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Estudios internacionales (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.48 no.184 Santiago ago. 2016

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2016.42572 

ARTICULOS

 

Chile frente a la hegemonía justicialista: La misión Conrado Ríos Gallardo en la Argentina de Perón (1953-1955)*

 

Chile vs «justicialista» hegemony: Conrado Ríos Gallardo's mission in Peron's Argentina (1953-1955)

 

Milton Cortés Díaz

Estudiante de Doctorado en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago, magíster en Historia de la Pontifica Universidad Católica de Chile. Correo electrónico: milton.cortes@usach.cl.


Resumen

En 1953, Conrado Ríos Gallardo se convirtió en embajador de Chile en Argentina. Durante su estadía, comenzó como un cercano aliado del Presidente de Argentina, Juan Domingo Perón, en la promoción de una integración económica entre Chile y Argentina, primer paso para una futura unión latinoamericana. Pero desde el momento estelar con las visitas presidenciales de Perón e Ibáñez, la relación entre los dos países se deterioró rápidamente, toda vez que Perón esperaba más que una unión económica, influyendo en los asuntos de política interna de Chile y promocionando una hegemonía argentina, la cual Conrado Ríos trato de contener.

Palabras clave: Chile - Argentina - Juan Domingo Perón - peronismo - Carlos Ibáñez - Conrado Ríos.


Abstract

In 1953 Conrado Ríos Gallardo was appointed ambassador of Chile in Argentina. At the start of his mission he was a close ally of the president of Argentina, Juan Domingo Perón, promoting an economic integration between Chile and Argentina, the first step in a future Latin American union. However, after an exceptionally good start, wich included presidential visits of Perón and Ibáñez, relations of the two countries deteriorated rapidly, since Perón wanted more than economic union, influencing Chile's internal political affairs and promoting Argentinian hegemony, which Conrado Ríos tried to contain.

Keywords: Chile - Argentina - Juan Domingo Perón - peronism - Carlos Ibáñez - Conrado Ríos.


 

Introducción

En enero de 1953, Conrado Ríos Gallardo llegaba a Buenos Aires para ocupar el cargo de embajador de Chile en Argentina. No era su primera vez, ya había ocupado el mismo puesto entre 1939 y 1944, a lo que se sumaba una amplia experiencia diplomática como ministro de Relaciones Exteriores (1927-1929) y embajador en Perú (1929-1930), en donde se encargó de poner fin a la controversia por la posesión de Tacna y Arica mediante el Tratado de Lima. Por ello era una de las figuras diplomáticas más destacadas del medio nacional y no sorprendió la decisión del Presidente Carlos Ibáñez, con quien compartía una larga amistad, de hacerlo responsable de profundizar las relaciones con la Argentina del general Juan Domingo Perón. Se esperaba establecer relaciones que sobrepasasen la tradicional relación entre Estados, pues por primera vez existía una aparente coincidencia ideológica entre los mandatarios de ambas naciones, al adoptar Ibáñez -en la campaña de 1952- muchos de los elementos de la doctrina justicialista.

Han sido escasas las oportunidades en la historia de Chile, en las que se ha perfilado una política hacia un país vecino tan abiertamente basada en las cercanías personales e ideológicas, las cuales derivaban hacia un horizonte político muy ambicioso: la unión económica entre Chile y Argentina. Ello tuvo como resultado un gran momento de estrellato internacional, con las visitas reciprocas de Ibáñez y Perón, y la firma del Acta de Santiago, que prometía no solo un nuevo capítulo en las relaciones chileno-argentinas, sino que también invitaba al resto de naciones latinoamericanas a unirse en una integración comercial, primer paso para una mayor integración latinoamericana. Pero tan fuerte como fueron las ilusiones, la realidad y las complejidades de la relación bilateral mostrarían la otra cara de la moneda, una de desencanto y frustración, expresada vívidamente por la experiencia de Conrado Ríos en su segunda estadía como embajador en Buenos Aires.

En esta investigación nos hemos propuesto, como problemática, analizar las consecuencias de este acercamiento y explorar el porqué del estancamiento y enfriamiento de las relaciones, tras un principio tan auspicioso1. Ello lo realizaremos mediante la revisión de la documentación contenida en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores entre 1953 y 1955, la que incluye -junto a los archivos diplomáticos- la correspondencia personal del embajador Conrado Ríos. Nos acercamos a esta documentación con la hipótesis de que los métodos y fines que Perón usaba en su política exterior con Chile, no solo provocaron una reacción contraria de parte de los opositores al gobierno de Ibáñez sino que también en los partidarios de este, creciendo en buena parte de ellos la visión de que Perón y su régimen podían significar una amenaza para la democracia chilena, al impulsar al general Ibáñez a gobernar prescindiendo del Parlamento y de los modos tradicionales de la democracia chilena.

 

Euforia y retraimiento: de la visita de Perón a la propaganda justicialista

Conrado Ríos había conocido a Perón durante su primera misión a cargo de la embajada de Chile en Buenos Aires, entre 1939 y 1944. Más adelante, y correspondiendo al acercamiento que Carlos Ibáñez hacía con el mandatario argentino, Ríos Gallardo se mostró partidario de la figura y del proyecto político de Perón. Ejemplo de ello es la siguiente carta que le envió al mandatario argentino en 1948:

Hacía falta en mi país su palabra, ya que todavía existen chilenos que no comprenden lo ocurrido en la República Argentina después de la revolución de 1943, como si tales acontecimientos se produjeran solo para cambiar de hombres y no de sistemas. Fija Ud. con precisión admirable, con ideas diáfanas, las directivas de su gobierno, su programa de acción interno y externo, empleando conceptos que acusan la presencia frente a los destinos argentinos de un jefe de Estado de personalidad sobresaliente [...] Mi deseo vehemente es que marchemos muy unidos, sobre un mismo sendero internacional si es posible, a fin de que juntos podamos ofrecer una sola proa a los acontecimientos que nos depare el porvenir. ¡Somos la proa geográfica de la América del Sur!2

