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Revista chilena de estudios medievales

Print version ISSN 0719-2215On-line version ISSN 0719-689X

Rev. chil. estud. mediev.  no.16 Santiago Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-689X2019000200020 

ARTÍCULO

Los cristianismos lexicológicos y semánticos en la obra literaria de Lactancio.

The semantic and lexicological Christianities in the literary works of Lactantius.

MANUEL ORTUÑO ARREGUI1 

1Instituto Superior de Ciencias y Educación (CUISCE). Facultad de Humanidades y Ciencias Religiosas de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial. Guinea Ecuatorial.

Resumen

En el presente trabajo tratamos adentrarnos en los vocablos de sentido cristiano que emplea Lactancio a través del análisis de los diferentes préstamos y términos desde un punto de vista lexicológico y semántico. Para ello hemos concretado qué son los cristianismos y hemos compa rado su uso con otros autores de la literatura latina cristiana como S. Agustín. Hemos seguido como base la escuela católica de Nimega, que diferenciaba entre cristianismos lexicológicos y semánticos. Después del análisis de diversos vocablos observamos que los neologismos que expresan nociones cristianas son mucho menos numerosos que los términos procedentes del latín común que se han cargado de un sentido cristiano. Seguramente, a modo de conclusión, muchos de los elementos de la lengua cristiana, incluyendo los propios de la lengua vulgar, están adquiridos en el siglo IV en la lengua literaria de las obras de Lactancio.

Palabras clave: Lactancio; literatura latina; Cristianismo; Léxico; Semántica

Abstract

In this paper we try to get into the words of sense Christian employing Lactantius through the analysis of the different loans and terms from a lexical and semantic point of view. For this purpose we have specified what are the Christian and we have compared its use with other authors of Christian Latin literature as S. Augustine. We have followed as a basis the Catholic School of Nijmegen, which differed between semantic and Lexicological christianities. After the analysis of various words that neologisms which express notions Christian are much less numerous than the terms from the common latin have been charged with a Christian sense. Surely, by way of conclusion, many of the elements of the Christian language, including those relating to the vulgar language, are acquired in the 4th century in the literary language of the works of Lactantius.

Keywords: Lactantius; Latin literature; Christianity; Lexicon; Semantics

INTRODUCCIÓN

El latín cristiano surge de la amplia expansión del cristianismo. Esto aportará una nueva influencia de la lengua griega porque los evangelios estaban escritos en esta lengua, además de ser la más hablada en la parte oriental del Imperio Romano. El primitivo mensaje cristiano se formuló en la koiné griega, que era la lengua internacional, hablada no sólo en la parte oriental, sino también en la occidental, en donde utilizaban esa lengua diversos grupos sociales: los prisioneros de la guerra, los esclavos, los libertos y los pequeños comerciantes establecidos en las grandes ciudades. Era también la lengua empleada por los judíos de la diáspora. Esta lengua se hablaba incluso en Palestina, que en el siglo I d. C era trilingüe: hebreo, arameo y griego. Los textos más antiguos eran redactados en griego, aunque los primeros documentos cristianos conocidos hasta la fecha son las Acta martyrum Scillitanorum y la Passio Perpetuae et Felicitatis, que están escritos en latín, pero con influencia griega.

Por otra parte, la lengua oficial de la liturgia de Roma durante los primeros siglos del cristianismo fue el griego y hay que esperar a la primera mitad del siglo IV para que se diera la entrada al latín. Esta entrada fue de manera lenta y progresiva hasta que reemplazó a la lengua griega.

Podemos destacar entre los autores cristianos a San Agustín de Hipona1 y Tertuliano en prosa; y a Prudencio en poesía. Los más antiguos escritores latino-cristianos -al igual que los griegos- muestran al principio ciertas indecisiones en el uso del lenguaje, hasta que se va constituyendo un léxico preciso y adecuado para la expresión de los conceptos cristianos y de la vida eclesiástica. Una vez lograda la conquista de unos nuevos términos y reforzada con nuevos tipos de documentos y autores, se inició el punto de partida para un nuevo desarrollo intelectual, espiritual o administrativo, donde su propio crecimiento venía fijado por la lengua en que había encontrado su forma de expresión.

