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Estudios internacionales (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.47 no.181 Santiago ago. 2015

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2015.36843 

RESEÑAS

 

El Dante árabe. La arquitectura musulmana de la Divina Comedia

 

Eugenio Chahuán, Ricardo H. Elía. Ediciones Copygraph y Centro de Estudios Árabes, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Santiago, Chile, 2014. 465 pp.

La Commedia del Dante ha sido con razón considerada uno de los monumentos imperecederos de la cultura occidental. Magistralmente escrita en los albores de la lengua toscana, cimiento del moderno italiano, no solamente representa una adición al acervo poético universal, sino que es un compendio de nociones políticas, teológicas y filosóficas propias de la Europa del siglo XIV. Refleja, por ejemplo, la tensión entre el Papado y el Imperio, que marcó la vida social de Italia e influyó en el destino personal del Dante, exiliado por pertenecer a una de las facciones güelfas que perdió el control de su Florencia natal.

En escritos previos a la Divina Comedia, especialmente en De vulgari eloquentia, el Convivio y la Vida Nueva, Dante había expresado parte de su ideario estético y filosófico. Pero es en el tratado De la Monarquía donde se explaya sobre la misión divina del Imperio, concebido como aquella institución terrenal que puede asegurar la concordia entre las gentes, mantener la justicia y la paz, y permitir a la Iglesia centrarse en su tarea de salvaguardar la vida eterna. Así, el paraíso y la felicidad terrenales serían posibles por esa ordenación universal del Imperio. La felicidad celestial y su paraíso serían cometido de la Iglesia. Hay que recordar que la Iglesia del Dante es el Papado, esto es, el Obispado de Roma, elevado a la categoría de Iglesia Católica Universal de sello latino.

El Imperio Romano sobrevive en Bizancio y la Iglesia griega no es, como la romana, un Estado secular necesitado de protección armada y poder bélico. Es esta situación de indefensión la que lleva al Papado a reconstituir una sombra del Imperio de Occidente al coronar a Carlomagno emperador en el año 800. El poderoso rey de los francos brindará protección y será, en cierta forma, sutil vasallo del Papa. Es bien sabido que la "querella de las investiduras", en el siglo XI, enfrentó a dos grandes personalidades, el Papa Gregorio VII y el emperador Enrique IV. Este debió humillarse en Canossa para no ser excomulgado y la Iglesia ganó, al menos temporalmente, poder e influencia. Aunque ambos protagonistas de esa historia murieron desengañados y abandonados, la tensión que ilustra el episodio marca definitivamente el ideario y la vida del prerrenacimiento italiano, la época del Dante.

Quizá no fuera necesario conocer la vida social y política de la época si no fuera porque la Divina Comedia abunda en alusiones a personas y circunstancias reales. Asimismo, si no reiterara, en clave alegórica, muchas de las ideas políticas, teológicas y filosóficas que el poeta expresara en sus obras anteriores, algunas de las cuales dejó inconclusas.

Junto al trasfondo social y político, lo que ha interesado a los estudiosos es la densa armazón alegórica y la escatología que se adivina en la composición inmortal. Como se sabe, la obra relata en primera persona el viaje del poeta -que empieza en la "mitad del camino" de su vida- al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso. En potentes tercetos endecasílabos que, al decir de los entendidos, adquieren la tonalidad del sitio que describen (ásperos en el Infierno, dulces en el Paraíso), y con rimas inspiradas, el poeta es acompañado por Virgilio en el viaje al Infierno y al Purgatorio, y por Beatriz, personificación de la beatitud y la belleza celestial, en el Paraíso, aunque en las últimas etapas de este, al acercarse al Empíreo, es acompañado por Bernardo de Clairvaux, quien puede explicar los profundos arcanos de la visión beatífica y, sobre todo, ese juego sublime de armonías, sonidos y luces que rodean a los misterios cristianos como la Trinidad y la omnisciencia divina.

