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Estudios internacionales (Santiago)

On-line version ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.48 no.184 Santiago Aug. 2016

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2016.42568 

ARTICULOS

 

Problemáticas de autodeterminación en Timor Oriental y Sahara Occidental: Los contextos que propiciaron la intervención internacional*

 

Issues of self-determination in East Timor and Western Sahara: The contexts that led to international intervention

 

Camilo Andrés Devia Garzón

Profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos, Universidad Militar Nueva Granada. Magíster en Asuntos Internacionales, Universidad Externado de Colombia. Docente investigador de la Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, Universidad Militar Nueva Granada, Colombia. Correo electrónico: camilo.devia@unimilitar.edu.co.


Resumen

Este artículo pretende demostrar la existencia de elementos trasversales de análisis en los procesos históricos de Timor Oriental y Sahara Occidental, determinados por problemáticas relacionadas con el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Elementos como las características de la colonización europea, la salida de los poderes europeos y la posterior anexión por Estados vecinos, y la relativa relevancia internacional que adquieren los casos finalizando el siglo XX, muestran los elementos coincidentes que presagiaban un final similar para la problemáticas de autodeterminación en los dos casos de estudio, pero que en la realidad no se dio.

Palabras clave: autodeterminación de los pueblos - Sahara Occidental - Timor Oriental.


Abstract

This article aims to demonstrate the existence of transverse elements of analysis in East Timor and Western Sahara historical processes determined by issues related to self-determination of people's right. Elements such as European colonization characteristics, the departure of the European powers and the subsequent annexation by neighboring states and the relative international relevance acquired cases ending the twentieth century show matching items foreshadowing a similar ending to the self-determination problem for the two case studies but in reality did not happen.

Keywords: self-determination - Western Sahara - East Timor.


 

El ingreso de Timor-Leste a las Naciones Unidas, en 2002, marcó el final para un largo proceso de reivindicación del derecho de la autodeterminación, al instaurarse un nuevo Estado producto de la manifestación en la urnas de la voluntad popular, con el auspicio de una operación de paz de Naciones Unidas. Sin embargo, una situación con aparentes características similares en el continente africano no ha podido ser resuelta, luego de 24 años de intervención de las Naciones Unidas: el caso del Sahara Occidental. Este escrito pretende demostrar la existencia de elementos trasversales en los procesos históricos de Timor Oriental y Sahara Occidental, los cuales permitirán entender que las actualidades divergentes responden a problemáticas que van más allá de la libre determinación.

Para esto se analizarán, mediante la aplicación de un estudio de caso comparado, el período de la colonización europea en los dos territorios; la forma en que Portugal y España se retiran de los territorios para dar paso a una ocupación de Estados vecinos (Indonesia y Marruecos); para finalizar con los acontecimiento que permiten la manifestación internacional de cada una de las problemáticas y que serán definitivas para la intervención de las Naciones Unidas.

 

I. Características de los procesos de colonización

La colonización del territorio, que en la actualidad corresponde al Sahara Occidental y la isla de Timor, se enmarcó en el proceso de expansión de las potencias europeas y la búsqueda de recursos alrededor del mundo. Como fue elemento común, los europeos consideraban estas zonas como periféricas, despreciando a las poblaciones locales, manteniendo como única intención el recaudar los recursos presentes con el menor gasto posible. Este proceso permitió a España y Portugal conseguir constituirse como imperios y posicionarse como las potencias coloniales, en donde sus colonias fueron el pilar que sostenía su poderío.

Desde el siglo XV, España hace presencia en las Islas Canarias. A partir de allí se realizaron esporádicas expediciones en la costa africana, pero no se generó presencia permanente. El dominio español en el territorio del Sahara Occidental se remonta a 1884, cuando la Corona proclamó, mediante un Real Decreto, como protectorado la costa africana comprendida entre la Bahía del Oeste y Cabo Bojador (Martínez, 2007).

Salom (2003) identificó en factores económicos la principal causa para la configuración del Sahara español. El factor más antiguo, importante y expuesto de modo más explícito, es el económico, en una doble manifestación: una, muy real, que es la gran riqueza pesquera del banco canario-sahariano y la actividad a que daba lugar en el archipiélago; otro, solo como proyecto, referente al comercio que podría crearse mediante la instalación de factorías en aquel litoral Africano" (pág. 251).

Mapa 1. Sahara Occidental

La presencia portuguesa en Timor tiene sus inicios en el siglo XVI, cuando las primeras expediciones arriban a la isla. En ese momento, Timor se constituyó como un puesto de avanzada de Malaca, otra de las posesiones portuguesas en la zona del sudeste asiático. Su utilidad se reducía a la producción de sándalo y a ser un paso de relativa importancia para el comercio de esclavos. Solo hasta 1702 se formalizó la presencia de Portugal en el territorio, con la conformación del asentamiento de Lifau, administrado desde Goa, en la India (CAVR, 2005).

Mapa 2. Timor Oriental

Inicialmente, la presencia de España y Portugal, en ambos territorios, fue marginal. Sin embargo, circunstancias de seguridad crearon la necesidad de fortalecer la presencia de personal civil y militar. Ante los primeros intentos por establecer asentamientos de colonos, España y Portugal se encontraron con una fuerte oposición por parte de los habitantes: en el caso español de las distintas tribus nativas, y en el caso portugués, además de la población local, de otros europeos, los holandeses. Estos primeros enfrentamientos crearon la necesidad de incursionar, en ambos casos, con más personal y respaldados por fuerza militar que les permitiera consolidar sus respectivos dominios.

Históricamente, el territorio del Sahara Occidental se caracterizó por unas condiciones geográficas complejas, que impidieron la consolidación de algún poder político en la zona. Las diferentes tribus nómadas consiguieron mantenerse en sus formas tradicionales. Aunque las intenciones españolas no fueron establecer presencia militar, los ataques que las tribus locales realizaron sobre la primera instalación de factoría crearon la necesidad de contar con fuerzas que protegieran los intereses económicos de España (Martínez, 2007).

Cuadro 1. Las 10 tribus del Sahara Occidental

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del censo de 1974 en Segura, 1994.

La primera etapa de España en el Sahara se determinó por la posesión de solo tres puntos a lo largo de la costa africana1. No existió interés en apoderarse de territorio al interior del continente. El peso de la colonia era mínimo en los intereses españoles, de manera tal que, desde su llegada y hasta 1946, la administración del territorio estaba concentrada en un único alto comisionado que gobernaba desde el protectorado de Marruecos.

En el caso de Timor, la llegada de los holandeses fue el motivo para fortalecer la presencia militar de Portugal en la zona. La Compañía de las Indias Orientales llegó a Timor en el siglo XVII y se estableció en la zona occidental, creando el enclave de Kupang. Durante el siglo XVIII se dieron esporádicos enfrentamientos entre Portugal y Holanda, donde se destacó la batalla de Penfui en 1749 (Taylor, 2001). La defensa del territorio fue cobrando gran importancia para Portugal, por lo que su presencia militar fue paulatinamente en aumento para contrarrestar la amenaza holandesa.

