illusio-ionis.

Aludir, decir sin hacerlo expresamente, sin fijar, sin determinar, sin momificar. Eludir, esquivar prejuicios y juicios; evadir desafiantes las imposiciones, las violencias que buscan encasillarnos; escapar a las etiquetas y títulos enmarcados. Ilusionar(nos) en colores y sonidos de esperanza, en poéticas de otros mundos posibles, en la danza y la jovialidad del disfraz. Tres palabras/juegos para nombrar(nos) y (des)nombrar desde el deseo, en el cuerpo, desde el territorio, entre nosotrxs, aquí en el sur, desde Latinoamérica, en el Centro Científico y Tecnológico de Investigación de la provincia de Mendoza, Argentina. Con estos casilleros, hemos buscado visibilizar las posibles articulaciones que dan cuenta de las condiciones de producción, de circulación, tránsito y tráfico de pensares, sentires y quehaceres capaces de cuestionar categorizaciones y desandar clasificaciones hegemónicas.

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1Mariana Alvarado, “Epistemologías feministas latinoamericanas: un cruce en el camino junto -a- otras pero no -junta a- todas”, Religación. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades 1, no. 3 (2016).

2Alejandra Ciriza, “Militancia y academia: una genealogía fronteriza.: estudios feministas, de género y mujeres en Mendoza”, Descentrada 1, no. 1 (2017).

3Alejandra Ciriza, “Construir genealogías feministas desde el Sur: encrucijadas y tensiones”, Millcayac 2, no. 3 (2015): 85

4Alejandra Ciriza, “Perspectivas feministas desde América Latina: habitar/migrar/tomar la palabra desde el Sur”, Feminaria 17 (2009).

5Ciriza, “Construir genealogías feministas”, 99-100.

6Alejandra Ciriza, “Mujeres del sur en filosofía. Notas para una lectura crítica del canon filosófico”, Solar 12, no. 1 (2016).

7Francesca Gargallo, Las ideas feministas latinoamericanas (Bogotá: Ediciones Desde abajo, 2004), 18.

8Ibíd., 25.

9Yuderkys Espinosa Miñoso, “De por qué es necesario un feminismo descolonial: Diferenciación, dominación co-constitutiva de la modernidad occidental y el fin de la política de identidad”, Solar 12, no. 1 (2016): 150.

10Julieta Paredes, Comunidad Mujeres Creando Comunidad, Hilando fino. Desde el feminismo comunitario (Monterrey: Cooperativa el Rebozo, Zapateándole, Lente Flotante, En cortito que's pa largo y AliFem AC, 2014).

11Julieta Paredes,“Las trampas de la academia. A propósito de la reflexión sobre feminismo comunitario, comunidad y comunalidad” (manuscrito inédito).

12Lorena Cabnal, “Feminismo Comunitario”, entrevista en el programa Palabra de Mujer, canal UCR, 2014. Consultado en diciembre de 2017, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=lItk0ieb1yM.

13Delmy Tania Cruz, “Una mirada muy otra a los territorios-cuerpos femeninos”, Solar 12, no. 1 (2016): 37.

14Ibíd., 43.

15Gilda Luongo, “Desplazamientos: escrituras/diferencia sexual/memoria/política” (manuscrito inédito).

16Mariam Pessah, “La preciosidad de la palabra escrita. O...de huellas y pasos que combaten la invisibilidad herstórica”, Solar 12, no.1 (2016): 102.

17Mariam Pessah, “¿Es posible dejar de ser activista?” (manuscrito inédito).

18valeria flores, “Con los excrementos de la luz. Interrogantes para una insurgencia sexo-política disidente”, presentacion en el panel Legislaciones estatales y disidencias sexuales, 2015. Consultado en julio de 2018, disponible en http://escritoshereticos.blogspot.com.ar/2015/09/con-los-excrementos-de-la-luz.html?view=flipcard.

19valeria flores, “Éxtasis, perturbación e ironía: una poética feminista disidente”. Consultado en julio de 2018, disponible en http://escritoshereticos.blogspot.com/2010/09/extasis-perturbacion-e-ironia-una.html.

20valeria flores, “El temor de la escritura: la carroña feminista” Panel IV Circuito de disidencia sexual (2014)

21Julia Antivilo, “Arte feminista latinoamericano. Rupturas de un arte político en la producción visual”, tesis para optar al grado de doctora en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile (2013), 96. Consultado en febrero de 2018, disponible en http://repositorio.uchile.cl/handle/2250/114336.

Financiamiento: Artículo originado a partir del proyecto de investigación “Feminismos del Sur. Experiencias y narrativas contemporáneas en la frontera academia/activismos”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva del Gobierno de la Nación, 2017-2019 (PICT 2016-0590 FONCYT MINCYT).

Recibido: 03 de Abril de 2018; Aprobado: 19 de Junio de 2018

Sobre los Autores. Mariana Alvarado. Investigadora adjunta del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, CONYCET (Mendoza, Argentina). Doctora en Filosofía. Especialista en Constructivismo y Educación de FLACSO y Diplomada en Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Cuyo. Profesora de Grado Universitario en Filosofía por la misma Universidad. Desarrolla su quehacer investigativo en la frontera discursiva que vincula epistemologías feministas e historia de las ideas en Nuestra América. Actualmente dirige el PICT 2016/0590 MINCYT / FONCYT Feminismos del Sur. Experiencias y narrativas contemporáneas en la frontera academia/activismos. Forma parte del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Filosofía y del Instituto de Estudios de Género y Estudios de la Mujer de la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza. Entre sus varias publicaciones, es editora junto a Alejandro De Oto de Metodologías en contexto. Intervenciones en perspectiva feminista/poscolonial/latinoamericana (CLACSO, 2017). Junto a Adriana Arpini ha compilado Filosofía y Educación en nuestra América (2014); Políticas, escuelas, infancias (2011) y Experiencia y pensamiento (2006). Correo electrónico: unodeloscuartos@gmail.com Sobre la Autora: Natalia Fischetti. Investigadora asistente del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales, CONYCET (Mendoza, Argentina). Doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, Magíster en Metodología de la Investigación Científica por la Universidad Nacional de Lanús y Profesora en Filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo. Es docente de posgrado de cursos de epistemología y metodología de la investigación. Es miembro del Equipo responsable del proyecto Feminismos del Sur. Experiencias y narrativas contemporáneas en la frontera academia/activismos (PICT 2016/0590), 2017-2019. En el marco de la carrera de investigación desarrolla el proyecto “Modos de producción del conocimiento. Perspectivas críticas y feministas de la epistemología, la tecnología y la metodología en el pensamiento latinoamericano contemporáneo”, cuyo objetivo consiste en indagar en alternativas y ampliaciones teórico-metodológicas al disciplinamiento y la normalización en la producción de saberes en Latinoamérica. Correo electrónico: nfischetti@mendoza-conicet.gob.ar

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