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Estudios internacionales (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.48 no.183 Santiago ene. 2016

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2016.39880 

ARTICULOS

 

"Emotivistas" bolivianos en la relación diplomática entre Bolivia y Chile en torno a la mediterraneidad1

 

Bolivian "Emotivists" in the diplomatic relation between Bolivia and Chile about the Mediterranean feel

 

Sergio González Miranda* y Cristian Ovando Santana**

* Investigador y profesor titular del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, Chile. Doctor en Estudios Americanos con mención en Relaciones Internacionales por la Universidad de Santiago de Chile. Correo: sgonzale@unap.cl.

** Investigador y profesor asistente del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, Chile. Máster y doctorando en Estudios Internacionales por la Universidad del País Vasco, Leioa, España. Becario CONICYT, Chile. Correo: covando@unap.cl.


Resumen

Entre las diferentes posiciones en política exterior que han surgido en Bolivia respecto del problema de la mediterraneidad, el "reivindicacionismo" ha sido la corriente más reconocida. Aunque el "reivindicacionismo" posee varias vertientes, una de las más representativas es el "emotivismo". Este se ha transformado, en la última década, en una de las fuentes más influyentes tanto en la política exterior de ese país como en los medios de comunicación y la política doméstica. En este artículo se analiza el origen histórico de esa corriente de pensamiento en la política exterior boliviana, donde destacan factores externos al campo de la diplomacia y sus vinculaciones con posiciones teóricas de las relaciones internacionales.

Palabras clave: Bolivia-Chile - emotivismo - mediterraneidad y enclaustramiento - Teoría de las Relaciones Internacionales.


Abstract

Among the different opinions on foreign policy that have arisen in Bolivia regarding the problem of the Mediterranean feel, "reivindicacionismo" (vindicated) has been the most recognized trend. Though "reivindicacionismo" has different aspects, "emotivism" is one of the most representative. It has become, over the past decade, into one of the most influential sources both in foreign policy of that country and in means of communication and national policy. This article analyses the historical origin of that school of thought about Bolivian foreign policy, in which factors outside the field of diplomacy stand out, and its connections to theoretical opinions on international relations.

Keywords: Bolivia-Chile - emotivism - Mediterranean feel and enclosure - International Relations Theory.


 

I.- Introducción

Bolivia y Chile han sustentado sus relaciones diplomáticas -en el siglo veinte y con mayor intensidad durante el presente siglo- en torno al Tratado de 1904 y a la mediterraneidad boliviana. La pérdida del litoral se ha ido transformando en una demanda boliviana persistente en los foros internacionales a partir de 1919, con algunas décadas excepcionales donde han surgido otros intereses comunes, quedando el tema marítimo circunscrito al campo diplomático, como en la década entre 19432 y 19583. Lo anterior fue posible porque en Bolivia han existido, y existen, diferentes sensibilidades respecto de este problema, algunas más pragmáticas, otras proclives a la integración, y también más reivindicacioncitas, siendo su versión más notoria lo que se ha denominado "emotivismo", concepto que ha sido identificado y definido por especialistas bolivianos, como lo analizaremos más adelante.

Frente a la pregunta de si en Chile ha surgido una corriente de pensamiento equivalente al "emotivismo", como reacción a la presión ejercida por Bolivia con su demanda por una salida con soberanía al Océano Pacífico a través de territorios chilenos, es muy probable que algunas posiciones nacionalistas puedan identificarse en ese marco. Sin embargo, lo interesante del "emotivismo" es su discurso con características propias (no asimilable a un nacionalismo clásico) y con destinatario exclusivo: Chile.

El "emotivismo" boliviano, que por cierto excede el campo de la diplomacia, se asociaría a los enfoques que ven en el enclaustramiento boliviano un peligro al Estado-nacional, puesto que con dicho enclaustramiento se habría heredado una rivalidad y percepción de amenaza histórica construida desde un sentimiento vital, que se transformaría en una fuerza profunda (Renouvin, 2000), que ordenaría inexorablemente la política exterior de Bolivia. Así, la percepción subjetiva dominada por valoraciones históricas que se tienen de la mediterraneidad boliviana, sería una dimensión clave del "emotivismo" (Andaluz, 2002: 137).

La identidad "emotivista" sería contraria a cualquier intento de acuerdo con Chile, porque ello supondría una igualdad ética que no existiría en las relaciones bilaterales, puesto que Bolivia habría sido agredida y despojada de un territorio vital. Por lo tanto, estaría en una posición de superioridad moral respecto de su supuesto victimario: Chile. Por cierto, como veremos más adelante, las posturas más tradicionales en Bolivia han sido otras, calificadas algunas como pactistas, pragmáticas o integracionistas. Obras colectivas como las de Ramito Orias, Alfredo Seoane y William Torres (2001), Raúl Barrios y William Torres (1997), Alberto Zelada (2000), Fernando Salazar Paredes (2006), entre otras, están en ese marco de pensamiento.

El surgimiento del "emotivismo" no tendría solo por origen la pérdida del litoral en manos de Chile, sino también las constantes negociaciones que ha debido afrontar Bolivia por litigios que involucran sus fronteras con sus países vecinos, lo que ha ido marcando su imaginario territorial: el Chaco con Paraguay, el Acre con Brasil, la puna con Argentina y el lago Titicaca con Perú. Empero, respecto del mismo problema hay otros enfoques, como el que sostiene Fernando Cajías (1997: 17), quien señala que Bolivia habría perdido con Chile una cualidad, puesto que continúa siendo un país con chaco, con selva y ceja de selva, con altiplano y lacustre. El concepto "cualidad" abre otras posibilidades de solución que no necesariamente pasan por un territorio marítimo con soberanía previa, que es lo reivindicado por "emotivistas" y recuperacionistas bolivianos.

También cabría destacar la ambivalencia de Chile frente a las negociaciones en torno a la mediterraneidad boliviana y a la orientación de su política exterior, inspirada en un irrestricto fetichismo jurídico (Rodríguez, 2015). En ella, la naturalización de los nuevos límites, resultado de la Guerra del Pacífico, responde al axioma "intangibilidad de los tratados"4. Para el ex diplomático Rodríguez Elizondo, este precepto reflejaría que los tratados se bastaran a sí mismos, a la manera de un dogma religioso y su seguimiento diplomático fuera superfluo. (...), todo eso equivale, pura y simplemente, a una "ideología legalista". Para el ex diplomático chileno este fetichismo jurídico "indujo una doctrina informal, de aroma patriótico, según la cual no cabe negociación alguna en temas que afecten la soberanía nacional" (2015).