Solo hasta 1886, Portugal decidió separar Timor del control de Goa (a 4.000 millas náuticas de distancia en la India) y establecer la administración real del territorio. A fin de fortalecer su dominio, Portugal reforzó las diferencias entre los diversos grupos locales y participó en los enfrentamientos bélicos entre ellos. Además, aplicó políticas coloniales de incremento en los impuestos y trabajos coercitivos para equiparar la ausencia de recursos que explotar. Sin embargo, esto generó el surgimiento de revueltas en algunos sectores2.

La consolidación de estos territorios coloniales representó para España y Portugal enfrentamientos con otras potencias coloniales europeas. Como ya se estableció, esta primera etapa bélica entre Holanda y Portugal continuó con un enfrentamiento por vías diplomáticas que solo se resolvió por la intervención de instituciones internacionales. Para el caso español, Francia defendió sus intereses como colonizador del norte de África, lo que solo se resolvió con la Conferencia de Berlín (1884-1885) y los posteriores acuerdos bilaterales.

La presencia simultánea de portugueses y holandeses desató, desde el siglo XVII, enfrentamientos entre ambos colonizadores. Con el fin de consolidar el dominio sobre toda la isla, cada uno de los Estados europeos emprendió acciones armadas. Cerca de 1650, Portugal y Holanda se resignan a aceptar una soberanía compartida de la isla, pero sin acuerdo sobre los límites entre ambos. Los holandeses se asientan en el occidente, estableciendo la capital en Kupang, y los portugueses al oriente, en Lifau, después denominada Dili.

Sin embargo, para inicio del siglo XIX, la situación de los límites en Timor comenzó a impregnar de nuevo las relaciones entre Holanda y Portugal. Los gobernantes de cada colonizador impulsaron enfrentamientos entre las poblaciones locales bajo su dominio. Entre 1847 y 1851, Portugal rechazó las negociaciones que Holanda proponía para resolver el tema. Recién en 1859 se acuerda el Tratado de Lisboa, donde se hace la primera delimitación. Sin embargo, quedan algunas áreas pendientes de delimitación, además del acuerdo sobre el manejo de los enclaves que Portugal y Holanda tenían en el territorio dominado por su contraparte, lo cual impedía una resolución completa del asunto (Burton, 1948).

En un nuevo Tratado de Lisboa, en 1893, se planteó una comisión mixta para que finalmente fijara la demarcación. La comisión emprendió su tarea entre 1898 y 1899, pero hubo desacuerdos entre las partes. En 1902, los dos Estados concertaron la conferencia en la ciudad de La Haya. Sin embargo, al no llegar a acuerdos definitivos, Holanda y Portugal acordaron someter el asunto a un arbitraje, y someterse a la decisión final del tribunal (Boundaries in the island of Timor, 1914).

En 1914, por decisión de la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya, finalmente se establecieron los límites al interior de la isla entre los dominios de cada una de las potencias. La parte occidental de la isla de Timor, con excepción de Oecusse (primer enclave portugués en la isla), estaría bajo el gobierno de Holanda, y la parte oriental, más Oecusse, bajo la dominación de Portugal. El fallo fue aceptado por las partes y finalizó con los enfrentamientos.

En cuanto al Sahara, la Conferencia de Berlín de 1885 se presentó como la oportunidad para legalizar la posesión española sobre el territorio del Sahara Occidental. Sin embargo, esta tarea no fue fácil, debido a los reclamos que Francia presentó sobre estos territorios. Ya la situación tenía antecedentes importantes. La expansión francesa en el norte de África terminó por chocar con las posiciones de España. En 1859, un primer enfrentamiento armado terminó con la paz de Tetuán. Tras la pérdida de sus otras colonias, el norte de África se convirtió en prioridad de la Corona española.

El siglo XIX se inició con el Tratado de París de 1900, donde empezó la negociación de los límites en el Sahara y Guinea:

Y después de ese primer tratado de 1900, se continuó con la actividad diplomática durante los años siguientes. Así, en 1902 se elaboró el proyecto de un nuevo tratado franco-español sobre Marruecos, que no se firmó por la oposición de Maura a hacerlo sin conocimiento de Gran Bretaña. Pero el acuerdo franco-inglés sobre el reparto del norte de África se firmó en abril de 1904, sin contar con España, y su consecuencia fue el acuerdo franco-español de octubre del mismo año, que fijaba las respectivas zonas de influencia en Marruecos (Martínez, 1998, pág. 172).

Los intereses de España y Francia estaban en función de mantener sus territorios coloniales en el norte de África, consiguiendo la delimitación más favorable posible de las fronteras. Las negociaciones evolucionaron de forma progresiva y son resueltas con el establecimiento del protectorado de Marruecos, en donde Francia y España se repartieron el territorio, y donde se legitimó el dominio de España sobre el Sahara.

La importancia del Sahara y Timor se va potenciando cuando el poderío de sus colonizadores empieza a ir en declive. Como lo analiza Morales (1991), es la Segunda Guerra Mundial el fenómeno que marcó el fin de los imperios coloniales europeos. El espíritu de la Carta de Naciones Unidas invitó a resolver las situaciones de descolonización en el mundo. Sin embargo, España y Portugal tratan de escapar de este proceso modificando el status jurídico de sus territorios. Los llamados de Naciones Unidas se hicieron reiterativos y cada vez más específicos, cuando finalmente incluyeron al Sahara español y al Timor portugués en su listado de territorios no autónomos y con descolonización pendiente3.

Varios hitos marcaron el hecho que España le otorgara mayor importancia al territorio del Sahara español. De un lado, Martínez (2007) identifica unas variables estratégicas (el valor que la zona adquirió en el marco de la Segunda Guerra Mundial). «A la ocupación del hinterland sahariano-marroquí, cuyo valor geoestratégico subía enteros en una coyuntura tan delicada como la Segunda Guerra Mundial» (pág.22), y también, la importancia como estatus que las colonias y protectorados tenían como imagen de poderío para las potencias. Y desde el aspecto económico, el descubrimiento de los yacimientos de fosfatos en el territorio del Sahara.

A fin de retener su poder sobre el Sahara dentro de la ola de descolonizaciones de mediados del siglo XX, España argumentó que el estatus del Sahara español era de provincia y no de colonia. Además, emprendió políticas gubernamentales para fomentar el desarrollo económico y social de la zona, a fin de fortalecer su posición. Sin embargo, estas acciones son consideradas muy tardías y no generaron reconocimiento de la población, dado que se identificó ampliamente el interés de retener la colonia4.

Portugal también se mantuvo al margen de los pedidos internacionales de descolonización realizados por Naciones Unidas, argumentando ser un Estado pluri-continental, a fin de retener sus posiciones, que todavía le otorgaban un estatus de importancia entre las potencias europeas. Para tal fin, el despliegue de tropas por todo el mundo fue un importante desgaste económico y político, y además internacional, por el aislamiento del que fue parte por el sistema de Naciones Unidas5.