Cuando Ríos Gallardo volvió a Argentina, en 1953, tenía la compleja tarea de recomponer unas relaciones diplomáticas que se encontraban debilitadas tras la difícil relación entre los presidentes Perón y González Videla. Por ello, su estrategia se dirigió a buscar una gran manifestación de unidad entre las dos naciones, basada en la coincidencia ideológica de sus presidentes. En la primera entrevista que sostuvo con Perón, el embajador chileno expresó que traía a la Argentina una misión importante y delicada: conjugar de la mejor forma posible y para el mayor provecho de los dos países, los intereses económicos, financieros y aun políticos de ambas repúblicas. El mandatario argentino manifestó su total satisfacción con tal estrategia, pues había conversado del mismo tema con el general Ibáñez, diciendo que ambos estaban en perfecto acuerdo en la necesidad imprescindible de enlazar los destinos de ambos pueblos. Posteriormente, se enfrascaron en una conversación sobre los diferentes bloques nacionales que surgían en el horizonte internacional, tanto en América Latina como en Europa, que tenía al plan Schuman y la Unión Europea de Pagos, que aparecían como posibles ejemplos a seguir en una futura integración latinoamericana.

Perón planteó sus dudas por la reacción de los Estados Unidos ante un mayor acercamiento chileno-argentino, pues argüía que el departamento de Estado se ha encargado de crear recelos entre las naciones latinoamericanas y, cuando no los logra, se pone a repartir armas. Ríos Gallardo le presentó una visión más auspiciosa, pues estaba por salir Truman y entrar Eisenhower, y que quizás fuese posible que entre generales se entendiesen mejor. Finalizando la entrevista, el embajador le dio cuenta de la invitación del Presidente Ibáñez a su par argentino para que visitara Chile, a lo cual Perón aceptó, para sorpresa de su canciller, Jerónimo Remorino, quien le había expresado previamente al embajador que Perón no podía salir en viaje oficial3. El viaje era una novedad, tanto porque las visitas oficiales eran todavía una rareza a mediados del siglo XX, como porque Perón no había efectuado ningún viaje durante su presidencia.

Ríos Gallardo trató de adelantar el viaje lo más posible. Tenía ello un objetivo político, que la visita de Perón tonificase a las fuerzas ibañistas y les diese bríos para la elección parlamentaria de marzo4. Pero el nivel de ambición puesto en el tratado sobrepasó en Argentina con mucho lo que esperaba Chile. En las conversaciones previas, Perón explicó lo que comprendía como la base de la unión económica, que Chile necesita alimentos y Argentina el cobre, hierro y acero de las montañas chilenas. Por ello, estaba dispuesto a renunciar a la creación de una industria siderúrgica en Argentina, con el fin de facilitar la complementación económica5. Pero mientras en Chile se pensaba sobre todo en la cuestión económica, Perón tenía un ojo puesto en la integración política. El mandatario argentino le insinuaba al embajador, con un decreciente nivel de discreción, que deseaba que Chile y Argentina pasasen a constituir un solo Estado. En reunión que tuvo Perón con el cónsul chileno Oscar Palacios, el mandatario argentino dijo: «Debemos hacer de Chile y Argentina un solo país. Llamamos a algunos artistas para que con los colores de las dos banderas hagan una sola y en la misma forma procedan con los escudos. En relación con nuestros himnos nacionales, apelamos a poetas y músicos, a fin de que nos escriban una sola letra y una sola canción con los dos himnos»6.

El canciller Remorino incluso dijo que en una unidad política, seguramente los chilenos serían los presidentes de la nueva república, porque «eran más sabios y más maestros en el arte de la política»7, a lo que Ríos Gallardo respondió que sería posible, pero solo si le reconocían a los chilenos tres votos por cada uno de los argentinos, propugnando -en cambio- que el tratado se focalizase en los elementos de complementación económica y producción. La insistencia en lo político le haría pasar una mala jugada a Perón, quien habló abiertamente de unión política en una entrevista concedida al director del diario oficial chileno, La Nación. Con su habitual grandilocuencia, comenzó hablando de la trascendencia histórica del momento:

Hoy, como en el siglo pasado, está sonando la hora de la unión de Chile y la Argentina. El error que se imputa a San Martín y O'Higgins es el de no haber sellado, en 1817, la unión total entre Chile y la Argentina. Hoy, nuevamente, los dos países están en condiciones de alcanzar esa aspiración. Faltó la visión política para hacer la unidad. A un siglo de distancia, la historia critica esa falta de visión. Nosotros estamos trabajando para la historia del próximo siglo. No deseo, entonces, que se diga al pueblo argentino que reitero el error de 18178.

Pero no se detuvo en la justificación de su proyecto, también expresó que trascendía lo meramente económico y simbólico: «Creo que la unidad chileno-argentina, una unidad completa y no a medias, hay que hacerla total e inmediata». Pero fue un chiste, hecho para ironizar sobre las acusaciones de imperialismo que recaían en su contra, lo que causó el desastre: «Estoy dispuesto a aceptar que Chile se anexe a la Argentina; lo principal es la unidad». Estas declaraciones causaron una oleada de rechazo en la prensa chilena, lo cual desconcertó a Perón, en lo que sería el primero de una serie de desencuentros con la opinión pública de Chile. Había entendido los ataques de la prensa durante el gobierno de González Videla, con quien tuvo una profunda enemistad, pero no podía comprender cómo se había podido permitir a un diario de gobierno acoger declaraciones que no reflejan lealmente su pensamiento, sin conocimiento del gobierno y en su propio daño. No obstante, advirtió que había comprendido la lección, diciéndole a Ríos Gallardo que ya sabe cómo conducirse con el pueblo chileno, pues él no sería jamás un «Braden para Chile»9. Acostumbrado a una prensa más dócil, ya sea por control o autocensura, Perón nunca llegó a aceptar plenamente los ataques hacia su persona hechos al otro lado de la cordillera, que intentó contrarrestar con su propia campaña pro-peronista, la que terminaría por ser contraproducente.