El historiador boliviano Jorge Escobari Cusicanqui califica -respecto de la relación con Chile- de "una diplomacia inmoral para un fin inmoral" (1978: 97). Por lo anterior, la identidad "emotivista" considera imposible una negociación con Chile que implique algún tipo de intercambio simétrico o equivalente, sin referencia a un pasado que sería la causa de una inequidad histórica. Solo cabe para esta narrativa la restitución plena del territorio perdido, sin compensación alguna. Incluso, si ello aconteciera, aún así no se restablecería la amistad plena. Por cierto, en Chile existe también una corriente de pensamiento que excluye cualquier negociación con Bolivia que signifique una pérdida territorial, pero está más relacionada con un nacionalismo tradicional, que de alguna manera ha recogido en distintos períodos su política exterior, a partir de tendencias culturales que la sustentan (Wilhelmy, 1979). Incluso, existen autores adscritos a la visión nacionalista tradicional chilena que han abordado las relaciones entre Bolivia y Chile, para "formarse una idea aproximada del precio que Chile ha pagado por una quimérica paz y confraternidad continental" (Espinosa, 1965:9); siendo Francisco A. Encina el más destacado y representativo historiador chileno de esta posición nacionalista en política exterior y su libro "Las relaciones entre Chile y Bolivia (1841-1963)", el más emblemático5. Esta visión surge del triunfo de Chile en la Guerra del Pacífico, pues este "había surgido como una verdadera potencia en América del Sur y su prestigio político internacional era ampliamente reconocido" (Alamos, 1999:31). Este rasgo inclusive se remonta décadas antes de este conflicto, producto de una inestable región de nacientes republicas, límites difusos y equilibrios exiguos (Bernal Meza, 2005:59-60). En efecto, "toda la segunda mitad del siglo XIX, en lo internacional Chile estuvo principalmente identificado con los conflictos limítrofes, que llevaron primero a una guerra que sería quizás el último acto fundacional de la conciencia de ser chileno" (Fermandois, 2005:34). Una de las consecuencias de esta postura nacionalista es que destacan las aproximaciones geopolíticas sobre la defensa del territorio y las sustentadas en equilibrio de poder. Esta postura nacionalista tiene un auge a partir de la década de 1970, marcada por dictaduras militares con claras aprensiones hacia las fronteras y controversias territoriales en el cono sur de América (Atkins, 1991: 471 y ss.). Al igual que el "emotivismo", el nacionalismo chileno es una vertiente crítica a la corriente dominante entre los especialistas y diplomáticos que, en Chile, privilegian elementos realistas y transnacionalistas en el análisis de política exterior hacia Bolivia a partir de la década de 1990.

La identidad "emotivista", en cambio, tendría rasgos que solo se explicarían dentro de la sociedad y cultura bolivianas. Por lo señalado, fue en Bolivia donde surgió este concepto como una categoría explicativa dentro de las relaciones internacionales, pero con un destinario privilegiado: Chile6.

El objetivo de este artículo es discutir la noción "emotivista" y su posición respecto de la pérdida de la cualidad marítima boliviana. Conjeturamos que, desde la discusión histórica y teórica del término "emotivismo", y su tensión teórica con otras posiciones como las pragmáticas o practicistas e integracionistas, podemos distinguir varias identidades dentro de su política exterior. Para ello, primero abordaremos el "emotivismo" desde el lente teórico de las relaciones internacionales; a continuación describiremos y discutiremos el origen histórico de dicha identidad. Finalmente, discutiremos la actualidad del debate entre "emo-tivistas" y practicistas, teniendo en cuenta algunos hitos de las esquivas relaciones entre Chile y Bolivia.

 

II.- Antecedentes teóricos del emotivismo

Las particularidades de las relaciones boliviano-chilenas en torno a su enclaustramiento, dan cuenta de las claves de la postura "emotivista" y nos permiten revelar ciertas ideas sobre el sentido que posee la vinculación entre ambas sociedades. Particularmente, nos permite interpretar cómo se afronta su autodenominado enclaustramiento.

¿Cuáles son los contenidos de esa categoría identitaria denominada "emotivista"? ¿Qué procesos internacionales y domésticos han incidido en su construcción? ¿Qué discursos han proliferado en torno a la mediterraneidad boliviana? ¿Qué actores inciden en su construcción? Estas interrogantes intentarán guiar este apartado referido a la fundamentación teórica del "emotivismo".

Destacamos que, junto con la influencia de cierta intelectualidad, estos sujetos productores de conocimiento interactúan con universidades, Cancillería, y también -en tanto comunidades epistémicas7- son clave en la formación de opinión pública, especialmente a través de la prensa, construyendo así una lectura particular del histórico conflicto chileno-boliviano que permea a la sociedad boliviana.

Fuentes teóricas de que se nutre el "emotivismo": Realismo Neoclásico y Teoría de las Percepciones

Entre los especialistas bolivianos sobre las relaciones entre Bolivia y Chile, existen aquellos que podrían definirse, siguiendo el marco ontológico de la Teoría de las Relaciones Internacionales, como racionalistas y como reflectivistas. Dentro de los primeros, rescataremos las corrientes que adhieren a ontologías individualistas y de correspondencia ante aspectos materiales e ideacionales8. Siguiendo este marco, consideramos a "emotivistas" como deudores del realismo neoclásico y de la Teoría de las Percepciones. Aunque también consideramos algunos aspectos del constructivismo -reflectivismo moderado-, particularmente en lo referido a la construcción de la narrativa e identidad "emotivista", en tanto parte de la identidad nacional boliviana.

La Teoría de las Percepciones y el Realismo Neoclásico consideran las disposiciones psicológicas e ideológicas de los actores domésticos, en respuesta a la estructura internacional anárquica y sus amenazas para la seguridad interna. En efecto, el Realismo Neoclásico, teoría que estimamos adecuada como fuente de la que emana el "emotivismo", plantea que, aunque no se desconocen las constricciones de la estructura hacia el comportamiento de los estados (unidades), "no debe ignorar ni la política interior, ni la cultura nacional, ni la actitud de cada dirigente que tenga responsabilidad en la toma de decisiones" (Zakaria, 2000: 30-31). Así, los juegos propios de la arena política doméstica al interior del Estado "actuarán como correas de transmisión que canalizan, median y redirigen, las políticas estatales como respuesta a los cambios que se producen en la distribución del poder" (Schweller, 2004: 164). Por ello, los teóricos realistas neoclásicos estiman se deben atender variables, tales como percepciones de las élites hacia coyunturas internacionales críticas; en la misma tendencia, ideologías y creencias dominantes, en un momento dado, de partidos políticos y grupos de interés.

Esta corriente pretende explicar la acción de los estados a partir de adentrarse en una política exterior singular, en nuestro caso la boliviana, con todas sus particularidades derivadas de la influencia del ideario "emotivista" y no solo a través de variables externas, como son las presiones sistemáticas proporcionadas por la anarquía (Lawson, 2006), fundamentando que los líderes responden a limitaciones e incentivos adicionales a la simple búsqueda o mantención del poder (Lobell, Ripsman, y Taliaferro, 2009).

Esta aproximación pretende complementar los postulados básicos del realismo estructural, pues señala que "sin incorporar ámbitos como la ideología, la percepción, las relaciones internas entre el Estado y la sociedad, el realismo estructural fracasa en su intento de explicar por qué los estados mantienen el equilibrio o se suben al carro del triunfador, se ocultan o superan sus limitaciones, actúan punitivamente hacia otros" (Lawson, 2006: 5).

Argumenta que el impacto de las capacidades materiales de poder en la política exterior (control de recursos y espacios, e influencias externas hacia estos) es indirecto y complejo, porque las presiones sistémicas deben traducirse a través de variables intervinientes al nivel de la unidad (Rose, 1998: 146). Variables intervinientes ubicadas en las unidades domésticas, a partir de tomadores de decisiones y sus propias percepciones.