Por su parte, Portugal también intentó aplicar políticas de desarrollo similares a las de España en el Sahara:

Solo hasta finales de 1950 fue posible identificar importantes cambios en las inversiones económicas, administrativas, sociales y culturales. En los veinte años que siguieron a la liberación de Goa, en 1961, estas inversiones se ampliaron para incluir las de educación y los primeros intentos de «industrialización», paralelo al refuerzo administrativo y la afluencia continua de la población hacia los centros urbanos (Carneiro, 2001, pág. 184. Traducción propia).

El proceso de colonización del Sahara por parte de España y de Portugal en Timor presenta características comunes. Partiendo por la poca importancia que se le dio a los territorios, debido a la ausencia de recursos. Los colonizadores nunca generaron formas de gobierno y de administración que les permitiera una fuerte presencia en cada uno de los territorios. Los procesos fueron lentos y nunca se intentó el desarrollo de infraestructura, de ningún tipo, que permitiera mejorar las condiciones de las colonias.

Al final de esta etapa de colonización europea, la importancia de las colonias fue puramente estratégica para españoles y portugueses. Entrado el siglo XX, como las históricamente grandes potencias colonizadoras, España y Portugal mantenían sus posesiones como forma de poderío ante el rezago económico en el que se encontraban. La tenencia de posesiones coloniales permitía mantener su estatus y, por lo tanto, se aferraron al dominio, sumado a la aparición de recursos importantes como los fosfatos en Sahara.

 

2. La salida de las potencis europeas

Si bien los procesos de colonización tienen grandes similitudes en los casos de Timor y el Sahara Occidental, las causas que provocaron la salida de Portugal y España de estos territorios son divergentes. Para Portugal, el proceso respondió a condiciones de crisis al interior de su Estado. En cambio, para España su salida del Sahara fue producto de la presión del entorno internacional.

En 1974 se produjo en Portugal la Revolución de los Claveles, movimiento caracterizado por ser un golpe militar, aunque con amplio apoyo de la población. La revolución terminó con el Estado Novo (1933-1974), como se conoció al período de la dictadura de António de Oliveira Salazar, y al breve gobierno de su sucesor, Marcelo Caetano. El general António de Spínola tomó el poder e inicio una serie de reformas a fin de modernizar el Estado portugués, rezagado por las dinámicas que envolvían al resto de Europa6.

Mientras que la Revolución de los Claveles inicialmente transcurrió sin problemas en Portugal, los meses y años que siguieron fueron de inestabilidad política importante, con sucesivos gobiernos y cayendo, hasta que el Partido Socialista llegó al poder en 1982. Esta inestabilidad limitó la capacidad de Portugal para hacer frente eficazmente a los acontecimientos ocurridos en Timor. Esto sumado a la desestabilización activa de Indonesia, no permitió que Portugal tuviera la capacidad de poner en práctica un proceso de descolonización (CAVR, 2005, pág. 13. Traducción propia).

El mantenimiento del esfuerzo militar para retener sus colonias en Angola, Guinea Bissau y Mozambique era ya insostenible con las condiciones internas. Desde el gobierno del general Spínola, se emitió el Decreto 203/1974 y la Ley 7/1974, que estableció la política de descolonización de sus dominios, basada en el principio de libre determinación de los pueblos7.

En el caso del Sahara, la presión internacional fue el factor que llevó a que España se retirara del territorio del Sahara Occidental. Con su independencia de Francia y España, en 1956, Marruecos se convirtió en un importante actor del proceso del Sahara8. Con el establecimiento de la monarquía, Mohamed V reclamó el territorio del Sahara Occidental para el dominio marroquí como parte del proyecto del Gran Magreb, petición que llevó ante Naciones Unidas, en 1957.

A partir de 1960, Naciones Unidas comenzó con los llamados para la descolonización. Mirayes (2007) comenta al respecto:

La comunidad internacional reclama a España la descolonización del Sahara Occidental. En 1960, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la resolución 1514 (XV), en la que se proclama el derecho a la libre determinación e independencia de los países y pueblos coloniales. En 1963, la Asamblea General incluye al Sahara Occidental entre los territorios no autónomos pendientes de descolonizar. Y en 1965, por primera vez, la Asamblea General aprueba la Resolución 1514 (XV), declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, resolución instando a España a iniciar el proceso descolonizador (pág. 6).

En el transcurso de la década, los llamamientos de Naciones Unidas a España respecto de la descolonización del Sahara Occidental se hacen sistemáticos. Y desde este temprano momento, Naciones Unidas estableció la necesidad de la autodeterminación de la población por medio de una consulta. Con la Resolución 2229 (XXI), comienza el reclamo por la realización de un referéndum de autodeterminación, a través del cual la población decidiera entre la independencia o ser parte de Marruecos. El numeral tercero de la resolución establece:

Invita a la potencia administradora a determinar, lo antes posible, de conformidad con las aspiración de la población autóctona del Sahara español y en consulta con los gobiernos de Marruecos y de Mauritania, y con cualquier otra parte interesada, los procedimientos para la celebración de un referéndum bajo los auspicios de las Naciones Unidas, con miras a permitir a la población autóctona del territorio que ejerza sin trabas su derecho a la libre determinación (Cuestión de Ifni y el Sáhara Español, 1966).

Ante este panorama, las poblaciones del Sahara y Timor se vieron en la necesidad de organizarse social y políticamente para adaptarse a esta nueva situación. Los procesos de descolonización no fueron iniciados por un reclamo popular, sino por factores externos a las dos sociedades. En el contexto en que la descolonización se hacía inminente, la población de cada uno de los casos inició la configuración de los movimientos políticos que pudieran asumir el poder político en la vida independiente posterior.

En Timor se desarrollaron tres movimientos con proyectos diametralmente distintos. Primero, el Frente Revolucionario para la Independencia de Timor-Leste (FRETILIN), con la iniciativa de la creación de un Estado independiente y autónomo. El segundo, la Unión Democrática de Timor (UDT), que propugnó por una autonomía gradual bajo la supervisión de Portugal. Y el tercero, la Asociación para la Integración de Timor con Indonesia (APODETI), que proponía la incorporación de Timor como provincia indonesia (Durand, 2011).

De marzo a julio de 1975, las autoridades portuguesas en proceso de salida organizaron elecciones locales en Timor Oriental para elegir a las autoridades a las cuales Portugal transferiría la autoridad sobre el territorio. El FRETILIN ganó con el 55% de los votos. El UDT no aceptó los resultados e intentó un golpe armado. Las acciones armadas terminaron con el arresto de 80 miembros del FRETILIN, incluido Xanana Gusmao, quien se convertirá en uno de los personajes relevante en la historia de Timor (Kiernan, 2004).

Se desencadenó, entonces, un enfrentamiento armado entre los diferentes grupos recientemente creados en Timor. Portugal, que no quería verse envuelto en otra guerra en sus colonias, rápidamente abandonó el territorio y se desentendió de la situación. Después de tres semanas de enfrentamientos, el FRETILIN triunfó militarmente y declaró la independencia de Timor, el 28 de noviembre de 1975.