No obstante la crisis causada por las declaraciones, el viaje siguió en pie y, tal como se esperaba, Perón tuvo una recepción apoteósica, marcada por grandes demostraciones, integrada especialmente por elementos obreros, pero del que también participaban sectores de la clase media. El día 21 se firmó en La Moneda el Acta de Santiago, en la que ambos presidentes expresaron que «inspirados en los principios comunes de soberanía política, justicia social e independencia económica [...] deciden establecer la Unión Económica de los dos pueblos»10. El Acta se debía materializar en un plazo de 120 días, con la redacción de un tratado que condujese a la eliminación de los derechos de aduana.

En la redacción del tratado chocaron las diferentes aspiraciones de ambos gobiernos. Mientras Perón presentó un proyecto que incluía elementos políticos, sociales y culturales, más una serie de cláusulas de orden militar, que debían quedar en absoluta reserva, el contraproyecto que presentó Chile prescindía de todo aquello y quedaba solamente en lo económico11. Perón no puso mayores reservas a ello, pues si bien no era todo lo que esperaba, se había comprometido a que las cláusulas quedasen a la superior consideración del Presidente Ibáñez, aunque trascendió a la opinión pública que el tratado quedaba sustancialmente disminuido12.

Aunque las perspectivas sobre el tratado parecían auspiciosas, más aún por el aparente poder de veto efectivo que ejerció el gobierno de La Moneda, consideraciones de orden político dentro de Chile irían anulando la efectividad de la llamada confraternidad chileno-argentina. Esto trajo como consecuencia la irritación y desilusión del gobierno argentino respecto de la capacidad o voluntad de Chile para buscar una amplia cooperación13.

Y es que la influencia del peronismo dentro de Chile volvió a agitar el debate público debido a la aparición de propaganda peronista en el país, lo cual debilitaba las posibilidades de acción del gobierno. El caso tenía varias aristas, entre ellas el paso de dinero argentino a dirigentes femeninas chilenas, entre las que destacaba la senadora María de la Cruz.

Particularmente complejo para el embajador Conrado Ríos fue el caso de los afiches de confraternidad chileno-argentina, aparecidos el 5 de abril de 1953, empapelando las calles del centro de Santiago. Ello porque a pesar del escándalo producido en la prensa nacional, que indicaban su autoría a la Dirección General de Difusión del Ejército argentino, la Cancillería chilena quedó totalmente inactiva, absteniéndose de enviar instrucción alguna al embajador en Buenos Aires para detener la propaganda14.

En tal circunstancia, Ríos Gallardo comenzó a actuar por iniciativa propia. A su juicio, Perón creía de buena fe que podían ser adoptados los principios justicialistas por todas las naciones americanas, finalidad para la cual había asignado numerosos delegados obreros y determinados agentes políticos en diversas misiones diplomáticas en el continente americano15. Al reclamarle al mandatario argentino por las acciones de propaganda, este le dijo que encontraba los hechos de intromisión como torpes y prometió que aplicaría las sanciones correspondientes16. El canciller Remorino, no obstante, le dio una explicación diferente. Dijo que la Subsecretaria de Difusión, a cargo de Arturo Pons Bedoya, estaba ejerciendo deliberadamente una influencia perniciosa por razones de orden político interno, las que él -como ministro- no había ocultado al Presidente17.

La situación se agravó aún más por las denuncias de influencia argentina en la compra de la radio chilena El Mercurio, que había desarrollado una campaña de propaganda en contra del Congreso Nacional. Como consecuencia de un sumario instruido en Chile, la posición del comodoro Pons Bedoya se hizo insostenible y debió presentar su renuncia al cargo, resolviéndose en favor de Remorino esta disputa sobre la dirección de la política internacional, que daba un giro hacia una postura menos militante y más tradicional, buscando evitar las confrontaciones que tanto caracterizaron al primer gobierno de Perón18. No obstante, el incidente dejó un rastro amargo en Conrado Ríos, quien fue acusado en la prensa chilena de lenidad y de permitir la difusión de la propaganda justicialista19.

 

El juego geopolítico

Los juegos de equilibrios de poder y fantasías geopolíticas fueron una constante en la política exterior de Perón. Chile, acostumbrado a una posición retraída y a la defensiva, se sumó con reticencias al juego de poder que desarrollaba Argentina, con sus expectativas puestas sobre todo en el mejoramiento de su posición económica y no tanto en las políticas de alianzas que hacía y deshacía Perón. La coincidencia de una serie de gobiernos con rasgos nacionalistas y populistas en América del Sur -Ibáñez en Chile, Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Paz Estenssoro en Bolivia y Odría en Perú- podía hacer presagiar una mayor cercanía entre estos países. No sucedió así. Al contrario, con la visita de Perón a Chile se desató una serie de movimientos diplomáticos y viajes de otros mandatarios, como forma de restablecer un equilibrio, revelando los resquemores causados por las pretensiones hegemónicas argentinas.