Por otro lado, quienes toman decisiones no siempre pueden ir en la dirección de su elección, en la medida que media la variable "relación entre la élite política y la sociedad en general" (Moure, 2009), limitando la acción externa. De este elemento clave del realismo neoclásico se nutre el "emotivismo", apreciándose si ponderamos su influencia en la política exterior boliviana. Se hacen patentes, como veremos más adelante en lo referido al conflicto del gas, las disquisiciones entre gobierno y sociedad, a propósito de la posibilidad de un canje en que media este recurso y su significación. Otro ejemplo a la inversa lo encontramos en la década de 1950. A propósito del canje territorial de 1950 y la postura proclive del Movimiento Nacionalista Republicano (MNR, el cual encabezaba la revolución de 1952), Alberto Ostria Gutiérrez -un pragmático- reseña así a la reacción negativa "emotivista": "La política internacional fue (...) subordinada a la política interna y se orientó no ya dentro del objetivo de servir a Bolivia, sino a la revolución nacional, buscando el aplauso local" (citado por Francisco, 2009: 52).

De la presencia de las variables intervinientes señaladas -a través de las cuales se filtran presiones sistémicas- se deduce un elemento clave para el investigador: la imposibilidad de la existencia de un actor racional. Plantea una crítica al enfoque racional choice, aplicado a las Relaciones Internacionales. Su argumentación apunta a desestimar el supuesto de un actor racional, como elemento dado, que funcione como una correa de transmisión entre los atributos del sistema y la acción de los estados (Merke, 2006). En efecto, podemos mencionar las posturas "emotivistas" que desestiman la utilidad de los variados intentos, durante el siglo XX, de canje territorial emprendidos en las negociones por la salida al mar con Chile.

En suma, esta variable doméstica desestima las visiones "practicistas" (Francisco, 2009: 62-63) que giran en torno a la idea de ganancias mutuas a través de la cooperación económica y una salida al mar negociada con Chile, las cuales veremos en los siguientes apartados.

Otra variable interviniente de este enfoque apunta a la relación del Estado con la sociedad y su incidencia en la toma de decisiones en materia de política exterior. Se pregunta qué posibilidad tienen los tomadores de decisiones de acceder a los recursos del Estado (fundamentalmente, aunque no exclusivamente, control de las actividades económicas y sociales), lo que supone que el Gobierno ve fortalecida su habilidad para obtener recursos desde la sociedad y adjudicarlos en orientación a sus preferencias (Merke, 2006). En suma, se preocupa del papel de las élites dirigentes y el nivel de autonomía que disponen frente a las presiones y demandas de la sociedad. (Russell y Tokatlian, 2001). Nos referimos a cómo la variable régimen político afecta a la política exterior (Lasagna, 2005; Nohlem y Fernández, 1991). Se evidencia esta variable en la imposibilidad de la élite liberal de continuar las negociaciones con Chile inmediatamente después a la firma del Tratado de 1904, debido a la arremetida "emotivista", representada principalmente por intelectuales y políticos nacionalistas.

La teoría de las percepciones

Por otro lado, estrechamente vinculada al Realismo Neoclásico, la Teoría de las Percepciones negativas ha sido una constante en la región. Para esta, la acción estatal se considera la acción tomada a partir de tomadores de decisiones, nutridos de una capacidad analítica que los faculta a la recreación de la realidad desde la manera como ellos lo ven (Jervis, 1970; Herrero de Castro, 2006). Precisamente, el papel muy influyente de algunos personajes "emotivistas" (como es el caso de Franz Tamayo, visto en apartado anterior) en la diplomacia boliviana, ha sido clave para tensionar las relaciones bilaterales en momentos álgidos del siglo XX. Para esta corriente, si bien las actuaciones en la política exterior se determinan sobre todo por las capacidades materiales, juegan un rol clave las informaciones y los motivos de los actores. Aún más, en cuanto a los cambios de las decisiones en política exterior, señala que son las imágenes (Vrg: de la imagen del canje a la imagen del enclaustramiento) las primeras en cambiar, seguidas por las decisiones políticas (Rodao, 2005), aunque cambien las condiciones materiales, como es el caso del aumento o disminución de las cuotas de poder que se traduzcan en posiciones más o menos privilegiadas en dichas relaciones. Con ello, los factores externos tienen solo relevancia si los actores los introducen en el proceso de la decisión mediante su percepción. Para el caso boliviano así lo indica un crítico del "emotivismo" y destacado integracionista del mismo país: "... las condicionantes de la percepción y las imágenes prevalecientes en la sociedad civil y política boliviana inhiben la posibilidad de pasos más audaces y debilitan y tienden a invisibilizar formulaciones más completas e integrales para encarar, de modo más coordinado y eficaz, los componente políticos y económicos de los vínculos con Chile" (Araníbar, 1999: 50).

Con ello, al igual que con el Realismo Neoclásico, surge una mirada revisionista del Realismo que complementa la mirada materialista con las subjetividades propias de la Teoría de las Percepciones. Así, ambas teorías emparentadas se proponen explicar la conducta de estados individuales, que son esencialmente el producto de cómo el Estado interpreta su posición en el sistema internacional y actúa de acuerdo a las capacidades con las que cuenta.

En este marco interpretativo, históricamente Bolivia, Argentina y Perú se consideraban una amenaza para la seguridad de Chile, reeditando o dando cuenta de patrones culturales de larga duración, que se engarzan con el marco de la compleja historia de la estructuración fronteriza de todos los estados sudamericanos (Fermandois, 2004: 68-83). Así, el comportamiento estatal responde a las amenazas que provienen de otros Estados y que resultan de una combinación de factores (Walt, 1985: 27-32), junto con las percepciones que construyen en el ámbito interno, decodificando una respuesta a dichas amenazas y respondiendo, además, a las aspiraciones de la sociedad en el ámbito doméstico, configurando una forma particular de estado societal (Moure, 2009). Estas variables serían: la acumulación de recursos de poder, en el caso del Cono Sur las carreras armamentistas son recurrentes durante toda la segunda mitad del siglo XX; la proximidad geográfica, se trata de países que comparten fronteras y rivalidades fronterizas históricas desde los procesos de independencia (Fermandois, 2004); las percepciones sobre posibles intenciones agresivas, recurrentes por parte de los países conosureños durante todo el siglo XX, al punto que Taylor (1987) plantea la persistencia de una "geopolítica agresiva instintiva" en el continente desde la independencia.

Desde esta perspectiva, el "emotivismo" sostiene la idea de que el "enclaustramiento geográfico forzado, representa (...) la percepción subjetiva dominada por valoraciones históricas, que se tiene de la mediterraneidad boliviana (Andaluz, 2002: 137), término lingüísticamente parcial y cargado de una emotividad que deviene de las consecuencias del Tratado de 1904. Sobre todo porque se trata de un término acuñado por los internacionalistas bolivianos (Andaluz, 2002: 137), que se distingue de la noción de mediterraneidad, neutral en términos lingüísticos.

Esta perspectiva en torno a la falta de acceso al mar, "ha sido sistemáticamente socializada, tanto por el sistema educacional como por el establishment político boliviano, como la causa principal del subdesarrollo nacional (Pennycook, 2013: 72), constituyéndose a partir de un "... complejo de valores y percepciones sociales, que goza de amplio arraigo en la cultura nacional boliviana, (...) [siendo] uno de los elementos más característicos de la definición propia del pueblo boliviano y cruza todas las clases sociales e incluso grupos étnicos" (Pennycook, 2013: 72).