A diferencia de lo ocurrido en Timor, en el Sahara la población se aglutinó en torno a un único proyecto político: la independencia. Como lo analiza Mirayes (2007), en 1968 se configuró el Movimiento Nacional de Liberación Saharaui (MNSL), liderado por Mohamed Sidi Brahim Basiri, con acciones de resistencia pacífica hacia el dominio español. Las manifestaciones organizadas por el MNSL son reprimidas por las tropas españolas, que encarcelan a Basiri. Sin embargo, este movimiento se convirtió en el antecesor del Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, Frente Polisario, establecido en 1973.

El Frente Polisario se convirtió, desde entonces, en el movimiento que aglutinó a la población desde lo político. Al respecto, Currea Lugo (2011) expone:

El plan de acción del Polisario incluye la construcción de un Estado saharaui que bebería de las aguas del marxismo-leninismo y del arabismo, se serviría de la lucha armada para lograr sus propósitos y se sumaría a la lucha antiimperialista y anticolonialista. En octubre de 1975, el viejo poder, representado en los poderes tribales, desapareció formalmente; los líderes tradicionales claudicaron ante el Frente Polisario y lo reconocieron como única organización válida y representante del pueblo saharaui (pág. 109).

A partir de 1974, retener el Sahara se fue haciendo una tarea cada vez más compleja para España. Los reiterados pronunciamientos de Naciones Unidas ejercieron presión sobre el gobierno español. Jaime de Piniés, embajador de España en Naciones Unidas, anunció la complacencia de su gobierno con la realización del referéndum de autodeterminación para la población saharaui para 1975.

En estas circunstancias se produjo, en el mes de mayo de 1975, la llegada al Sahara de una misión visitadora de Naciones Unidas, cuyo fin era elaborar un informe sobre su situación, que sirviera como base al Consejo de Seguridad sobre el camino a seguir. Durante los días 12 al 21 de ese mes recorrieron el territorio saharaui, siendo testigos de la espectacular eclosión del Frente Polisario y de su extraordinaria capacidad movilizadora y organizativa, muy superior a lo que esperaban las autoridades españolas (Fuente, 2011, pág. 7).

Marruecos, a fin de encontrar alternativas a la realización del referéndum que contrariaba sus aspiraciones sobre el territorio del Sahara, buscó integrar a sus vecinos en la situación y darle impacto internacional al tema. Como lo sostiene Fuente (2011), Marruecos ofreció a Mauritania la repartición del Sahara Occidental a cambio de su apoyo. Posición que comenzó con el quiebre regional, debido a que Argelia, como el tercer actor de importancia, tomó partido por la causa de la autonomía saharaui.

Ante esta situación, Naciones Unidas somete el asunto del Sahara Occidental a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), para que defina el estatus del territorio antes de la colonización española y determinar si las pretensiones de Marruecos y Mauritania eran válidas. La opinión consultiva de la CIJ respecto del asunto del Sahara Occidental de octubre 1975 determinó:

Que en el momento de su colonización, el Sahara Occidental estaba habitado por pueblos que, aunque eran nómadas, estaban organizados social y políticamente en tribus y tenían jefes competentes para representarlos; que España no actuó sobre la base de establecer su soberanía sobre terra nullius: por eso, en su decreto de 26 de diciembre de 1884, el rey de España proclamó que estaba tomando el Río de Oro bajo su protección, sobre la base de acuerdos concertados con los jefes de las tribus locales (Caso relativo al Sahara Occidental, 1975).

Además, la opinión consultiva negó la existencia de cualquier vínculo jurídico de soberanía territorial entre el territorio del Sahara Occidental con Marruecos o con Mauritania. El fallo, por lo tanto, dejaba abierta la posibilidad de la realización del referéndum de autodeterminación.

 

3. La anexión: los vecinos se apoderan del territorio

Los contextos históricos de los dos casos de estudio demostraban la proximidad de la independencia. Para el inicio de 1975, las potencias coloniales daban pruebas de estar preparando la salida de los territorios y de traspasar la soberanía a los nuevos actores locales. En el Sahara, Marruecos y Mauritania ya habían establecido sus pretensiones, las cuales, aunque fueron desestimadas por la CIJ, no dejaban de estar presentes. En el caso de Timor, Indonesia se convirtió progresivamente en un actor fundamental de la situación que expresó y ejecutó sus intenciones de tener bajo su poder la parte oriental de la isla de Timor.

Estos nuevos actores, Marruecos y Mauritania, de un lado, e Indonesia, de otro, iniciaron una intensa campaña internacional para asegurar sus pretensiones. Ninguna de las partes tenía prevista la consulta de la población de los territorios, por lo cual establecieron comunicación directa con los colonizadores en proceso de salida y con Estados Unidos como la potencia del sistema, en el marco del enfrentamiento bipolar de la Guerra Fría. Marruecos e Indonesia, con la complacencia de Estados Unidos, recurren a la fuerza para asegurarse el dominio de los territorios de Timor Oriental y del Sahara Occidental, dominio que lograrían perpetuar, en el primer caso, por casi 25 años, y en el segundo, hasta la actualidad.

Indonesia inició una serie de reuniones diplomáticas que le permitieran hacerse con el territorio de Timor Oriental, justificado bajo el argumento de la preservación de la integridad territorial, debido a que la isla de Timor hacía parte de la Gran Indonesia y, por lo tanto, correspondía a su jurisdicción después de la salida de Portugal (Kiernan, 2004), soportado en las características geopolíticas de Indonesia, que es un Estado que agrupa más de 17 mil islas y que no podía permitir Estados independientes que contagiaran a otras partes de su territorio multicultural.

En las conversaciones de 1975, en Londres, entre Indonesia y Portugal, ya se había llegado a un acuerdo verbal entre la partes para que Indonesia se hiciera con el control de la isla (Crespigny, 1999). Indonesia apoyó al APODETI para que se hiciera con las elecciones organizadas por Portugal y, ante los resultados adversos, apoyó con el fallido golpe armado.

Con la intempestiva salida de Portugal, y con la independencia proclamada por el FRETILIN, en Indonesia se comenzó a planear una intervención militar con la que se lograra el control del territorio. Para conseguir la aprobación internacional de la intervención, el Presidente Suharto emprendió, desde mediados de 1975 -cuando ya Portugal expresó su intención de descolonizar finalmente el territorio de Timor Oriental-, una intensa campaña diplomática.

Suharto se reunió en varias ocasiones con el Presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, y con el secretario de Estado, Henry Kissinger, para discutir los asuntos relacionados con el sudeste asiático (Kiernan, 2004).

El 5 de julio, en reunión con el Presidente Gerald Ford, en Camp David, durante su visita de Estado a los Estados Unidos, el Presidente Suharto de Indonesia describió la política hacia Timor-Leste. Concluyó su discurso con la frase: «Así que la única manera es la integración con Indonesia» (CAVR, 2005, pág. 38. Traducción propia).