La lectura del poema brinda tantas posibilidades interpretativas que se ha convertido en uno de los textos fundamentales de la poesía universal. Ante todo, se destaca su carácter de texto que exalta la cosmovisión cristiana de la vida espiritual y la creencia mediante las concretas y sugerentes imágenes que propone. Sin duda alguna, la Divina Comedia contiene un ideario político, una fundamentación teológica y una reflexión filosófica que ha desafiado a los más agudos ingenios que la han gozado y estudiado.

El libro que publican los profesores Eugenio Chahuán y Ricardo H. Elía aporta una dimensión que en algunos círculos ha sido ignorada. Inspirados por intereses nacionalistas, muchos expertos italianos la han combatido y en círculos cada vez más numerosos se la acepta y enriquece. Se trata de la tesis, enunciada en 1919 por el jesuita Miguel Asín Palacios, de que la escatología islámica ha dictado muchas de las imágenes y conceptos de la obra inmortal. Lejos de significar ello merma o detrimento de la inspiración del Dante, debe verse como una muestra más de los infinitos caminos de la cultura. El Islam representó una enorme ecúmene cultural que agrupó a pueblos y regiones de gran diversidad. No solamente fueron los árabes traductores y mensajeros de la cultura grecolatina clásica. Aportaron un caudal de nociones y particularidades científicas o estéticas que enriquecieron el patrimonio cultural de toda la humanidad.

El libro muestra y analiza las numerosas concordancias entre el poema y el ideario filosófico y teológico del Islam. Asín Palacios fue objeto de ácidas críticas y encendió una polémica cuyas raíces pueden retrotraerse al prejuicio, al nacionalismo y a la ignorancia. En ediciones posteriores, él mismo hizo un balance de lo que aportaban detractores y sostenedores de su propuesta.

En esta obra, los autores no solamente resumen y actualizan los términos de la controversia. Recuerdan que hacia 1919, Asín aún no conocía el texto La escala de Mahoma, tan importante en el universo escatológico musulmán, que narra el viaje nocturno del Profeta y su peregrinación a los cielos. Los paralelos entre los textos islámicos y las nociones de autores como Ibn Arabi, también copiosamente citado por varios estudiosos, con lo escrito por el Dante son irrefutables. Llegan a temas como la inexistencia del Purgatorio en la doctrina eclesial de la época del Dante y, por lo tanto, su idea debió surgir de las fuentes islámicas. Sorprenden las citas frecuentes de Ibn Rushd (Averroes) y el conocimiento profundo de las fuentes islámicas respecto de imágenes y conceptos. También el aprecio que Dante siente por algunos averroístas como Siger de Brabante, condenado por la curia papal, y por autores del ámbito árabe.

La crítica debe considerar las formas de difusión de las ideas; el desplazamiento de libros y traducciones; sopesar en qué medida el conocimiento de Dante sobre la literatura y las tradiciones islámicas pudieron influir en sus creaciones, y analizar el impacto de la escatología musulmana sobre la Weltanschauung cristiana. Legión son los trabajos que amplían y profundizan la tesis central de Asín Palacios, y este libro es una adecuada compilación de los más importantes, con extensas citas en algunos casos.

El campo de la investigación histórica hace ya tiempo que se desplazó de los acontecimientos a las mentalidades. El escenario político internacional y nacional, hoy día no puede brindar una adecuada comprensión de lo que fue el Occidente cristiano de hace unos siglos. Pero es sobre todo en las creaciones culturales donde cabe buscar claves de interpretación, que debieran permitir valorar lo que significan los niveles de pertenencia humana: a la familia, al grupo, a la nación, a la humanidad.

Especialmente en los últimos decenios, la opinión pública mundial, aleccionada a veces por periodistas ignaros, tiende a identificar al Islam con el terrorismo. Libros como este despejan, sin duda, confusiones, aunque no resuelvan los problemas de una frondosa diversidad en el seno de los grupos musulmanes. Un aporte significativo a la historia cultural.

 

Por Fernando Lolas Stepke

Instituto de Estudios Internacionales, Chile.

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