Durante su viaje a Chile, el embajador Ríos Gallardo pudo escuchar a Perón realizar una serie de comentarios sobre la nueva situación internacional que estaba creando. Decía se está poniendo fin a 80 años de cerco militar, porque Argentina siempre había tenido dos frentes, Chile y Brasil, lo que había cambiado con el nuevo espíritu reinante tras el Acta de Santiago. Sostenía que Brasil era «'un gigante con pies de barro', exportador de café y bananas, y poseedor de grandes depósitos de minerales y riquezas naturales de muy difícil explotación, por encontrarse al interior y en lugares aislados de los grandes centros de consumo [...] Está poblado de una 'raza inferior', haragana y sin empuje, que recibe la influencia poco estimulante del clima tropical y tiene un 70% de analfabetos». Ante los recelos brasileños surgidos por el acercamiento chileno-argentino, dijo que le escribiría una carta a Vargas expresándole lo injustificado de su alarma, y que enviaría una comunicación similar al general peruano Zenón Noriega, porque era su amigo, y que no lo haría a Odría «porque no había sabido conducirse con lealtad»20.

El acercamiento con Noriega era algo complicado para Ríos Gallardo, pues este general había realizado declaraciones hostiles contra Chile, resucitando el viejo tema de Tacna y Arica, por lo que le hizo saber a Remolino que Ibáñez estaba sentido porque Noriega, tras haber sido acusado de liderar una conspiración, había sido recibido como exiliado en Argentina21.

Para Conrado Ríos, el hecho que Odría no haya aceptado ser un dócil instrumento del Presidente Perón, como se esperaba cuando aquel inicio su mandato, hizo que la diplomacia brasileña haya encontrado campo propicio para lograr la visita de Odría a Vargas, especulando que quizás no se tratase de una consecuencia del viaje de Perón a Chile, sino resultado de la incansable acción diplomática argentina en Colombia, Venezuela y, muy especialmente, Ecuador22. En un primer momento, Ríos Gallardo vio con preocupación estos movimientos de alianzas, al creer que era una actitud irreflexiva del Perú confiar su seguridad y futuro al amparo de Brasil. Escribió al embajador de Chile en Perú, Enrique Gallardo Nieto, de que era importante «arrancar, en compañía del embajador argentino, al Perú de la órbita de Brasil, para atraerlo, aunque sea maniatado, a la nuestra, y con lo cual puede defenderse con éxito del bloque de la gran Colombia»23.

El embajador Ríos Gallardo consideraba que Chile siempre había sido un factor de equilibrio entre las relaciones argentino-brasileñas y cualquier actitud chilena a favor de cualquiera de los dos países, sería mirada con desconfianza por uno u otro pueblo24. Informó que Vargas, que en la elección de 1950 había recibido todo el apoyo del gobierno y la prensa argentina, había planificado junto a Perón hacer una política de amplias proyecciones para sus respectivos pueblos: de una unión aduanera; un banco común que permitiera una estrecha cooperación en el campo financiero; de conjunción de recursos económicos para lograr la independencia de sus mercados, y hacer frente unidos a la tutela comercial impuesta por los países desarrollados. Pero ante las dificultades de la política interna, estos proyectos de colaboración habrían quedado sepultados, creando el consiguiente resentimiento en el ánimo de Perón. Este resentimiento no concluyó sino hasta el suicidio del mandatario brasileño, tras lo cual Perón le expresó a Ríos Gallardo: «solo ahora comprendo, en toda su intensidad, la gran tragedia de gobierno vivida por el Presidente Vargas»25.

Pero mientras que en la mayoría de estos juegos de poder Ríos Gallardo aparecía como observador u opinante, tuvo que actuar con motivo del uso que Perón le daba al Acta de Santiago. Como el documento hacía una invitación a los demás países de América Latina a sumarse al mismo, Argentina empezó a suscribir una serie de tratados que invocaban el Acta de Santiago, sin la menor consulta a La Moneda. En Paraguay, Nicaragua y Ecuador se firmaron estos convenios, lo que complicaba a Chile porque, así vistas las cosas, podía parecer que Argentina asumía por sí sola la representación de Chile o de un sistema económico del cual este forma parte. Por ello, el embajador estimó que estos pactos no podían jurídicamente obligar a Chile, y la adhesión de esos países a dicho sistema económico debía considerarse incompleta26.

Al hacerle presente sus objeciones a Perón, este le contestó que Chile, por razones que él ignoraba, se había mantenido totalmente inactivo después de la firma del acta y que ello no era conveniente para los altos fines que se perseguían con la política iniciada en febrero por ambos países. Que habría sido satisfactorio que los cancilleres de Argentina y Chile hubiesen realizado estos acuerdos juntos y actuando estrechamente unidos, constituyendo esto su ambición íntima, pero que frente a la dejadez de Chile, no le había quedado a Argentina otro camino que realizar viajes a estas naciones, en seguridad que al suscribir acuerdos basados en el espíritu del Acta de Santiago, solo se tenía en vista, como único propósito, fortalecer los fundamentos de la futura unión económica continental de la cual Chile y Argentina eran iniciadores y propulsores27.

Pero junto a esta circunstancia, había otra más compleja que desagradaba al embajador. Y era que esta penetración argentina en estos países era muestra de una disputa que mantenían con Brasil por la hegemonía e influencia en el Pacífico, que Conrado Ríos -citando a Portales- creía que era un mare nostrum de Chile y, por lo tanto, no se debían tolerar esas acciones diplomáticas28. Cuando, por su parte, el gobierno de Ibáñez empezó a tomar algunas iniciativas propias a nivel internacional, como el acercamiento con la Bolivia de Víctor Paz Estenssoro y la consecuente firma de la Declaración de Arica, la reacción en Buenos Aires fue de una extrema frialdad por parte de la prensa oficialista, que trató de restarle importancia al acontecimiento29. Perón, en público, se decía partidario acérrimo de la integración latinoamericana, aunque por supuesto siempre y cuando él fuese quien dirigiese esa integración.