En suma, "emotivistas" serían aquellos que optan por privilegiar una retórica basada en un discurso político nacionalista en torno a lo territorial, donde "el nacionalismo territorial consiste en la identidad nacional construida sobre la extendida percepción de haber sido víctima del despojo de una parte del territorio nacional en manos de un país vecino, percepción que es alimentada a través del sistema educacional que la transmite de generación en generación" (Escudé, 1988: 139). Esta construcción parte por sentenciar a Chile como un país victimario y, por añadidura, moralmente condenable. De ese modo, el "emotivismo" cierra todas las posibilidades dialógicas de entendimiento.

Construcción de las identidades "emotivistas": aportes constructivistas

Por otro lado, tomando en cuenta premisas constructivistas -las que se distinguen de las corrientes racionalistas, al considerar no solo los cambios conductuales sino de identidad y la posibilidad de reflexión sobre los intereses egoístas-, "la nueva agenda de investigación de la política exterior se debiese configurar en función de los temas identitarios que afectan al Estado" (Álvarez, 2015: 55). Desde estas premisas, "la política exterior tiene sus orígenes en poderosas ideas y creenciads" (Álvarez, 2015: 55). Ejemplo de considerar dichas variables apunta a "por qué los políticos prestan atención a la opinión pública, si es por la necesidad práctica de ganar elecciones o si tiene que ver con un proceso más amplio a nivel ideacional o normativo" (Álvarez, 2015: 55).

Así, el Estado puede ser varios actores en la política internacional, por lo que deberíamos esperar diferentes patrones de comportamiento a través de grupos de Estados con diferentes identidades e intereses (Hopf, 1998).

En cuanto a las estrategias de cooperación o conflicto entre los Estados que derive de la interacción de políticas exteriores, es clave desde el constructivismo la formación de una identidad a partir de los procesos sociales de cambio o status quo -domésticos e internacionales- en que participen aquellos: "se afirma que si las identidades han sido reproducidas por las prácticas sociales y se ha desarrollado un entendimiento entre los actores, las instituciones perduran en el tiempo (Hopf, 1998. Citado por Álvarez, 2015: 55).

Siguiendo el debate constructivista, la formación de las identidades de los Estados puede surgir, dentro de otros procesos, a partir de la división arbitraria del mundo entre unos y otros, que proviene de los procesos de formación y consolidación de las fronteras estatales-nacionales. Se construye en la medida que para esta identidad estatalista, "la imagen de la alteridad (el otro, el ciudadano de otro país, el enemigo, el extranjero) sería esencial, porque la definición del "yo" no podría ser completa sin la identificación de un "otro" que difiere por la cultura, las tradiciones, el idioma o la nacionalidad" (Rodrigues, 2013). En este caso, se trata de otro (Estado chileno) agresor, expansionista y responsable -en palabras de Ponce- "del aislamiento geográfico [boliviano] con relación al mundo, por la carencia de acceso libre y soberano a nuestras costas del Océano Pacífico que nos fueron arrebatas por Chile" (1998: 124).

A través de este proceso de subjetivación, en que toma forma la movilización de creencias que realiza el Estado boliviano, haciendo uso de sus dispositivos, construye su narrativa a partir de las consecuencias de la Guerra del Pacífico, en la medida que la construcción de una imagen negativa del vecino agresor legitima el Estado como institución necesaria para restituir el territorio amputado. Sobre el mito de la identidad nacional, categóricamente, señala Cid:

En toda guerra se produce una idealización funcional de las propias razones y motivaciones, a la vez que se atribuyen al otro a quien se combate todos los defectos posibles. Es lo que Stephen Van Evera ha denominado como el mito de la maldad del otro, aquellos discursos forjados en el contexto bélico donde se incorporan declaraciones sobre la inferioridad y maldad del enemigo a quien se combate para legitimar la propia causa (Cid, 2011: 103).

Con todo, una de las consecuencias de la formación de esta identidad construida en base a identidades egoístas, como lo hace el "emotivismo", es que los Estados tienden a monopolizarlas como las únicas identidades posibles y legítimas, en el caso de Bolivia, para enfrentar acertadamente desde la política exterior las consecuencias del enclaustramiento, reivindicando todo el campo semántico de las identidades políticas posibles en materia de política exterior, pese a la existencia de otras identidades, como es el caso de las integracionistas y practicistas. A continuación nos referiremos a estas últimas en contraposición a las "emotivistas".

Identidades "emotivistas" v/s pragmáticos en torno al debate de las ganancias

Desde la teoría de las relaciones internacionales, en contraposición a la identidad "emotivista", las identidades pragmáticas o practicistas de las posturas bolivianas referidas a afrontar la mediterraneidad, las interpretamos desde el debate que sostienen transnacionalistas con realistas respecto de las ganancias de la cooperación. Estas posturas, que buscan dar cuenta de relaciones de cooperación más permanentes entre estos países, apuestan por beneficios mutuos entre aquellos y tendrían como pilar -en el caso de la relación chileno-boliviana- la idea de "canje territorial", gas por mar, entre otras estrategias de compensación mutua sostenidas por gobiernos chilenos y bolivianos a lo largo del siglo XX (Correa et al, 2013; González y Ovando, 2011). No obstante que esta estrategia es resistida por sectores "emotivistas", puesto que la compensación que busca otorgar Chile a su vecino es considerada lesiva "a la soberanía territorial y el pueblo no la tolerará" (Ponce, 1998: 125). Lo interesante de esta percepción "emotivista" es que señala a la estrategia practicista como aquella condicionada por unas élites carentes de sentido vital (Ponce, 1998: 124). Esta apelación a ciertas virtudes que deben encarnar las élites y las sociedades, constituiría una fuerza profunda irreductible de la sociedad boliviana. Contrariamente, los críticos del "emotivismo" la consideran una estrategia que soporta una carga sentimental, que impide se contemplen los intereses de la otra parte (Andaluz, 2002: 140), distinción clave del transnacionalismo para la búsqueda de beneficios mutuos y no limitados.

Este debate sobre las ganancias, centrado en que los actores buscan maximizarlas (Grieco, 1990; Grieco, Powell y Snidal, 1993), es clave para entender la racionalidad "emotivista". En efecto, el transnacionalismo apuesta por los beneficios absolutos de la cooperación y no limitados, como señala el realismo, puesto que de aquella se pueden alcanzar intereses mutuos (Axelrod, 1984; Keohane, 1988), en la medida que estos son suficientes para permitir que los Estados superen sus mutuas suspicacias. Si los realistas conciben los intereses mutuos como el interés de combinar las fuerzas en contra del adversario (guiados por seguridad), los transnacionalistas los conciben como los que posibilitan asegurar sus incrementos de eficiencia a partir de intercambio voluntario (guiados por maximización de beneficios).

No obstante, cuando se trata de negociaciones donde las consideraciones morales en torno a la justicia juegan un rol clave -como la reivindicación marítima propia de la identidad "emotivista"-, la ponderación de las ganancias relativas o absolutas se desvirtúa (Finnemore, 1996), poniéndose otras variables en juego: es el caso de la cultura internacional o nacional en clave realista neoclásica.

Desde esta perspectiva, para la reivindicación territorial boliviana referida a la usurpación del litoral y su consecuente sentimiento de enclaustramiento, la negociación basada en ganancias absolutas no tendría sentido, sobre todo porque, desde hace unas décadas, los regímenes internacionales se nutren de la justicia y la moral internacional como guías para la construcción de sus normas y para persuadir a la sociedad internacional que las adopte, siendo más útil apelar a este camino y no a la negociación bilateral. Por ello, la estrategia "emotivista" histórica y, sobre todo, actual apela a multilateralizar, en diversos foros regionales, la demanda por el enclaustramiento (Correa, 2015).

