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Estudios internacionales (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.47 no.182 Santiago set. 2015

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2015.37891 

RESEÑAS

 

Historia de las relaciones comerciales formativas de Chile con Perú. Orígenes coloniales y alborada de la Independencia

 

Eduardo Téllez y Germán Alburquerque (editores) Santiago, Centro de Estudios Históricos y Observatorio Regional de Paz y Seguridad, Universidad Bernardo O'Higgins, 2015. 142 págs.

Con motivo de la celebración de los 25 años de su fundación, la universidad chilena Bernardo O'Higgins (UBO) ha editado esta obra de 142 páginas y de cuidado diseño, bajo la dirección de los historiadores Eduardo Téllez y Germán Alburquerque. El libro consta de dos partes principales: la primera es un estudio, «La conformación del tejido comercial chileno-peruano», a cargo de cuatro historiadores peruanos y tres chilenos, estos últimos, todos de la UBO; la segunda parte, «Relaciones de madurez. El siglo XVIII y algo más», es una colección de artículos de tres historiadores chilenos y del rector de la universidad.

El libro, que abarca explícitamente las relaciones comerciales, aunque no solo esas, del Virreinato de Lima y del Reino de Chile, desde sus inicios hasta fines del período colonial, es parte de un proyecto más amplio, del mismo equipo de autores, que espera cubrir hasta la independencia de ambos territorios. El marco analítico o contexto integral del libro, y posiblemente de todo el proyecto, resulta explicitado en el primer artículo de la segunda parte, titulado «La economía de la capitanía general de Chile y el 'eje Lima-Callao'...», que tal vez pudo haber ido como introducción general.

La nueva obra lanzada por la UBO comienza afirmando que, hacia fines del siglo XVIII, un virrey del Perú dijo que este «no existiría sin Chile». La tesis que se intenta probar es —dice— la inversa: «Chile es el que no hubiera existido sin el Perú en las dos primeras centurias de la dominación íbera». Creemos, sin embargo, que lo que queda cabal y debidamente probado es la mutua, temprana y fuerte dependencia entre las dos naciones, y no solo en lo comercial, sino también en otros ámbitos.

Aunque los editores afirman, probablemente con la intención de aumentar la circulación o atractivo de la obra, que esta va dirigida «a un público no especializado», se trata de un trabajo académico. Apoyan esta impresión, por ejemplo, las ¡15 páginas! de minuciosas notas al primer artículo1; la inclusión de un elaborado protocolo de abreviaturas y citas; el uso de tecnicismos no definidos en el texto, tales como almojarifazgos, alcabala, sexmo por el mitayo nativo, o comercio intérlope, y, desde luego, la lamentable ausencia de mapas, prescindibles para los expertos, de las rutas marítimas y puertos aludidos en la obra. Cabe mencionar además que el libro, principalmente su primer estudio, está escrito en una prosa clara y cuidada, lo cual es muy destacable actualmente, en que dicho rasgo ya no es usual ni aún en las publicaciones académicas.

Por su parte, el público no especializado apreciará que esta Historia de las relaciones comerciales es de ágil y grata lectura. Es más, los editores indican que actualizaron la ortografía y estilo de las fuentes consultadas, «con algunas salvedades», muy bienvenidas por lo demás, para locuciones «provistas de mucho gracejo y poder expresivo».

El primer estudio expone con amenidad materias anexas al comercio chileno-peruano propiamente tal: la constitución de Valparaíso como puerto de Santiago del Nuevo Extremo, y la de otros hitos de la comunicación marítima con el norte, como La Serena. Así también destacan otras decisiones y esfuerzos estratégicos y administrativos de don Pedro de Valdivia. Notable resulta una descripción del Reino de Chile originario; los documentos que el texto transcribe e incluye sombreados en gris, y unos párrafos alusivos al carácter chileno ya en sus remotos comienzos y que sigue tan vigente, si no más, hoy como entonces, pese a todo el tiempo y las circunstancias transcurridas.

Puesto que se refiere al comercio, justo es ocuparse del contenido económico de la obra. En este sentido, se agradecen las estimaciones, cuantificaciones y descripciones de flujos y volúmenes, la reseña de modalidades de pagos e intercambios, y otros pormenores similares. Por ahí se concluye que «Nueva Extremadura constituía —según se dice ahora— un mercado de futuros». Si bien todos entendemos lo que los autores han querido expresar, puede no estar demás comentar que, en economía, un «mercado de futuros» no es exactamente lo que allí se considera tal2. Las referencias económicas en el texto, si desde un principio este era para no especialistas, debieron explicar, al menos brevemente, conceptos que aquellos no manejan habitualmente, como agiotistas, estanco, términos de intercambio o señoreaje. Esto es tanto más cierto para una decena de vocablos que inexplicablemente se incluyen en inglés —peak, average, performance, and so on—, toda vez que el castellano (español, como se dice ahora) tiene no solo una, sino dos o más palabras corrientes para todos los vocablos en cuestión. Es verdad que estos se usaron muy pocas veces, pero no contribuyen a la formación económica del lector promedio.