 

Problemas económicos

La negociación del Tratado de Unión Económica Chileno-Argentina fue compleja. En un primer momento, Chile tomó las negociaciones con una lentitud que estuvo a punto de causar una crisis mayor. Conrado Ríos le envió, en forma secreta, a la cancillería chilena una propuesta de anteproyecto redactado por el ministro de Asuntos Económicos, Alfredo Gómez Morales -rival y adversario del ministro de Asuntos Técnicos, Raúl Mendé-, que consiguió por medios poco claros y a espaldas del gobierno argentino. El objeto de esta acción era tener mejor preparada a la contraposición chilena. Pero se sorprendió cuando Chile envió su contraproyecto, que en vez de contener una propuesta original, esta resultó ser idéntica al proyecto de Gómez Morales, que había sido rechazado con anterioridad por Perón. El canciller Remorino y el ministro Mendé inquirieron al embajador para saber cómo se pudo conocer este anteproyecto argentino. Conrado Ríos debió mentir y culpar a la persona del ministro Gómez Morales, si bien advirtiendo que su accionar, a pesar de hecha en defensa de Chile, repugnaba a su conciencia30.

Terminadas las negociaciones, en un primer momento el gobierno chileno anunció que enviaría el tratado al Congreso, para posteriormente retractarse, justificándose en que la mayoría de sus cláusulas podían aplicarse por decreto. A juicio de Ríos Gallardo, ello causó una mala impresión en Argentina, pues aparecía como si se le restase importancia al tratado. Por ello, si antes los chilenos habían abordado la redacción del tratado con indiferencia, más tarde los argentinos comenzaron a tomar esa actitud, problematizándose la progresión del mentado tratado31.

Las dificultades para la integración económica se acrecentaron por las acciones del ministro de Economía, Rafael Tarud, en un intercambio de acero chileno por trigo argentino. Tarud había decidido anular una venta a último momento, con el fin de eliminar ciertos intermediarios y centralizar las ventas del acero en manos del Instituto Nacional de Economía, una creación suya. La reacción negativa de la opinión pública a estas acciones motivó no solo la caída de Tarud del ministerio, sino además la creación de una comisión investigadora, que comenzó a escrutar el rol jugado por la compañía argentina IMPEX, la que el ministro Tarud habría pretendido convertir en la única compradora del acero chileno y que se consideraba ligada al gobierno argentino. El gobierno envió a Guillermo del Pedregal a Buenos Aires para destrabar las ventas. Cuando parecía haberse llegado a una solución, Perón, dolido por las críticas de la opinión pública chilena que creía que afectaban a su gobierno, anunció que ponía término al intercambio de acero por trigo32.

La situación no fue mejor con el tema del intercambio de cobre por ganado, pues como Argentina deseaba mejores condiciones, se comenzaron a ver retrasos en las autorizaciones para el envió de ganado a la zona norte de Chile, creando situaciones de desabastecimiento muy graves. La coyuntura obligó a Ibáñez a sacrificar a su canciller y viejo amigo, Oscar Fenner, quien había llevado una política más conciliadora con la oposición respecto de las relaciones con el peronismo, lo cual gatilló un duro intercambio epistolar entre ambos y que en la opinión pública resurgiesen las críticas por las relaciones con Argentina, al revelar Fenner la acción de la Secretaría de Difusión en la propaganda justicialista en Chile33.

Argentina buscaba actuar en lo económico a través del Consejo General de la Unión Económica, creado con la firma del Tratado de Unión Económica, donde tenía una posición de clara superioridad, llegándose -en febrero de 1954- a un acuerdo comercial y financiero que resolvió el tema del intercambio, aunque no mejoró la situación económica de Chile, que derivaba en una crisis de grandes proporciones. Para Conrado Ríos era difícil de entender que con todos los actos de acercamiento y con la consolidación de la amistad chileno-argentina, las relaciones económicas estuviesen más deterioradas que durante el mandato de González Videla, lo cual sin duda marcó un elemento importante en su distanciamiento personal del proyecto del peronismo34.

 

Renace la injerencia argentina en la política interna chilena

La situación que desencadenó el rompimiento de Conrado Ríos con el gobierno de Perón fue el quiebre de la promesa de este de no involucrarse en la política interna chilena. El embajador se enteró, por medio de Guillermo del Pedregal, que Rafael Tarud había viajado a Buenos Aires entre el 16 y el 23 de octubre de 1954 en busca de financiación para comprar una cadena de radios en las provincias del sur, con el fin de realizar una campaña en favor de la unión con Argentina. Tarud se reunió con Perón y Remorino, quienes le remarcaron que hasta que Ibáñez no disolviera el Congreso, no podría gobernar, recomendando inclusive la creación de un gabinete con Tarud en Interior y Ríos Gallardo en Relaciones Exteriores35. De paso por Santiago, Ríos Gallardo se entrevistó en dos ocasiones con el Presidente Ibáñez, tratando de disuadirlo de sus «decididos propósitos de arrojarse en brazos de la dictadura»36.