 

III.- El origen histórico de la identidad "emotivista"

Visto el marco teórico en que se sustenta la identidad reivindicacionista "emotivista" y su contrapunto con la practicista, a continuación nos referiremos al desarrollo histórico y actual de las mismas.

Raúl Barrios y William Torres, dos especialistas bolivianos, explican las razones del surgimiento de un sentimiento que estaría en el trasfondo de la identidad "emotivista", basada en la responsabilidad histórica de los países vecinos: "debilidad autocompasiva derivada de los desmembramientos territoriales producidos en sucesivas guerras, han sido ingredientes que han configurado la percepción negativa y desconfianza hacia vecinos, particularmente Chile" (1997: 306). Estos autores identifican un fenómeno complejo que se trataría de un sistema de creencias, a saber:

Existe, así, un sistema de creencias cuyo núcleo duro ha renovado continuamente percepciones negativas respecto del ambiente externo; destacando, sobre todo, aquellos casos particulares donde la historia bilateral ha dejado huellas de un alto grado de confrontación y antagonismo. Los casos de Chile y Paraguay son los más recurrentes en el imaginario boliviano sobre los conflictos que han mantenido los países vecinos. (Barrios y Torres, 1997: 306).

El jurista boliviano, Horacio Andaluz, utiliza el concepto "emotivistas" para diferenciarlos de los "realistas" respecto de cómo abordar las relaciones bilaterales entre Bolivia y Chile. Considera Andaluz que esta corriente ha manipulado los sentimientos bolivianos: "sus propuestas de solución (a la mediterraneidad) representan más una expresión de deseos, que un planteamiento viable" (2002: 140). Según este autor, "el fracaso del 'emotivismo' ha consistido en generar alternativas ficticias, de fácil aceptación por generaciones de bolivianos, pero no por ello menos inconducentes e improductivas" (2002: 141). La conclusión a la que llega Andaluz es que la identidad "emotivista" habría llevado a la política exterior boliviana hacia un camino sin salida e incluso contrario a los intereses de Bolivia:

(...) la culpa más grave del 'emotivismo' no es solo su fracaso en la solución de la mediterraneidad, sino que a estas alturas su fracaso ha llevado a muchos a creer que el problema de la mediterraneidad es insoluble. En efecto, consecuencia funesta de dicha escuela es que, hastiadas de una cantaleta secular y tan recurrente como carente de resultados, las generaciones jóvenes, de hecho, ya adoptaron la postura de insolubilidad y la resignación al enclaustramiento. (2002: 142).

Siguiendo la clasificación de Andaluz, otro autor, Mila Francisco, establece las categorías Reivindicacionistas, Practicistas e Integracionistas. Esta autor señala que "los reivindicacionistas o "emotivistas" desean el retorno del mar a través de territorio que fue boliviano. Invocan la justicia internacional, el uti possidetis de 1810 y exigen una reparación de la lesión que, sostienen, sufrió su país. En definitiva, buscan la reivindicación de derechos que fueron violados y no solicitar a Chile, a modo de favor, la concepción de un puerto para Bolivia" (2009: 60).

Aquí sostenemos que la identidad "emotivista"9 tiene un origen histórico bien identificable y que no se trata de un factor interno o inmanente al desarrollo de la diplomacia boliviana, sino que es un factor que emana de la propia cultura política del país, en vista a las pérdidas territoriales en manos de los países vecinos. Se tratará más adelante dicha discusión. No obstante, la influencia de esta identidad aumentaría en los períodos de mayor tensión o conflicto con Chile y disminuiría cuando se restablecen las relaciones diplomáticas. Las identidades "practicistas" e "integracionistas" bolivianas, en cambio, han influido más en la política exterior de ese país cuando Bolivia y Chile han tendido puentes de diálogo. Las posiciones "practicistas" e "integracionistas" bolivianas, a diferencia del "emotivismo", se ubican más en el campo de la diplomacia y en las relaciones internacionales inspiradas, como vimos en el aparatado anterior, en al ámbito del transnacionalismo, donde se han destacado importantes diplomáticos, académicos e intelectuales bolivianos, que se han adscrito a esas posiciones, como Ricardo Anaya (1987), Antonio Araníbar (1999), Fernando Salazar Paredes (2006) y Ramiro Orias (1997), entre muchos otros.

Después de firmado el Tratado de Paz y Amistad de 1904, comenzó a generarse una corriente de pensamiento político en Bolivia para demandar a Chile por una salida al Océano Pacífico a través de Arica, provincia que estaba bajo administración chilena, pero sin soberanía plena. La demora del plebiscito, debido a diferencias profundas entre los estados nacionales de Perú y Chile, que debía resolver la soberanía de las provincias de Tacna y Arica, impidió que ese deseo boliviano se hiciera realidad. Con el término de la Primera Guerra Mundial y con la creación de la Sociedad de las Naciones, tanto Perú como Bolivia vieron una oportunidad para reclamar los territorios anexados por Chile. La figura de Woodrow Wilson estaba en su apogeo, el idealismo en las relaciones internacionales se consolidaba, la idea de una paz mundial y del término de las ocupaciones territoriales por la fuerza, aumentaron las esperanzas peruanas de recuperar las provincias "cautivas", como le denominaban a Tacna, Arica y Tarapacá. Por su parte, Bolivia comenzó a plantearse la recuperación del litoral, siendo Arica su principal objetivo.

El periódico El Ferrocarril de Cochabamba, del 31 de enero de 1919, expresa ese anhelo boliviano:

Tacna y Arica representan una carga onerosa para Chile y una aspiración patriotera para el Perú. Jamás constituirá un factor de importancia para la vida completa de ambos pueblos. Su cesión armónica, convencional y necesaria, además de incrementar las arcas fiscales de Chile y el Perú, tendrá la virtud de reintegrar la vida soberana de Bolivia y, lo que es más, asegurar la tranquilidad futura de los pueblos del Pacífico...

La frustración de no alcanzar el mentado anhelo abrió el camino a un sentimiento de molestia, donde las desafortunadas palabras del diplomático chileno Abraham Konig comenzarán (hasta la actualidad) a recordarse con énfasis, como lo hace El Ferrocarril de Cochabamba, una semana después de la noticia precedente: el 5 de febrero de 1919, bajo el título "La cuestión del Pacífico", se recuerda: "Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones".

Las palabras de Konig y otras que se recogen en la prensa boliviana, fueron leña que encendió aún más el sentimiento de pérdida en Bolivia, estimulando la emergencia -hacia 1919- de la identidad "emotivista".

El interés peruano por Tacna y Arica, habría de generar divergencia con la demanda boliviana. El periódico El Eco de Bolivia, del 9 de abril de 1920, expresa muy bien esa controversia, titulando su portada: El Perú contra Bolivia. "La respuesta enérgica de nuestra Cancillería. Indignación que causa al pueblo boliviano la nota torpe y desleal de (Melitón) Porras. Actitud patriótica de la prensa opositora que se une, sin discrepancias, a la política internacional desarrollada por el gobierno".