No hay que olvidar que los cristianos de los primeros tiempos rechazaron decididamente el excesivo normativismo del latín clásico, lo que los llevó, a emplear un latín mucho más relajado en la redacción de sus textos. Así, este "latín cristiano" o "latín de los cristianos", estaba lleno de expresiones y giros lingüísticos propios de la lengua popular con indiscutibles elementos griegos o semíticos tomados en forma de préstamos o calcos. De hecho, los traductores de la Sagrada Escritura se preocupaban más de la comprensión de la versión que del estilo. Esta actitud interesada era la que justificaba que se utilizara un latín más desmañado siempre que fuera necesario.

S. Agustín plantea la existencia de una terminología cristiana y reconoce el carácter obligatorio de la tradición lingüística de los cristianos. Realmente los propios cristianos tenían conciencia de hablar una "lengua especial" por el uso que dedicaban a términos más especiales. Pero el problema radicaba en si esta diferenciación la sentían igual o no los paganos. Da la impresión, después de la lectura de textos de autores cristianos como Lactancio, que no sólo despreciaban la Sagrada Escritura por su lengua vulgar, sino que también a los traductores de la Biblia, probablemente porque sólo eran entendidos por los cristianos, ya que sus giros y expresiones sólo eran compresibles por ellos.

Fue San Jerónimo quien, aun conservando numerosas expresiones populares, hizo una versión más pulida y literaria de la Biblia latina, conocida como la Vulgata. También se pueden encontrar muchos datos interesantes en la poesía cristiana del s. IV, en los himnos religiosos de la alta Edad Media2, o en las obras hagiográficas o de vida de santos, como las que escribió Gregorio de Tours, hombre más piadoso que hombre de letras.

Pero precisando lo que entendemos por "latín de los cristianos" se podría definir como una lengua especial con un estatus reconocido desde los estudios de Joseph Schrijnen3 y la escuela católica de Nimega, con Christine Mohrmann (1961-1977) a la cabeza. Los trabajos sobre este tema no han hecho sino aumentar desde el inicio de sus teorías a partir de 1930.

No obstante, es necesario recalcar que durante el siglo XIX comienzan los estudios sobre el "latín cristiano", seguramente influenciados por los diferentes trabajos alemanes sobre el latín vulgar y el medieval.

Puede verse que hasta mediados del siglo XX no existe un estudio de "latín cristiano" sino estudios sobre el "latín de los autores cristianos"4. El papel de la escuela de Nimega será precisamente el de sistematizar todos estos resultados y llegar a formular una teoría donde lo realmente radical será la consideración del idioma de los cristianos como un fenómeno autónomo dentro del cuadro de la evolución del latín.

Está claro que el fenómeno del cristianismo tendría que dejar huellas muy profundas en el marco de evolución de la lengua latina. Creemos que, por influencia del cristianismo, es mejor hablar, entonces, de "latín de los cristianos", por designarse a sí misma como una lengua especial, y lógicamente una lengua de un grupo social con una determinada cultura, y unos parámetros espirituales y profesionales característicos de una comunidad explícita. El cristianismo se expande por comunidades de habla griega. Es por esta razón por la que tuvo que darse un cierto proceso de bilingüismo que pronto se vio superado con la adaptación del griego al latín de diferentes modos, sobre todo, en el plano léxico y semántico.

Por otra parte, es más difícil hacer comprobaciones de sus usos específicos en el ámbito morfológico y menos aún sintáctico, nueva razón para no hablar de un "latín cristiano", sino de un "latín de los cristianos" dentro del latín tardío como una realidad lingüística propiamente determinada dentro de las variaciones diastráticas en las que se enmarca.

Es en este latín donde existen unas características morfológicas y sintácticas, y por supuesto, estilísticas, léxicas y semánticas diferentes al latín clásico y al latín profano tardío, unas más acusadas y otras menos, pero todas ellas presentes de una o de otra manera en el "latín cristiano".