En el gobierno de Ibáñez se reproducía el mismo tipo de anarquía burocrática que se veía en el gobierno de Perón, con los ministros formando diversos bandos y combatiendo unos contra otros por el favor del líder. Pero mientras en Argentina la voz y dirección del caudillo permitía canalizar estas energías hacia una acción política fuerte, en Chile, la edad del Presidente y su falta de conducción ideológica se traducían en una parálisis gubernamental y administrativa. El grupo del que formaba parte Ríos Gallardo era partidario del mantenimiento de las instituciones democráticas, siendo integrado por Guillermo del Pedregal, Osvaldo Koch, Jorge Prat y la mayoría del Partido Agrario Laborista, el principal partido de gobierno. Del bando contrario, propiciadores del régimen dictatorial, se encontraba Darío Sainte Marie (Volpone), Alejandro Lazo, Luis Muñoz Monge y otros. Arturo Olavarría, uno de los principales personajes políticos de la segunda presidencia de Ibáñez, estaba entre medio de esos grupos y Conrado Ríos se esforzaba por atraerlo hacia su posición. Olavarría sostenía que tenía una «gran solución definitiva» para evitar el colapso del gobierno, la cual usaría en caso de que el Presidente lo llamase de vuelta al gobierno, prometiéndole a Ríos Gallardo que él ocuparía el cargo de canciller, si bien esta oportunidad nunca se materializó, insinuando quizás la posibilidad de un golpe de fuerza para dar estabilidad al país37.

Pero el principal impulsor del cierre del Congreso era Perón y su canciller Remorino. Conocida se hizo una carta revelada en la Cámara de Diputados, tras la caída de Perón, en la que le incitaba a realizar medidas de tipo populistas, que él mismo había tomado en Argentina:

Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, me encontré con un panorama similar al suyo [...] Debía elegir entre el pueblo o las fuerzas internas y externas de explotación [...] Yo me decidí por el pueblo abiertamente y comencé filialmente a servirlo con medidas eficaces de gobierno, algunas espectaculares. El resultado no se hizo esperar. En poco tiempo conté con un predicamento popular tal, que toda resistencia quedó anulada, ya proviniese de la oligarquía, de los políticos o del imperialismo que actuaba debido a ellos [...] Usted está allí enfrentando el mismo problema. [...] Su pueblo está preparado para todo. Solo le falta el hombre. La providencia ha pensado en Usted. No debe tener la menor duda que la oligarquía, los políticos vendepatria y el imperialismo serán sus enemigos. Para vencerlos Usted necesita al pueblo y al pueblo se lo gana de una sola manera: luchando lealmente por él. Dé al pueblo, especialmente a los trabajadores, todo lo que pueda. Cuando a Usted le parezca que les da mucho, dele más. Verá el efecto. Todos tratarán de asustarlo con el fantasma de la economía. Es todo mentira. Nada hay más elástico que esa economía que todos temen tanto porque no la conocen [...] No les de tiempo. No sea yunque, sea martillo. Tome la iniciativa y con la libertad de acción en su poder será invencible. Los políticos actuarán en la trastienda. Si uno los deja, lo llevan insensiblemente a ese campo y allí ellos son fuertes. Hay que llevar la lucha a la calle, allí no valen nada y se someten pronto38.

Aunque Remorino negó el reinicio de la propaganda peronista en Chile, al ser interrogado por el embajador chileno, el canciller argentino no se guardó las prevenciones diplomáticas: «Remorino me insistió en que él era 'golpista' y que no había otra fórmula para que S.E. pudiera gobernar y disciplinar a Chile. Lamentó que yo no hubiese aceptado formar un gabinete con Tarud en la cartera de Interior y me ofreció su mediación con Volpone»39. Para Conrado Ríos no cabía duda: «los golpistas están aquí (Buenos Aires) y desde aquí van pesos e instrucciones con destino al Mapocho. Nos han confundido con Paraguay [...]»40.

 

Derrumbe

En conjunto con todos estos movimientos, durante el año 1955 el embajador Ríos Gallardo fue testigo privilegiado del derrumbe del régimen peronista. Vio con preocupación los ataques de Perón contra la Iglesia, en la que Remorino se encontraba en una posición muy compleja por su origen político conservador. El embajador tuvo el deber de asistir a varios sacerdotes y religiosas chilenas que se encontraban en Argentina, lo que incluso le motivó una advertencia no oficial por parte de un funcionario de gobierno41. Ríos Gallardo vio en este conflicto una de las principales causas del bombardeo a la Plaza de Mayo, en junio de 1955. Pero también hacía responsable al régimen político imperante: «En las causas indirectas tenemos que el Presidente Perón ejerce, sin reserva alguna, los tres clásicos poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Él manda y los demás obedecen. Este sistema, que se ha ido acentuando con el tiempo, ya no puede continuar. La ciudadanía quiere y exige libertades. Entre los efectos de este golpe revolucionario, uno de ellos será soltar las amarras de la dictadura y de la tiranía»42.

El 21 de julio, el embajador se reunió con el Presidente argentino. Este le expuso su plan para distender la situación mediante un llamado a la conciliación nacional. Refiriéndose a la estabilidad de su gobierno, Perón manifestó que estaba sin cuidado, que contaba con todos los elementos necesarios para aplastar cualquier intento subversivo. «Desde luego, el ejército y el pueblo están conmigo y esta alianza me permitirá dormir tranquilo. Los revolucionarios de salón dicen lo contrario, pero en los tiempos que vivimos, los gobiernos no se derriban desde las mullidas alfombras. Hoy es preciso salir a la calle y, después de salir, es necesario que el pueblo los secunde». Y pregunto: «¿Cree Ud. don Conrado, que algún obrero argentino va a ir tras los zapatos de charol de la oligarquía?. Ellos tienen sus conquistas sociales logradas por el esfuerzo exclusivo de este régimen, esas conquistas no desean perderlas, sino acrecentarlas». Continuando con su análisis, añadió que podía dejar a la capital sin luz, sin agua y sin víveres, proposición que los dirigentes obreros ya le habían hecho para que los adversarios del régimen tomaran nota de la lealtad de la clase trabajadora hacia él. Agregó: «Aquí se ha realizado una revolución social profunda, se ha puesto a la Argentina a tono con la época que vivimos y esta revolución se ha efectuado sin sangre. Las clases altas y adineradas deberían estarme agradecidas por este servicio». Concluía diciendo que haría una transición de un Estado revolucionario a uno democrático, aunque advertía que ello debía hacerse por etapas y sin prisa43.