A lo largo de toda la obra que comentamos se advierte la variedad extraordinaria de mercancías que «Chili» enviaba al «Pirú», y no solamente de origen agropecuario. Acostumbrados como estamos los chilenos a pensar, por alguna razón, en nuestro país (al que el libro se refiere como «el pingüe y rico reino»), como pequeño y de pocos recursos, el detalle de esa variedad nos resulta pasmoso. Los productos que el poderoso virreinato mandaba a Chile, en cambio, eran bastante más acotados (armas y herrajes, primero; herramientas, pólvora y municiones, ganado, semillas y salitre, entre otros ítems, más tarde).

Naturalmente, las cosas no eran siempre miel sobre hojuelas, y la Historia de las relaciones comerciales formativas... se extiende sobre varias razones para ello. Primero, las que podríamos considerar propias de nuestro lejano y geográficamente aislado país: su intercambio con los otros virreinatos, específicamente con el de Lima, era «a precios prohibitivos debido a las distancias..., los riesgos..., la estrechez de la oferta y el sobreprecio introducido por los importadores del Callao... Pero más que nada, por el lucro desmedido ante un mercado cautivo, Chile estaba condenado a pagar bien».

La segunda parte de esta Historia de las relaciones comerciales... explicita que estas no estaban exentas de conflictos, unos de difícil conciliación y otros que se prolongarían en el tiempo, con consecuencias que todos conocemos.

Pero de los conflictos pueden salir cosas positivas; así, la obra relata que en el siglo XVIII, por ejemplo, «la rivalidad chileno-peruana también se manifestó en la creación de dos instituciones en Santiago, una casa de moneda y el consulado», y acompaña interesantes pasajes sobre tal creación, las dificultades que afrontó, las consecuencias económicas y comerciales que tuvo y las que estas, a su vez, conllevarían para la estructura social de nuestro país.

Con todo esto, a los lectores de este trabajo histórico nos queda palmariamente claro que «las tratativas comerciales que ligaban a Perú con Chile comenzaron, pues, mucho antes de echarse a andar su conquista» (la de Chile). Y que dichas tratativas, como el mismo trabajo evidencia, estaban lejos de ser solo comerciales. En efecto, para mantenerlas y para defender esa ligazón, el libro refiere cómo el virreinato y la gobernación austral apuntalaron todo lo que entonces fue su interés común de tipo geoestratégico. El sistema defensivo chileno cubría también, o mejor dicho, sobre todo, al virreinato, y este extendía su apoyo financiero y logístico a una gobernación permanentemente en armas contra ataques tanto externos (los de potencias extranjeras que intentaban penetrar el Pacífico Sur) como de sus fieros indígenas.

La Historia de las relaciones comerciales... constituye un documento versado y novedoso sobre «un período algo desatendido por la historiografía iberoamericana, que suele centrarse más en la lucha por la independencia». En el logro de ese objeto de estudio, la obra suscita al menos dos reflexiones o, si se quiere, hace dos contribuciones particularmente oportunas en los tiempos que corren: una atañe exclusivamente a nuestro país, donde el período en referencia está más que desatendido. El traerlo a colación, entonces, vuelve aún más irritante el hecho de que desde hace un tiempo los medios de comunicación se empeñan en hacernos creer que en 1810 Chile emergió súbitamente y de la nada, desconociendo así los decisivos trescientos años anteriores. El otro aporte, que incumbe tanto a Chile como al Perú, es mostrar objetivamente la mutua, fuerte y permanente dependencia entre ambos. No parece exagerado pensar que dicha dependencia fue, durante los siglos del estudio, estructural, y que lo siga siendo hoy y siempre en muchos sentidos. Ello, por cierto, debería impulsar a ambos países a actuar en consecuencia.

 

Por María Victoria Castillo

Economista

 

Notas

1 Y que ojalá hubieran ido al pie de la página correspondiente y no al final del texto, donde es más fácil ignorarlas, lo cual es una lástima cuando, por ejemplo, son tan sabrosas como la relativa a Encina y Barros Arana.

2 Bolsa mercantil de contratos sobre productos agropecuarios, con precios fijados en el presente, para recepción o entrega del producto en una fecha futura.


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