En el marco de los problemas de Estados Unidos en Vietnam, Suharto argumentó que los líderes del FRETILIN tenían la intensión de instaurar un régimen comunista, aunque esto nunca fue claro9. Bajo esta consideración, Estados Unidos incrementó el apoyo militar y económico a Indonesia, y realizó pronunciamiento sobre la amenaza de otro foco comunista en la región. Varios documentos diplomáticos establecen que el gobierno de Estados Unidos dio luz verde a la acción de Suharto.

Australia también conoció de los planes de Suharto en reuniones personales entre los mandatarios. El 2 de diciembre advirtió a los extranjeros presentes en la capital Dili que abandonaran la Isla de Timor por motivos de seguridad.

Suharto se reunió dos veces con el primer ministro australiano, Gough Whitlam, durante el período 1974-1975. En su reunión, Suharto sugirió explícitamente que Indonesia y Australia tenían intereses estratégicos idénticos en Timor portugués: una Timor-Leste independiente sería presa fácil para China o la Unión Soviética y, por lo tanto, «una espina en el ojo de Australia y una espina en la parte posterior de Indonesia» (CAVR, 2005, pág. 36. Traducción propia).

El 7 de diciembre de 1975, Indonesia capitalizó su intención de ocupar militarmente la parte oriental de la isla de Timor para anexarla a su territorio nacional. La operación fue un ataque a gran escala, que involucró tropas con apoyo aéreo y marítimo, que rápidamente acabaron con la débil resistencia y tomaron las principales ciudades en pocos días. Se produjeron ejecuciones arbitrarias de civiles y asesinatos en masa, los líderes del FRETILIN huyeron de la capital y se refugiaron en las montañas.

El 7 de diciembre de 1975, 20 buques de guerra y 13 aviones atacaron la ciudad de Dili. Diez mil soldados indonesios participaron en la ofensiva. El 8 de diciembre, dos corbetas salieron de Ataúro, evacuando a los últimos portugueses de la isla de Timor. Esto demuestra que, contrariamente a lo que muchas veces se ha escrito, el ejército indonesio no invadió hasta que se dio la salida de Portugal de Timor Oriental (Durand, 2011, pág. 9. Traducción propia).

La invasión fue rechazada por Naciones Unidas, la cual se pronunció llamando a Indonesia a sacar las tropas y respetar el principio de autodeterminación del pueblo de Timor. Sin embargo, no se tomaron medidas para presionar a Indonesia a cumplir (CAVR, 2005). El 31 de mayo de 1976, Indonesia declaró el territorio de Timor Oriental como su provincia número 27.

A partir de la invasión, el FRETILIN se reorganizó en las montañas. Plantearon una estrategia de lucha guerrillera y de concentración en la zonas liberadas del territorio de Timor Oriental. Contaban con el apoyo de la población civil, que nunca fue integrada al proyecto indonesio. El FRETILIN se convirtió en el movimiento que congregó a la población en torno al rechazo de la invasión y en la constante búsqueda de la autodeterminación.

Por otra parte, en el caso del Sahara Occidental, la campaña internacional de Marruecos comenzó con la gestión del asunto en Naciones Unidas. Con el apoyo de Mauritania y ante la iniciativa del referéndum, ya apoyada por España, a la que se sumó la opinión consultiva adversa de la CIJ, Marruecos planteó la estrategia para hacerse con el control del territorio del Sahara Occidental:

A pesar de este revés jurídico, el gobierno marroquí decidió generar una estrategia que combinaba varios elementos: el nacionalismo marroquí, la movilización social, la muestra a la comunidad internacional de la indiscutible determinación de anexar el Sahara Occidental: la llamada Marcha Verde (Currea-Lugo, 2011, pág. 109).

En noviembre de 1975, tiene lugar la denominada Marcha Verde. Hasan II se pronunció ante la población marroquí haciendo un llamado a recuperar el territorio del Sahara Occidental. A fin de tranquilizar cualquier inquietud internacional, Hasan II aseguró que esta acción se llevaría a cabo de forma pacífica y solo con respaldo popular. «Durante 12 días y hasta el 3 de noviembre de 1975, en la denominada Marcha Verde, 350.000 participantes -lo que Hassan II llamó 'la cosecha de un año'- fueron trasladados desde distintos rincones del reino hasta Marrakech, en el sur del mismo, y desde allí hasta Agadir y luego hasta Tarfaya» (Fuente, 2011, pág. 8).

Los 350 mil civiles marroquíes llegaron hasta la frontera, donde se detuvieron. Sin embargo, los 125 mil soldados que respaldaban la manifestación cruzaron violentamente la frontera y tomaron por la fuerza el control del territorio. La población saharaui debió refugiarse en Argelia, donde posteriormente se levantan los campamentos que perduran hasta la actualidad. Naciones Unidas realizó un llamado para que Marruecos se retirara del Sahara Occidental, pero no fue atendido. La resolución 380 del 6 de noviembre de 1975, señala que: «1. Deplora la realización de la marcha; 2. Insta a Marruecos a que retire inmediatamente del territorio del Sahara Occidental a todos los participantes de la marcha» (Situación del Sahara Occidental, 1975).

Ante la amenaza de reclamos por Ceuta y Melilla, España se vio obligada a tener con Marruecos una serie de conversaciones relativas al asunto de Sahara Occidental, que desembocaron en los «Acuerdos de Madrid». España decidida a abandonar el territorio, le cedió la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania.

En los denominados «Acuerdos de Madrid», el gobierno español aceptó abandonar, antes del 28 de febrero del año siguiente, lo que hasta entonces se había denominado como Sahara español. Marruecos se quedaba con el norte del territorio, donde iba a establecer tres provincias -Aaiun, Smara y Bojador-, nombrando en cada una de ellas un gobernador en una organización administrativa similar a la del resto del reino. Por su parte, Mauritania asumió el control de la parte sur, a la que denominó Tiris El Gharbia, creando en ella una administración común con la Mauritana con tres departamentos, Dajala (Villa Cisneros), Auserd y Aargub. Por su parte Güera, en la península del Galgo, fue unida al departamento mauritano vecino de Nuadibú (Fuente, 2011, pág. 9).

El 26 de febrero de 1976, España abandonó el territorio del Sahara Occidental. Al día siguiente, el Frente Polisario proclamó la instauración de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). El Frente Polisario se erigió como el movimiento de gobierno y contrario al FRETILIN, con una inclinación política socialista. Además, el Polisario se convierte también en la cabeza de la lucha armada contra Marruecos y Mauritania, enfrentando a ambos ejércitos en una guerra que llegó hasta 1988.

Ante las victorias militares que el Polisario logró en la guerra, y dada la situación de inestabilidad interna, Mauritania no contó con más alternativas que abandonar su pretensión sobre el Sahara y dejar la guerra, con la firma de un acuerdo de paz, en agosto de 1979, en donde se comprometió a poner fin a su ocupación de la parte del Sahara que le había correspondido. Ante esta situación, Marruecos ocupó la zona que correspondía a Mauritania, justificando una extensión de los Acuerdos de Madrid.