Se encontraba en el gobierno del Perú Augusto B. Leguía, en su segundo mandato que se extendería por once años, siendo su Canciller, Melitón Porras, considerado uno de los más "irredentos" en su postura respecto de Chile, por lo mismo, difícilmente estaría dispuesto a aceptar la transferencia o venta de esa provincia a Bolivia.

Entre los principales conceptos del Eco de Bolivia, se destacan:

El señor Porras calificó de audaz y hostil la política internacional sobre las aspiraciones de salir al Pacífico, olvidando, sin duda, que Bolivia es país libre y que no necesita tutelas de nadie, ni de imposiciones descorteses que quieran ejercer presión sobre él y herir su dignidad nacional.

Chile que es el actual poseedor de Arica, es a él que Bolivia comunicó la consecución de sus nobles propósitos para salir al mar por Arica, manifestando además que dada desde la independencia nacional, pues, desde aquellos tiempos posee derechos geográficos y naturales (...).

Bolivia desnudándose del ropaje sentimentalista del ex aliado y echando por tierra las vallas que le obstaculizan sus intereses y justas aspiraciones, con la serenidad y energía que le caracterizan, resueltamente se pone frente a frente al Perú, para hacerle comprender que no está dispuesto a recibir vejaciones en el futuro, ni necesita de sus intrigas y tutelas maquiavélicas, que fueron la ruina de la patria.

En ese clima se presentó, en año anterior, la demanda boliviana ante la Liga de las Naciones. Se trataba de una postura reivindicacionista pero no "emotivista". Uno de los más respetados historiadores bolivianos, Jorge Escobari Cusicanqui, describe este episodio histórico de la siguiente manera:

El 14 de enero de 1919, el General Ismael Montes, Ministro de Bolivia en París, por instrucciones de su gobierno envió una nota al Gobierno de Francia y un memorándum a la secretaría de la Liga de las Naciones. En la nota, después de expresar que Bolivia considera que tiene también derechos con respecto a Tacna y Arica, decía que sus razones "se apoyan en la historia y la tradición", así como "en la situación geográfica de Bolivia, que hace de Arica su salida obligatoria al exterior". En el memorándum, efectuaba una relación sintética de los antecedentes históricos que demuestran la vinculación de Arica con Bolivia y manifestaba que "Arica, con respecto a Bolivia, desempeña las funciones de un órgano vital. Para el Perú y Chile es un paraje, un sitio de administración, una división territorial" (1978: 124).

Jorge Escobari Cusicanqui, en otra parte de su libro, concluye que "la comisión de juristas fundó su informe desfavorable en objeciones de forma, "como ha sido presentada la demanda boliviana", sin llegar a pronunciarse sobre el fondo de la misma" (1978: 130), lo que, sin dudas, abre expectativas para una nueva presentación de la demanda boliviana ante La Haya. Esta interpretación de Escobari ha sido discutida por juristas como Marcelo Ostria Trigo, quien indica que esta demanda ante la Liga de las Naciones "se inspiró en la orientación de los llamados "reivindicacionistas" o "revisionistas", que propiciaban la recuperación de la totalidad del territorio perdido en la Guerra del Pacífico, mediante la revisión del tratado que consolidó la pérdida del litoral boliviano" (2004: 24). Este fracaso internacional habría transformado el reivindicacionismo boliviano en una categoría más extrema: el "emotivismo".

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, en un documento oficial de 1922, entregaba los primeros indicios de este cambio de reivindicacionistas hacia una posición "emotivista":

Vivo aún el recuerdo de las manifestaciones de cordialidad con que el Gobierno del Excmo. señor Gutiérrez Guerra expresaba su complacencia por la situación de estrecha amistad existente entre Chile y Bolivia, se produjeron en este último país los sucesos políticos de julio del año 1920, provocados por el partido republicano que encabeza el señor Bautista Saavedra, actual presidente de la República; sucesos cuya consecuencia inmediata fue la caída del Gobierno del señor Gutiérrez Guerra. En esa revolución se enarboló como bandera la reivindicación del litoral perdido por Bolivia en la guerra de 1879. (M.RR.EE., 1922: 5).

Valentín Abecia Baldivieso, académico y diplomático boliviano, afirma que:

En Chile, una vez producida la revolución del año '20 y al saberse la tendencia 'reivindicacionista' del nuevo gobierno, se efectuó inusitada alarma, al extremo de dictarse un decreto convocando "al servicio militar" a las reservas de 1915, 16, 17, 18 y 19. Se convocó también a los reservistas de comunicaciones y se adoptaron otras medidas como las de movilizar tropas a la frontera con Bolivia. (1986: 410).

Lo que menciona Abecia se conoció irónicamente en Chile como "la guerra de don Ladislao", en referencia al ministro de Guerra del presidente Juan Luis Sanfuentes, Ladislao Errázuriz Lazcano, quien ordenó la movilización de tropas a la frontera norte, especialmente por el golpe de Estado que en Perú llevó al poder a Augusto B. Leguía. Sin embargo, muchos consideraron que solo fue una treta para impedir el triunfo electoral de Arturo Alessandri Palma.

Valentín Abecia, en cambio, considera que la movilización se debió al golpe de Estado de Bautista Saavedra. Este autor define al gobierno de Saavedra de "reivindicacionista", sosteniendo la tesis de "la devolución de Antofagasta como solución al problema marítimo, mientras el partido liberal, según hemos visto, creía más práctico negociar para obtener Arica". Gutiérrez Guerra siguió esta política y, algunos años después de su gobierno, declaró que su partido estuvo convencido 'de los arreglos directos con Chile'" (1986: 410). Las diferencias entre el partido liberal y el republicano, expresadas en las figuras de Gutiérrez Guerra y de Saavedra Mallea, definen dos posiciones claras en la política exterior boliviana: la pactista y la reivindicacionista, que aún persisten y están en pugna permanente.

Con todo. En este artículo sostenemos que la identidad "emotivista" comienza a construirse a partir del fracaso boliviano ante la Liga de las Naciones, donde presentó una demanda en contra de Chile sobre la mediterraneidad. También que dicha perspectiva se forja más en el campo semántico político que en el diplomático. Además, no es ajena a las posiciones políticas chilenas respecto de este problema. Esta posición suele ser muy sensible a la opinión pública.

Una de las claves para entender esta identidad de la política exterior boliviana es el papel que ha desempeñado el escritor, político y diplomático, Franz Tamayo. Tamayo fue uno de los principales responsables de la demanda boliviana ante la Liga de las Naciones y, por lo mismo, debió haber tomado como un fracaso personal el rechazo de dicho organismo internacional a esa demanda. Tamayo expresa en su persona esa superposición entre imágenes y percepciones con aquellos factores venidos -en clave constructivista- desde la cultura política e ideología, el arte y otras expresiones. En Tamayo se puede encontrar una amalgama entre el indigenismo, el nacionalismo y la ilustración, que solo es posible de encontrar en el occidente de Bolivia con esa profundidad y convicción.

"Yo fui el orgullo como se es la cumbre.Y fue mi juventud el mar que canta.

¿No surge el astro ya sobre la cumbre?

¿Por qué soy como el mar que ya no canta?

No rías Mevio de mirar la cumbre, ni escupas sobre el mar que ya no canta.

Si el rayo fue, no en vano fui la cumbre, y mi silencio es más que el mar que canta (1995: 1).