Pero la situación no dejó de empeorar y las medidas autoritarias que adoptaba el Presidente argentino fueron vistas por el embajador chileno como un paso más «en el ejercicio de una dictadura solo comparable ahora a la impuesta por Rosas hace más de cien años»44.

Cuando llegó el desenlace último, el 21 de septiembre de 1955, con la partida de Perón a un largo exilio, el balance que hacía el embajador Ríos Gallardo era negativo. A su juicio, el error de Perón fue creerse infalible e intocable, pues seguro totalmente de su poder, no dudó en polarizar a la sociedad argentina y perseguir a sus adversarios, mientras que su política externa de infiltración justicialista le llevo a la ruptura de relaciones con Odría, Vargas y al enfriamiento de relaciones con Ibáñez. En las últimas líneas de su informe decía que demostraban un alejamiento personal con un proyecto que el Embajador había admirado en el pasado:

Otros no menos pesimistas con relación al triunfo duradero de la revolución, opinan que es posible, a largo plazo, el regreso a la Casa Rosada del Presidente Perón, pero creen que, si esto llegara a suceder, no permanecería en el gobierno mientras no depusiera sus gastados slogans con pretensiones de profundos sistemas filosóficos, su odio de clases, sus persecuciones religiosas, su vanidad delirante, sus excesivas ambiciones internacionales y el ansia urgida de perpetuar tan abundantemente su memoria y su efigie y las de su esposa en himnos y cantos insubstanciales y majaderos, en poemas de interesado y grandilocuente adulo servil, y en bronce y piedra de anticipada gloria sin firmeza45.

 

Conclusiones

El accionar diplomático y político del embajador Conrado Ríos Gallardo, destinado a contener la expansión del proyecto justicialista en Chile, nos da cuenta de algunos elementos vitales de las relaciones bilaterales de Chile durante el período. En primer lugar, devela la naturaleza profunda de la política internacional del justicialismo, que, a pesar de su lenguaje de defensa de la unidad latinoamericana frente al imperialismo, se revela como una búsqueda por reemplazar la hegemonía estadounidense por la argentina. Sus herramientas: la penetración de la ideología justicialista, en lo político, y la firma de pactos comerciales, por el económico. Una hegemonía que más que una dependencia hacia un país (Argentina), lo era hacia un hombre, (Perón).

Un segundo aspecto que se revela es que la resistencia al peronismo en Chile no fue una mera cuestión de las élites o de la oposición al gobierno de Ibáñez, sino que involucró a los mismos personeros del gobierno, al verse esta no como una mera cuestión de relaciones exteriores o de ideología, sino de un peligro a la soberanía chilena por las injerencias de la Casa Rosada en la política interna chilena y sus pretensiones de unión política y económica.

En este trabajo hemos presentado una serie de documentos que demuestran que Perón, si bien no podemos decir que planificaba un golpe de Estado, sí apoyaba e influía permanentemente para que Ibáñez asumiese un estilo de gobierno autoritario y disolviese el Congreso Nacional. Y es importante que estos documentos provengan de un testigo como Conrado Ríos, quien no era un rabioso antiperonista sino, al contrario, apoyó con fervor el proyecto justicialista durante los primeros momentos de su gestión en Buenos Aires. Incluso, en 1953, escribió al Ministerio del Interior para solicitarle que extorsionase a la prensa opositora que se mostraba hostil a Perón, mediante la restricción de divisas para su funcionamiento46.

Los factores anteriormente mencionados explican el fracaso de la relación Ibáñez-Perón y su propuesta de integración chileno-argentina. Aunque existió un cambio de discurso político en favor de la integración latinoamericana, la distancia del lenguaje con la práctica diplomática del gobierno de Buenos Aires, que incluía represalias económicas como el corte de los envíos de carne y una permanente injerencia en los asuntos internos de Chile, provocó la correspondiente respuesta desde Chile, tanto en la prensa como en la opinión pública, desconfiados de los alcances de la unidad chileno-argentina, como en los hombres de gobierno, quienes recelaban ante los intentos del gobierno justicialista por interferir en la política nacional.

 

Notas

* Este trabajo fue financiado con el Proyecto Fondecyt 1095219.

1 El primer autor que analizó en profundidad las relaciones entre Chile y la Argentina de Perón fue Alejandro Magnet (1953) en Nuestros vecinos justicialistas, donde denunciaba los propósitos expansionistas de Perón. Una vez derrocado el mandatario argentino, escribió una secuela de su obra, Magnet (1956), Nuestros vecinos argentinos. Otro libro enfocado en la denuncia del peronismo es de Maggi (1957), Patria y Traición. El primer trabajo propiamente académico sobre el tema es de Bray (1967), «Peronism in Chile». Sobre las relaciones comerciales, Imaz (1996), «Perón e Ibáñez: El tratado económico argentino-chileno» mientras que el aspecto de las relaciones políticas y personales de ambos mandatarios fue analizado en profundidad por Vial (1996), «Chile y Argentina: Ibáñez y Perón (1952-1954)» y Fermandois (2015) «Entusiasmo y desconfianza. Populismo y relaciones internacionales en el caso Perón-Ibáñez, 19531955». Sobre la visita de Perón a Chile, en 1953, se encuentran los trabajos de Molina Jaureguiberry (2002), «La visita de Juan Domingo Perón a Chile (febrero de 1953)», Godoy (2006), Perón en Chile 1953; Otero (2009), «Propaganda política y Relaciones Interregionales. Chile y Argentina durante las presidencias de Ibáñez y Perón». El estudio más completo que existe sobre el tema es el de Machinandiarena (2005), Las relaciones con Chile durante el Peronismo 1946-1955, basado en una exhaustiva revisión de los archivos argentinos, si bien no tuvo acceso a la documentación diplomática chilena que revisamos en estas páginas.