 

4. Hechos que desembocan en el establecimiento de las operaciones de paz

El marco de la Guerra Fría determinó que los procesos de anexión de los territorios de Timor y Sahara Occidental, por parte de Indonesia y Marruecos, pudieran perpetuarse y mantenerse. Tanto el Frente Polisario como el FRETILIN fueron acusados de ser proyectos comunistas, lo que representó que las anexiones fueran aceptadas o, por lo menos, no perseguidas por los países de Occidente. Marruecos e Indonesia fueron fortaleciendo sus relaciones comerciales y diplomáticas con Estados Unidos, afianzando de esta forma sus posesiones.

Desde 1975, estas realidades parecen congeladas en el tiempo y solo adquieren relevancia internacional cuando el conflicto bipolar finalizó en la última década del siglo XX. Diversos hechos determinan que los asuntos regresen con fuerza a la órbita de Naciones Unidas y que se logre el establecimiento de las respectivas operaciones de mantenimiento de paz.

Después de la victoria que el Frente Polisario logró con el Tratado de Paz que retiró a Mauritania del conflicto, la ofensiva de Marruecos fue creciendo en importancia (Fuente, 2011). Para 1980, los combates entre el Polisario y Marruecos fueron batallas a gran escala y con una duración prolongada tanto en territorio del Sahara Occidental (Guelta, Bir Enzaran, Mahbes y Tifarirti), como en territorio marroquí (Tantan, Lemseyid, Ras el Janfra, Leboirat y Zak). El Frente Polisario, con poder militar mucho menor que el de Marruecos, pudo tener la capacidad de combatir en igualdad de condiciones y de incluso dar importantes golpes a Marruecos. Todo gracias al apoyo financiero y logístico que Argelia y Cuba le brindaron (Maghraoui, 2011).

En el frente de guerra, el Polisario desarrolló una guerra de desgaste contra Marruecos con importantes victorias militares. Sin embargo, Marruecos desarrolló una guerra en la que poco se respetó el derecho internacional humanitario. La feroz ocupación marroquí se acompañó de crímenes contra la población civil y del uso de napalm, al punto que los saharauis se vieron obligados a huir de sus tierras, camino de la única salida posible: la frontera argelina (Currea-Lugo, 2011, pág. 110).

Otro factor que contribuyó al cambio de la lucha frontal del Poli-sario hacia la lucha clásica de guerrillas tiene que ver con la construcción de un muro que separó el territorio marroquí del controlado tradicionalmente por el Frente Polisario. Para 1987, Marruecos terminó la construcción de seis muros de defensa que cuentan con una longitud de más de 2.000 kilómetros, que fueron fundamentales para impedir las incursiones del Frente Polisario en el territorio del Sahara Occidental y en el sur de Marruecos, territorios habituales de sus incursiones (Fuente, 2011).

Sin embargo, el Frente Polisario rápidamente se adaptó a estas nuevas dinámicas e implementó, de forma efectiva, la lucha de guerrillas. El ejército de Marruecos nunca estuvo cerca de acabar militarmente con el Frente Polisario, que pudo perpetuar la guerra por casi dos décadas. La población saharaui, en su mayoría refugiada en los campamentos en Argelia, se identificó con la lucha por la autodeterminación y apoyó al Frente Polisario y a la configuración de la RASD.

El período de la anexión de Timor Oriental por parte de Indonesia tiene características distintas. Si bien el FRETILIN y las Fuerzas Armadas de Liberación e Independencia de Timor (FALINTIL), como el brazo más radical, intentaron mantener la resistencia contra la invasión, nunca pudieron desarrollar enfrentamientos frontales con las tropas indonesias. Para estos movimientos, la lucha guerrillera fue la única opción que les permitió la supervivencia, siempre con la amenaza cercana de ser eliminados por el ejército de Indonesia.

Durante casi 25 años (1975-1999), la presencia de Indonesia en Timor Oriental se mantuvo mediante la fuerza. La presencia militar fue siempre significativa, entre los 30 y 40 mil soldados. En su informe, la Comisión para la Acogida, la Verdad y la Reconciliación (CAVR), estableció que durante la anexión el número de muertes por causa del conflicto llegó al 10% de la población, y el desplazamiento llegó a afectar a la mitad. Además, se cometieron múltiples atentados contra las guerrillas y la población en general, como detenciones, torturas, violaciones a la propiedad, reclutamiento forzado y violaciones sexuales.

El gobierno de Indonesia nunca generó políticas para incluir a la población timorense y lograr ganar su aceptación. Por el contrario, la violencia generalizada y la exclusión llevaron al apoyo de la lucha del FRETILIN por la gran mayoría de la población. Pocas fueron las alternativas de generar conversaciones entre las partes, como el alto al fuego de 1983, pero nunca tuvieron la solidez necesaria y el conflicto perduró.

Para finales de los ochenta, el período de la Guerra Fría entró en su fase terminal. La distención en el sistema internacional permitió un nuevo aire para Naciones Unidas. Por varias décadas, el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética puso un prisma de dicotomía a todas las realidades internacionales. Con la distención del Consejo de Seguridad se dio cabida al análisis de problemáticas de otro tipo, entre ellos los conflictos de autodeterminación como los casos de Timor Oriental y Sahara Occidental.

Para los dos casos de estudio, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas finalmente autorizó la activación de operaciones de mantenimiento de paz con la finalidad de establecer las condiciones para que las poblaciones de los dos territorios pudieran, mediante consultas, establecer su futuro. Pero son varios los hechos que se deben analizar como los detonantes para que, además de la distención, se visibilizara la relevancia internacional de los conflictos para que estos tuvieran cabida en Naciones Unidas.

Desde los ochenta, el Frente Polisario desarrolló una doble tarea. Por un lado, un conflicto armado cuyo propósito fue desgastar al ejército marroquí mediante la lucha guerrillera. Y de otro, una importante ofensiva internacional en la que se buscó el respaldo internacional a la posición saharaui y el reconocimiento de la RASD como Estado y actor internacional.

Dentro de esta segunda tarea, el Frente Polisario también logró victorias significativas, consiguiendo el reconocimiento como Estado de diferentes gobiernos alrededor del mundo y, quizás la más significativa, la inclusión de la RASD dentro de la Organización de la Unidad Africana (OUA) en 1984. Este hecho propició el retiro de Marruecos de la misma.

Cuadro 2. El posicionamiento internacional de la RASD

Fuente: elaboración propia a partir de la información de la Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática en México.

En el plano de la confrontación militar, para ambos bandos el desgaste por la guerra en el desierto llegó a convencerlos de que la victoria militar sobre el otro era imposible y que la guerra podría mantenerse indefinidamente. Con el apoyo de Naciones Unidas y de la OUA, se organizaron las primeras conversaciones indirectas entre las partes.