La visión nacionalista e indigenista, fue una semilla plantada por Tamayo en estos años, cuando Bolivia ve frustrada su demanda marítima ante la Liga de las Naciones.

 

IV.- El debate actual entre estrategias fundadas en identidades "emotivistas" y practicistas

Como señalamos al principio, la entrega del litoral boliviano a Chile, a través de un tratado bilateral en 1904, a cambio de diversos beneficios, como ferrocarriles y pago de deudas, comenzó a ser cuestionado inmediatamente por parte de la dirigencia de ese país, utilizando diversos foros nacionales e internacionales. No obstante que, encabezados por el partido liberal en el poder, el sector de la élite política boliviana, denominada los practicistas, inmediatamente firmado el tratado, emprende la siguiente estrategia:

...a partir de la impotencia de modificar la relación de fuerzas con Chile (...) trata de encarar la adversidad, cediendo el litoral a cambio de compensaciones e imprimiendo un nuevo estilo a la política económica; ordenamiento fiscal y administrativo; red vial para favorecer la exportación de minerales (...); implícita apertura al comercio exterior e incorporación nacional a las finanzas internacionales. (Anaya, 1987: 39-40).

Así, desde principios del siglo XX, conviven dos narrativas que comienzan a forjarse sobre cómo afrontar la mediterraneidad o en-claustramiento boliviano: una practicista, proclive a un juego de mutuas compensaciones en torno al canje de mar por otro beneficio material, y otra "emotivista", tendiente a responsabilizar a Chile de su condición de subdesarrollo y, en parte, a Paraguay.

En la década de 1990, al alero de la reintegración y democratización de la subregión, comienzan a emerger visiones alternativas con un fuerte sello integracionista, tendiente a resolver dicho problema a través de mecanismos de integración que impliquen mutuas compensaciones en que participan ambos Estados, o derechamente con propuestas innovadoras en torno a dinamizar el desarrollo de territorios transfronterizos (Tarapacá, Tacna y Oruro), epicentro de la guerra, a través de soluciones que flexibilicen dogmas como la soberanía (véase: Anaya, 1987; Araníbar, 1999; Orias, 1997), que por espacio no serán tratados. Paralelamente, a partir del paso de teorías realistas a transnacionalistas para abordar las relaciones chileno-bolivianas, ha sido una prioridad en las comunidades epistémicas de ambos países buscar acercamientos desde las dinámicas económicas, período que coincide con la firma de un acuerdo de complementación económica como emblema de la cooperación posible entre ambos. En efecto, pese a la persistencia del discurso "emotivista", este

... no fue obstáculo, para que [Chile y Bolivia] suscribiesen en 1993, pese a la ausencia de relaciones diplomáticas formales, un Acuerdo Bilateral de Complementación Económica y, en los años posteriores, una serie de protocolos complementarios, ni para que mantuvieran por años conversaciones fluidas para implementar y mejorar el régimen aduanero. (Pennycook, 2013: 72).

Ya en los primeros años de este siglo, los intentos bilaterales por alcanzar la cooperación energética entre Chile y Bolivia, que giraba en torno a la exportación por Chile del gas de Tarija, se vio nuevamente truncada por el choque de lógicas "emotivistas" y practicistas, esta vez en torno a la significación del gas (Recce, 2006). Un eje fundamental de la política exterior actual boliviana ha sido su proyección energética. Esta ha sido compleja por la falta de consenso interno respecto de las prioridades que se deben tomar en esta materia. En efecto, en la crisis de octubre de 2003, que terminó con la dimisión del presidente Sánchez de Lozada, la coyuntura con Chile fue clave. Para Arrarás y Dehesa: "gran parte de la presión de los sectores sindicalizados movilizados estaban en contra del proyecto de Sánchez de Lozada de exportar gas boliviano a los Estados Unidos a través de Chile, hecho que reavivó el sentimiento anti-chileno, por la histórica reivindicación marítima" (Arrarás y Dehesa, 2004).

En consecuencia, en clave constructivista, un nuevo elemento en la identidad de la política exterior boliviana surge de las discusiones sobre la estrategia a seguir para exportar gas y los significados que estaban en disputa, pues se trata de un recurso estratégico, soporte del interés nacional del vecino país. Desde esta perspectiva, Juan Recce se pregunta por la construcción del interés nacional boliviano en torno al gas como eje de política exterior, proponiendo que: "... las preferencias divergentes sobre el aprovechamiento de las disponibilidades gasíferas, de los diferentes grupos de interés étnico-político, condicionan la política exterior boliviana en cuestiones energéticas, paralizando la consecución de la agenda elaborada por la actual burocracia gubernamental" (Recce, 2006: 7).

En la misma década, el conflicto sobre el gas persiste, ahora en el gobierno del Presidente Morales. El diplomático boliviano, Marcelo Ostria Trigo (2013), interpreta cómo la semántica "emotivista" se continuó filtrando por espacios intersticiales, donde el practicismo suele ser el principal afectado, en este caso fue el cambio de una posición negociadora del Presidente Evo Morales a otra más cercana al "emotivismo" producto del rechazo del Presidente Sebastián Piñera a su propuesta de "gas por mar", a saber:

La propuesta llamada 'gas por mar', presentada por el Presidente de Bolivia, Evo Morales, en la Cumbre de la Celac-UE para solucionar el problema de la mediterraneidad de Bolivia, y la tajante negativa del Presidente de Chile, Sebastián Piñera, han causado enorme revuelo en los dos países (...).

El Presidente boliviano no fue claro en su proposición. Esto dio lugar a que se interprete que había propuesto a Chile que ceda a Bolivia una salida soberana al mar a cambio de la provisión de gas, presumiblemente como compensación. Pero muy pronto la confusa propuesta del mandatario boliviano fue 'aclarada' por funcionarios de su gobierno y, sorpresivamente, por el ex Presidente Carlos Mesa, en el sentido de que no se trataría de compensar a Chile con gas por la eventual cesión a Bolivia de una salida soberana al mar, sino de una oferta de venderlo -es decir, como proveedor seguro- a Chile, luego de que se concrete dicha solución de acceso al mar a Bolivia...

Frente a la negativa del Presidente chileno, Sebastián Piñera, el "emotivismo" desplaza al practicismo o pragmatismo para dominar el escenario político boliviano en la opinión pública.

Respecto del ex Presidente Carlos Mesa, actualmente representante del gobierno de Morales ante La Haya, Ostria Trigo señala lo siguiente:

Carlos Mesa fue el Vicepresidente que asumió el mando de la nación en octubre de 2002, cuando fue derrocado el Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada por el 'pecado' de intentar la exportación de gas a mercados del norte, a través de un puerto chileno. Mesa, entonces, adoptó la llamada 'Agenda de Octubre', impuesta por los revoltosos, en la que se 'prohibía' exportar gas boliviano a Chile o a cualquier otro país, a través de los puertos del país vecino. (2013: 1).

Con todo, las disputas acerca de qué estrategia seguir con la exportación del gas determinaron que la política exterior boliviana reeditara una versión de la identidad "emotivista" del siglo XXI, que toma fuerza hoy a partir de la demanda que entabla Bolivia contra Chile en el Tribunal de la Haya, a partir de la tesis de los derechos expectaticios. Sin embargo, el Presidente Morales, formado en las luchas sindicales y, por lo mismo, socializado en mesas de negociaciones, más allá del discurso aparentemente "emotivista", puede abrir una salida al diálogo que implique un regreso a la agenda de los 13 puntos discutida en el primer gobierno de Michelle Bachelet.