Hay autores cristianos anteriores a Lactancio que también hacen uso de cristianismos como es el caso de Tertuliano con términos cristianos indirectos como, por ejemplo, cineresco, "reducirse en cenizas", compassio, contrectabilis, "lo que puede tocarse", convertibilis, discipulatus, negator, operator, etc. Asimismo el autor Novaciano usa cristianismos lexicológicos5: angelus, apostolus, baptista, baptizare, blasphemia, ecclesia, evangelium, genesis, haereticus, martyrium, paradisus, propheta, prophetia, propheticus, protoplastus; y cristianismos semánticos con términos muy concretos: caritas, dilectio, caro (el cuerpo de Cristo y el cuerpo humano); credentes, crimen-peccatum-delictum, "pecado"; fides "fe", y humilitas, passio, "la Pasión de Cristo". Igualmente S. Agustín en su obra: De civitate Dei emplea un vocabulario técnico, sin restricciones en el desarrollo de cristianismos indirectos, y con un número de préstamos griegos o hebreos, y, por tanto, de palabras que designan ideas o instituciones cristianas que supera completamente a la obra de Lactancio. De hecho, usa cristianismos directos, por ejemplo, carnaliter y carnalitas al lado de spiritualis, spiritaliter, y otros como coaeternus, concupiscentialis, praefigurare, seductorius, trinitas, etc. El propio San Agustín de Hipona en sus Enarrationes in psalmos (93, 3) exhorta a los fieles cristianos a designar los días de la semana con nombres cristianos evitando los términos paganos. Y en los Sermones (299, 6) emplea neologismos como salvare y salvator, que están formados a partir del término salvus, pero que no fueron palabras latinas antes de la venida del Salvador; no obstante, cuando él vino comenzaron a usarse con el significado de "salvar" y "salvador".

En concreto, Lactancio, que nació hacia el año 250. Fue el último gran padre de la Iglesia latina, que vivió en sus propias carnes la persecución de los cristianos, como revela con fuerza su obra literaria. Se le conoció más tarde como el "Cicerón cristiano" por su excelente estilo clásico. Fue discípulo de Arnobio y muy joven escribió la obra Symposio, actualmente pérdida.

Entre los años 304 y 311 escribió su obra principal: Divinae institutiones ("Instituciones Divinas"). En Treveris terminó su escrito De mortibus persecutorum y De ira Dei. Además, compuso una versión abreviada (Epitome) de las Institutiones y el poema De ave Phonice. En su época la diferenciación de la lengua cristiana era demasiado marcada y estaba ya bien consolidada para que un escritor pudiera prescindir de ella, de ahí que la lengua literaria de sus obras, y, por tanto, el vocabulario empleado en su obra literaria estuviera influido por el cristianismo, como ahora explicaremos a continuación.

CRISTIANISMOS.

Los rasgos característicos del léxico del latín cristiano son muchos y muy variados. El origen de estos rasgos es de diversas fuentes: la lengua vulgar, la griega, y hebrea. Asimismo, muchos de ellos los podemos considerar como neologismos ("cristianismos lexicológicos directos"). Son los más importantes a la hora de hablar de latín de los cristianos, porque era necesario por parte de los primeros cristianos designar los nuevos conceptos de su religión a través de cuatro grandes vías lingüísticas que sirven para la formación del latín de los cristianos, que cuenta con diversas características:

  1. Relacionada directamente por la influencia de la lengua griega, contamos con diversos préstamos griegos: angelus6, apostata, apostolus, baptisma, baptizo, blasphemare, catecumenus, charisma, daemon7, daemoniarches8 diaconus, ecclesia, eleemosyne, episcopus, evangelium9, martyr, paradisus10, presbyter, psalmus11, propheta12. Estos préstamos designan instituciones y vicisitudes concretas de la vida y de la ideología de los cristianos. Como es natural, siguen las tendencias generales de la lengua latina. Estos préstamos proceden en su mayoría de los primeros siglos del cristianismo. Es lo que la Escuela de Nimega designa con el nombre de cristianismos lexicológicos directos.

  2. Se centra en aquellos préstamos hebraicos: messias13, sabbatum14, pascha15, etc.

  3. Una gran cantidad de nuevas palabras, neologismos, que comienzan a surgir: carnalis, spiritalis, saluator, sanctificare, etc. Hay algunos neologismos de origen griego que no aparecen en la Biblia como es el caso de los términos: epiphania, monachus, monasterium, orthodoxus, etc.

  4. El uso de desplazamientos de sentido como ocurre en los sustantivos: fides, sacramentum y confessio. De todas ellas se hacen más frecuentes en los siglos IV y V d.C. y lo que es indicado por todos los autores es que, pese a adoptar ese sentido especial, no pierden por ello, al menos en un principio, los significados anteriores, así por ejemplo, el término confessio que traduce que según Díaz y Díaz, puede significar "profesión cristiana", "confesión de pecados", "martirio" y "alabanza de Dios"; en el VI, además, significa "sepulcro de un mártir", y en el XI, en Cataluña, es conocido con la acepción de "cripta".