El 30 de agosto de 1988, el secretario general de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, junto con el presidente de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización para la Unidad Africana, obtuvieron de las dos partes su «aceptación de principio» a un proyecto de plan de paz para la celebración de un referéndum de autodeterminación en el territorio. En base al mismo, presentaron al Consejo de Seguridad un «Plan de Arreglo», que fue aprobado y aceptado ese mismo día (Fuente, 2011, pág. 10).

Este «Plan de Arreglo» se basó en el alto al fuego entre el Frente Polisario y Marruecos, que sería garantizado por personal de Naciones Unidas, y la posterior realización de referéndum de autodeterminación justo e imparcial, siguiendo el censo realizado por las autoridades españolas en 1974.

Para el caso de Timor, la distensión post Guerra Fría se sumó a una serie de factores que confluyeron para dar importancia internacional al conflicto. Y el primero de estos hechos fue la masacre del cementerio de Santa Cruz. El 12 de noviembre de 1991, durante las exequias de Sebastião Gomes, líder del FRETILIN, y aprovechando la llegada del delegado especial de Naciones Unidas para Derechos Humanos, Pieter Kooijmans, se realizó una demostración masiva de rechazo a la anexión indonesia. Lo que empezó como una manifestación pacífica fue fuertemente reprimida por el ejército indonesio, dejando como saldo 271 muertos, 382 heridos y 250 desaparecidos (Durand, 2011).

El hecho adquirió un importante impacto internacional debido a que el periodista Max Stahl tomó registro fílmico de la masacre y fue difundida por la televisión mundial.

Las imágenes transmitidas por la televisión de Estados occidentales provocaron protestas de países como Canadá y Holanda. Esto derivó en que Estados Unidos congelara su ayuda militar a Indonesia. Bajo la presión internacional, y después de haber negado inicialmente la importancia del evento, el general Suharto se vio obligado a crear una comisión de investigación, que trabajó bajo el control del ejército (Durand, 2011, pág. 12. Traducción propia).

Otro de los sucesos que determinaron la atención mundial sobre Timor fue el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al Obispo Carlos Filipe Ximenes Belo y a José Ramos-Horta, por sus trabajos para la consecución de una solución pacífica al conflicto en Timor. En el discurso de presentación de estos premios, se señaló que:

El conflicto en Timor Oriental ha sido llamado «el conflicto olvidado». Pocas veces el cinismo de la política mundial ha sido más claramente demostrado [...] Este año fueron laureados dos personajes con el Premio Nobel de la Paz, Carlos Filipe Ximenes Belo y José Ramos-Horta, quienes han trabajado incansablemente y con gran sacrificio personal por su pueblo oprimido. En condiciones extremadamente difíciles, ellos han conservado su humanidad y la fe en el futuro (CAVR, 2005, pág. 121. Traducción propia).

La CAVR (2005) identificó un tercer aspecto: la captura de José Alexandre Xanana Gusmão. Fue el más importante golpe que Indonesia le dio a la resistencia. Sin embargo, Gusmão se convirtió en un ícono que le dio visibilidad y apoyo internacional a la causa de la autodeterminación de Timor. Xanana permaneció recluido en la prisión de alta seguridad de Cipinang, en Yakarta, y posteriormente sería elegido presidente de Timor-Leste.

Finalmente, un cuarto aspecto sería la visita del Papa Juan Pablo II a Dili, en 1989. Y es que con la anexión de Indonesia, la población de Timor-Leste reforzó su tradición católica, producto de la herencia colonial portuguesa, como forma de resistencia ante el invasor, que tiene una amplia mayoría musulmana. Dentro de los viajes del Papa por varios destinos asiáticos, su visita a Dili fue seguida con particular interés.

La visita del Papa Juan Pablo II a Timor-Leste, el 12 de octubre 1989, fue un momento de gran alivio y alegría para muchos. También fue un momento histórico, ya que fue la única visita de un jefe de Estado a Timor-Leste en todo el período de la ocupación. La gran comitiva de medios internacionales que viajó con el Papa dio una publicidad sin precedentes. Las expectativas eran altas. Partidarios de la independencia esperaban poder denunciar la ocupación de Indonesia. Indonesia esperaba el reconocimiento de la integración con la incorporación de la Iglesia en Timor-Leste en la Conferencia Episcopal de Indonesia (CAVR, 2005, pág. 112. Traducción propia).

 

Conclusión

Timor Oriental y Sahara Occidental presentan unas características históricas con importantes coincidencias. Una colonización en la que Portugal y España, respectivamente, no se interesaron, debido a la escasez de recursos para explotar, pero que se mantenía por la fuerza de ser potencias coloniales y por los aspectos estratégicos, factores que van a marcar el intento de retener estos territorios frente a la ola de descolonización de mediados del siglo XX. España y Portugal también compartieron como característica su salida intempestiva y en donde dejaron, directa o indirectamente, la autoridad política a Estados vecinos. España acordó la repartición del Sahara español entre Marruecos y Mauritania; mientras que Portugal se retiró de Timor, dejando vía libre a la anexión por parte de Indonesia.

Timor Oriental y Sahara Occidental permanecieron bajo el dominio de Indonesia y Marruecos, respectivamente. Una imposición que no fue aceptada por la unanimidad del sistema internacional, ni legalizada por Naciones Unidas, pero que tuvo la complacencia de los poderes globales y regionales como una forma de mantener la seguridad en las regiones respectivas. Todo esto impregnado por las dinámicas propias del período de la Guerra Fría y las características del sistema internacional de la época.

Con trayectorias históricas de comportamientos muy similares es muy válido preguntarse por qué fue posible resolver la situación de autodeterminación en Timor y por qué no ha sido posible terminar con la del Sahara Occidental. Y la respuesta debe buscarse, entonces, en las características propias de la intervención internacional por medio de las operaciones de paz de Naciones Unidas.

 

Notas

* El presente artículo contiene parte de los hallazgos de la tesis «Análisis de las operaciones de paz de Naciones Unidas en conflictos derivados del ejercicio del derecho de libre determinación de los pueblos: los casos de Timor Oriental y Sahara occidental», investigación realizada para optar al título de Magíster en Asuntos Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

1 Hasta el siglo XV, la presencia española en el Sahara Occidental se constituyó sobre dos lugares: la torre de Santa Cruz de Mar Pequeña (1478) y la de San Miguel de Asaka (1499). «En noviembre de 1884, coincidiendo con el comienzo de la Conferencia de Berlín, una expedición al mando del teniente Emilio Bonelli Hernando, en nombre del gobierno de España y como representante de la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas, tomó posesión de la Península de Río de Oro, construyendo en la orilla oriental una caseta de madera como primer establecimiento español, bautizando el nuevo enclave con el nombre de Villa Cisneros» (Blanco, 2012).

2 El más grande de estos movimientos se inició en 1911, bajo el liderazgo de Dom Boaventura. El gobernador Filomeno da Câmara continuó con el incremento de los impuestos y estableció trabajos forzados en las plantaciones de café (producto que no era nativo y que fue cultivado a la fuerza). Boaventura, como líder de Manufahi, se unió con los reyes de Camenasse y Raimean. El gobernador recibió refuerzos desde otras colonias portuguesas. La resistencia es finalmente sofocada hasta 1913. Se estima que de 15 mil a 25 mil personas murieron en la rebelión (Durand, 2011, pág. 5).