 

Conclusiones

Uno de los riesgos de la política exterior boliviana, fundada en una identidad "emotivista" hacia Chile, inspirada en la percepción negativa del otro, es que dicha política estaría tomando forma desde una sólida concepción de mundo y estructura del conflicto, al punto que terminaría naturalizándose. Consecuencia de ello sería la más representativa, dificultándose posibilidades de cambio hacia opciones y estrategias más cooperativas, orientadas por un campo semántico compartido. De igual forma, ocurriría lo mismo en el caso de la política exterior chilena inspirada en la doctrina del status quo.

Por otro lado, si bien para el Realismo Neoclásico la variable independiente sigue siendo la distribución de poder en el sistema internacional, para nuestro caso vecinal o regional, como vimos a lo largo del trabajo, esta teoría considera además un conjunto de variables intervinientes, domésticas, en torno a las percepciones: ideologías, grado de complementariedad de las élites, convergencia con los grupos estratégicos de la sociedad, etc. Sin embargo, vemos que en el caso de la política exterior boliviana, inspirada por el "emotivismo", "las variables intervinientes" tienen un papel más decisivo que las "estructurales", desde las consecuencias del Tratado de 1904 y su ofensiva, junto con la crítica al practicismo, pese a que esta última ha inspirado durante todo el siglo XX e inicios del XXI, de forma intermitente, estrategias para alcanzar acuerdos de cooperación de mutuos beneficios con Chile.

En cuanto al derrotero de estas ideas, destacamos la presencia, en distintos momentos del siglo XX e inicios del XXI, de un discurso oficial con códigos explícitos que gira en torno al ideario "emotivista", junto con un discurso académico con códigos en torno al practicismo e integracionismo por la vía de beneficios mutuos. A consecuencia de ello, destacamos que las comunidades epistémicas que recogen ideas distintas a las "emotivistas" ven con dificultad la posibilidad de alcanzar acuerdos sobre determinados cuerpos de conocimiento con las autoridades en materia de política exterior, teniendo pocas posibilidades de imponer estas opiniones científicas al gobierno.

En este mismo punto, conjeturamos que los gobiernos bolivianos que se nutren de la identidad "emotivista", transfieren responsabilidad a la comunidad internacional para solucionar su enclaustramiento, no obstante que ella propone a las partes seguir estrategias practicistas e integracionistas. Sin embargo, han sido escasos los gobiernos bolivianos que podrían calificarse de "emotivistas" desde la "revolución" de 1920, que inauguró una nueva forma de reivindicacionismo. Al contrario, la mayoría de los gobiernos bolivianos ha optado por las negociaciones con Chile, incluso bajo un escenario de ausencia de relaciones diplomáticas. El discurso "emotivista" es mucho más persistente en círculos académicos y políticos, se pueden hallar indicios de esta visión en libros y en la prensa, especialmente en determinados momentos históricos, como fue el centenario de la Guerra del Pacífico y el centenario del Tratado de 1904. Por lo mismo, han sido "factores externos" al campo de las relaciones internacionales, incluso al de la diplomacia, los que han influido en el discurso de la política exterior boliviana hacia Chile, tomando -a veces- un tono "emotivista".

Finalmente, desde una perspectiva más optimista, planteamos que el "emotivismo" debe volver a los cauces normales en Bolivia, entendiéndose como una postura minoritaria, particularmente cuando ambos países vuelvan a conversar y/o retomar la agenda de los 13 puntos, sin exclusiones. De este diálogo bilateral, que requiere de la participación de comunidades epistémicas diversas de ambos países, además, debería involucrarse seriamente el Perú como tercería, puesto que, como es ampliamente sabido, la solución de la mediterraneidad requiere de una participación peruana, especialmente por lo que prescribe el Protocolo Complementario del Tratado de 1929.

Consideramos que, como lo plantean algunos especialistas bolivianos, posiciones maximalistas, "emotivistas" o nacionalistas, tanto en Bolivia como en Chile, impiden encontrar soluciones creativas a los viejos problemas bilaterales.

 

Notas

1 Resultado proyecto Anillos SOC 1109, CONICYT.

2 Ese año "a pedido del gobierno de Bolivia, el secretario de Estado, Cordel Hull, entregó al Canciller de Chile, Fernández y Fernández, un memorándum sugiriendo un entendimiento directo para solucionar el problema portuario" (Escobari, 1978: 144), lo que fue respondido favorablemente por el Canciller chileno.

3 Ese año se realizaron las caravanas de la amistad entre Oruro e Iquique, apoyadas por ambos gobiernos centrales (González y Ovando, 2011).

4 La idea generalizada en Chile de que los "tratados son intangibles" puede interpretarse desde la crítica de Schmitt al internacionalismo liberal (Oro, 2005). Desde su crítica, Chile increpa a Bolivia si este cuestiona el Tratado de 1904, apelando a la semántica pacifista que esconde las relaciones de poder que inspiran a suscribir todo tratado y que se expresan en la formación de la legalidad internacional. Por ello, Schmitt se pregunta "quién dicta las reglas y para quién". Este sentencia que para la implementación de todo acuerdo internacional, "el liberalismo ha creado todo un arsenal semántico", un nuevo vocabulario esencialmente pacifista, "que ya no conoce la guerra sino únicamente ejecuciones, sanciones, expediciones de castigo, pacificaciones, protección de pactos, medidas para garantizar la paz ..." (Oro, 2005: 182-183).

5 Posiblemente la mayor influencia intelectual, entre los autores clásicos chilenos, con relación a la política vecinal, ha sido la de Jaime Eyzaguirre (1957).

6 Posiblemente, Paraguay sea un país donde también el "emotivismo" habría tenido un campo de expresión.

7 Para Peters (2003: 195), "estas comunidades son conceptualizadas como acuerdos sobre determinados cuerpos de conocimiento que pueden entonces funcionar como un mecanismo para imponer estas opiniones profesionales y científicas al gobierno" (Peters, 2003:195). Dentro de ellas se inscriben distintas entidades productoras de conocimiento respecto de cualquier campo de las RR.II. Para nuestro caso, estas promueven una determinada visión de la política exterior boliviana: sus amenazas, intereses, posibilidades etc.

8 Aunque cuando realistas neoclásicos, teóricos de las percepciones y transnacionalistas -en suma, las familias racionalistas- indican que las ideas, cultura, percepciones, instituciones, etc., constriñen las conductas de los Estados, a partir de su despliegue, están señalando que estos modifican solo la conducta de los actores y no sus propiedades (identidades e intereses, pues seguirán siendo egoístas e inspiradas en la autoayuda). En cambio, para las familias reflectivistas (constructivismo, posestructuralismo), de clara ontología ideacional, estos procesos sociales de subjetivación sí crean identidades alternativas a las egoístas.

9 Dentro de los "emotivistas" contemporáneos véase: Albarracin (2005); Becerra (2004, 2006); Ponce (1998); entre otros.

 

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Prensa escrita:

El Diario del sábado (25 de enero de 1919).

El Ferrocarril de Cochabamba (31 de enero de 1919).

El Diario de Oruro (12 de Junio de 1924) El Eco de Bolivia (9 de abril de 1920).

Revista América Economía.


Recibido el 25 de septiembre de 2015; Aceptado el 29 de diciembre de 2015.

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