2 AMRREE, Fondo Conrado Ríos. Carta de Conrado Ríos a Juan Domingo Perón, 30 de enero de 1948. Debemos mencionar sobre la amistad de Ríos Gallardo con Perón el testimonio de su sobrino-nieto, Eduardo Rodríguez Guarachi, quien afirma que Conrado Ríos «estaba tan próximo, que el jefe del Estado argentino le encargaba la redacción de varios de sus discursos». Rodríguez Guarachi (2004). Chile-Argentina, más allá de sus fronteras: crónicas de un diplomático, p. 17. Sin embargo, no hemos podido encontrar en la documentación revisada, material que nos permita corroborar tal aserto.

3 Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores (en adelante AMRREE), Fondo Argentina, Vol.1117. Oficio Confidencial N° 98/2, 14 de enero de 1953.

4 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Carlos Ibáñez. Buenos Aires, 24 de enero de 1953.

5 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1117, Oficio Estrictamente Confidencial N° 123/4. Buenos Aires, 24 de enero de 1953.

6 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Carlos Ibáñez. Buenos Aires, 30 de enero de 1953.

7 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Carlos Ibáñez. Buenos Aires, 30 de enero de 1953.

8 La Nación, 15 de febrero de 1953.

9 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1119, Cable N° 76. Buenos Aires, 18 de febrero de 1953.

10 Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores, 1953, pp. 51-52.

11 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1119, Cable Confidencial N° 203. Buenos Aires, julio de 1953.

12 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1119, Cable N°190. Buenos Aires, 1-2 de junio de 1953.

13 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1186, Oficio Confidencial N° 732/118. Buenos Aires, 24 de septiembre de 1955.

14 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1118, Aerograma Estrictamente Confidencial 384. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1953.

15 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1186, Oficio Confidencial N° 732/118. Buenos Aires, 24 de septiembre de 1955.

16 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1119, Cable N° 144. Buenos Aires, 14 de abril de 1953; Vol. 1118. Aerograma Estrictamente Confidencial N° 340. Buenos Aires, 4 de noviembre de 1953.

17 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1118, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 335. Buenos Aires, 30 octubre de 1953.

18 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1118, Aerograma Estrictamente Confidencial N°362. Buenos Aires, 17 de noviembre de 1953.

19 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1118, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 384. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1953.

20 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1117. Oficio Confidencial N° 162/8. Buenos Aires, 19 de marzo de 1953.

21 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1156, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 492. Buenos Aires 24 de noviembre de 1954.

22 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1155, Aerograma Confidencial N°162. Buenos Aires 11 de mayo de 1954.

23 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta a Enrique Gallardo Nieto. Buenos Aires, marzo de 1953.

24 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1117, Oficio Confidencial N° 419/19. Buenos Aires, 5 de mayo de 1953.

25 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1155, Aerograma N° 312. Buenos Aires, 26 de agosto de 1954.

26 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1118, Aerograma N° 289. Santiago, 22 de diciembre de 1953.

27 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1119, Cable N°392. Buenos Aires, 14-15 de diciembre de 1953.

28 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos Gallardo a Tobías Barros Ortiz. Buenos Aires, 25 de febrero de 1954.

29 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1185. Oficio Confidencial N° 84/16. Buenos Aires, 1 de febrero de 1955.

30 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Oscar Fenner. 18 de junio de 1953.

31 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Carlos Ibáñez del Campo. Buenos Aires, 16 de octubre de 1953.

32 Machinandiarena, op. cit., pp. 333-343.

33 Machinandiarena, op. cit., pp. 349-363.

34 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1118. Aerograma Estrictamente Confidencial N° 317. Buenos Aires, 31 de octubre de 1953.

35 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta titulada «datos al oído...» del 26 de noviembre de 1954 y probablemente dirigida a Roberto Aldunate.

36 Magnet, op. cit., 1956, p. 126.

37 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Arturo Olavarría a Conrado Ríos. Santiago, 2 de septiembre de 1955.

38 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Juan Domingo Perón a Carlos Ibáñez. 16 de marzo de 1953.

39 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Jorge Prat. Buenos Aires, 4 de enero de 1955.

40 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Roberto Aldunate. Buenos Aires, 7 de diciembre de 1954.

41 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1190, Aerograma Confidencial N° 79. Buenos Aires, 25 de enero de 1955.

42 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1191, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 378. Buenos Aires, 19 de junio de 1955.

43 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1191, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 460. Buenos Aires, 21 de julio de 1955.

44 AMRREE, Fondo Argentina, Vol. 1191, Aerograma Estrictamente Confidencial N° 543. Buenos Aires, 8 de septiembre.

45 AMRREE, Fondo Argentina, Vol.1186, Oficio Confidencial N° 736/120. Buenos Aires, 26 de septiembre de 1955.

46 AMRREE, Fondo Conrado Ríos, Carta de Conrado Ríos a Arturo Olavarría. Buenos Aires, 15 de marzo de 1953.

 

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Recibido el 27 de agosto de 2014. Corrección y actualización recibida el 8 de mayo de 2016. Aceptado el 15 de junio de 2016.

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