3 «La Carta de Naciones Unidas trata también sobre la cuestión relativa a otros territorios no autónomos que no se habían incorporado al régimen de administración fiduciaria, que son en realidad todos los territorios coloniales [...] Se establece así, como se ve, que todos los miembros de Naciones Unidas que administraran territorios cuyos pueblos no hubieran alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio, reconocieran el principio de que los intereses de los habitantes de tales territorios estaban por encima de todo y aceptaban como un encargo sagrado la obligación de promover, en todo lo posible, el bienestar de los habitantes de esos territorios [...] En 1946 ocho Estados miembros: Australia, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Nueva Zelanda, Países Bajos y Gran Bretaña, enumeraron los territorios bajo su administración, que consideraban territorios no autónomos y se comprometieron a enviar información sobre ellos a Naciones Unidas. En total se enumeraron 74 territorios, de los cuales ocho se independizaron entre 1946 y 1959, mientras que el resto lo fueron haciendo a lo largo de los años siguientes» (Martínez, 1995, págs. 90-91).

4 «En enero de 1958 cuando, por decreto de presidencia del gobierno, Ifni se convirtió en provincia española, junto al Sahara Occidental, en un intento por fortalecer nuestra soberanía en un territorio que, en pleno contexto internacional de descolonización, empezaba a tambalearse. Inició entonces, en el seno del franquismo, toda una campaña propagandística que orquestaría un conjunto de ideas encaminadas a legitimar la presencia española en Ifni y Sahara Occidental: realización de una obra civilizadora desinteresada, hermandad hispanoafricana y, sobre todo, una reinterpretación histórica de los antecedentes a la ocupación española que legitimara y fortaleciera la continuidad de la soberanía en aquella zona. Entre 1958 y 1967, en pesetas, los gastos efectuados en Ifni sumaron 615,9 millones de pesetas» (Perez, 2003, pág. 219).

5 Organizaciones del sistema de Naciones Unidas tomaron medidas para aislar a Portugal. Portugal fue presionado para que se retirara de la Conferencia sobre Turismo de 1963, y el Consejo Económico y Social lo excluyó de la Comisión Económica para África. En 1965, la Asamblea pidió medidas económicas contra Portugal y a las instituciones de financiamiento internacional, para que no le prestasen ayuda económica. En 1966, el Comité Especial para la Descolonización pidió a los Estados y aliados militares de Portugal que finalizaran cualquier colaboración que le permitiera continuar con las guerras en los territorios africanos. La UNESCO suspendió también toda su ayuda en los temas de educación y cultura. La Organización Mundial de la Salud suspendió a Portugal de participar en actividades en África (Koftler, 1973, pág. 12).

6 Mientras Portugal se encontraba bajo la dictadura de António de Oliveira Salazar, Europa inició una época de crecimiento económico basado, principalmente, en el proceso de integración. La dictadura de Salazar no creyó en ese camino, más bien propugnó por el pasado imperialista europeo y el refuerzo de las relaciones entre Europa y África: «África es el complemento natural de Europa, necesaria para su vida, defensa y conservación». Portugal rechazaba cualquier autoridad supranacional, reafirmando soberanía plena y rechazando injerencias o normas internacionales. Se mantuvo ausente y fue crítico de la CECA y CEE, génesis del proceso europeo. Cuando los beneficios del Plan Marshall empezaron a hacerse evidentes para Europa, principalmente en Alemania Occidental, el despegue de la integración del continente se hizo notoria. Durante la dictadura el rezago frente a la industrialización del resto del continente ya era manifiesta, y varios sectores políticos, encabezados por el futuro presidente Caetano, llaman a revisar la estrategia hacia Europa. Mientras Europa se consolidaba y crecía económicamente, Portugal entró en una crisis económica por el desgaste en recursos que tenían las guerras en sus colonias africanas. «Entre 1960 y 1973 la economía europea crece disparada [...] Las mayores tasas de crecimiento son Francia, Alemania e Italia, con valores entre 5 y 6 por 100 anuales [...] El éxito de la CEE es el gran incentivo» (Telo, 2000, pág. 301).

7 El marco normativo que consagra y protege el Derecho a la Libre Determinación de los Pueblos tiene entre sus primeros instrumentos jurídicos a los Pactos de Nueva York, aprobados por la Asamblea General mediante la Resolución 2200A (XXI) del 16 de diciembre de 1966, así como a la Resolución 1514 (XV) del 14 de diciembre de 1960, por la que se adoptó la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. La declaración establece: «2. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural. 3. La falta de preparación en el orden político, económico, social o educativo no deberá servir nunca de pretexto para retrasar la independencia. 4. A fin de que los pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la independencia completa, deberá cesar toda acción armada o toda medida represiva de cualquier índole dirigida contra ellos, y deberá respetarse la integridad de su territorio nacional» (Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, 1960). Obieta (1985) identifica tres momentos: el derecho de autoafirmación (capacidad exclusiva de un pueblo de proclamarse su existencia y que implica ser reconocido y aceptado por los demás iguales), el derecho de autodefinición (permite a la colectividad establecer quiénes hacen parte de su grupo basado en la identificación y en los ideales colectivos); el derecho de autodelimitación (le permite establecer los límites de su territorio) y el derecho de autodisposición (por el cual se da la autoridad de escoger el régimen de gobierno y la conducción de sus relaciones internacionales).

8 Con el impulso para la descolonización alrededor del mundo desde Naciones Unidas, 1944 marcó un hito importante para el fin del protectorado sobre Marruecos. «En este año los fundadores del Istiqlal, Ahmed Balafrej y Mohamed Allal el-Fassi, presentaron su manifiesto nacionalista al entonces Sultán de Marruecos, Mohamed V, y al residente general francés. En el documento se pidió la terminación del Protectorado y se contenía la idea, desarrollada a partir de 1956, de un Marruecos independiente dentro de sus fronteras históricas [...] Estas ideas fueron aceptadas por Mohamed V: terminar con la división de Marruecos, contraria a su pasado histórico y que le fue impuesta por las potencias extranjeras [...] Tras el regreso de Mohamed V de su exilio, el 16 de noviembre de 1955, Marruecos recuperó su independencia mediante las declaraciones de París del 2 de marzo de 1956 y de Madrid del 7 de abril del mismo año, poniendo fin al Protectorado establecido en 1912» (González, 2004, pág. 4).

9 No existió certeza sobre apoyo comunista para el FRETILIN. Aunque algunos líderes fueron seguidores del comunismo, en especial, del maoísmo, también había líderes, como Nicolau Lobato, que eran marxistas cristianos, a semejanza del movimiento de la Teología de la Liberación. Sin embargo, no se puede afirmar que el comunismo era la ideología adoptada oficialmente por la organización.

 

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Recibido el 18 de marzo de 2015; Aceptado el 29 de abril de 2016.

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