En otras ocasiones hay que subrayar aquellos casos en los que el término busca evitar una terminología religiosa pagana; así se usa altare en lugar de ara, y basilica o ecclesia en vez de templum. En concreto, el sustantivo pax, opuesto a bellum en latín pagano, que designaría el antónimo de persecutio, es decir, "la paz entre la Iglesia y el Estado". Más tarde, pax en su aspecto más abstracto llega a significar "la paz entre Dios y los hombres".

Todos estos rasgos terminológicos, que hemos destacado a modo de ejemplo y como una primera aproximación a una realidad lingüística de un grupo social muy identificativo influyó sin lugar a duda en la conformación popular de las primeras comunidades cristianas. Pero también produjo que existiera un respeto por la palabra que movía a los primeros traductores latinos de la Biblia, lo que hizo acuñar su existencia como posible entidad al "latín bíblico".

Es evidente que Lactancio por ser conocido el "Cicerón cristiano", su eloquentia Tulliana, no estuvo exenta de la influencia de la lengua de los cristianos.

CRISTIANISMOS LEXICOLÓGICOS DIRECTOS E INDIRECTOS.

Son neologismos de formación latina con sentido cristiano. Muchos de estos están arraigados en los cristianos, como es el caso de los cristianismos: angelus, baptismus y ecclesia. El primero, aparece en numerosas ocasiones con el mismo sentido general de minister, los ministros o servidores de Dios son sus mensajeros (nuntius), y no deben ser llamados dioses, sino ángeles (angeli). El segundo, baptismus, no lo usa tanto y lo hace con el sentido de lavado espiritual, celestial, de virtud y fe; es de origen griego, pero prefiere, en muchas ocasiones el término lavacrum, palabra cristiana de origen vulgar. Y el tercero, es muy frecuente en sus obras y empleado en un sentido más genérico para referirse al conjunto de los cristianos, y, por tanto, a la comunión de los cristianos, en un sentido abstracto o metafísico del término, y en otros pasajes se refiere a la Iglesia Católica de una manera más específica, aunque igualmente usa la expresión catholica ecclesia. No obstante, en ocasiones emplea el vocablo templum, con el sentido de Iglesia entendida como pueblo de Dios, con la acepción de edificio para el culto cristiano, así como en un sentido más figurado.

A modo de ejemplo, entre los numerosos términos con sentido cristiano que emplea Lactancio, podemos indicar el vocablo utilizado para designar al diablo: diabolus16, pero también el uso de sus formas populares: zabulus, criminator y adversarius. Siempre hay que tener en cuenta que se representa al diablo como un adversario de Dios, provocador del mal y opuesto al Creador, de forma que de la obra se deduce que todos aquellos que no saben distinguir entre el bien y el mal no son capaces de conocer ni a Dios ni a su adversario. Seguramente por esto el término diabolus no fuera el único para referirse al diablo. Con estas ideas el apologeta pretende demostrar en su obra Instituciones Divinas VI, 6, 5 que los filósofos pertenecen a esa clase de hombres que no saben qué es el bien y qué es el mal y, en consecuencia, no pueden aspirar a la sabiduría cuando dice: "Num igitur igitur dubi eum est, quin illi omnes quid esset bonum et malum ignoraverint, quid nec Deum, nec adversarium Dei scierint?"

En Instituciones Divinas VI, 23, 4 advierte que el diablo: adversarius ille noster sabe lo poderosa que es la fuerza del deseo y se aprovecha de ella para hacer pecar al hombre. Probablemente con en este sentido del vocablo diablo, podemos compararlo con otros términos que aparecen en la obra con el mismo significado, como antitheus, malefactor, daenion, diabolus y antichristus. Todos estos son neologismos que se refieren exclusivamente al diablo o a los demonios, y que no tienen otro referente más general, a diferencia de lo que ocurre con adversarius. La mayoría de los vocablos que hemos nombrado aparecen en la versión bíblica Vetus Latina, a excepción de criminator17 y medius.

No podemos dejar de nombrar el término evangelium junto a otros como propheta y apocalypsis que son helenismos, y, por tanto, préstamos griegos que no han sido creados por él, y que además tienen en común que son conceptos importantes y básicos para el cristianismo. Lo mismo ocurre con otros términos como agape, apostolatus, apostolicus, cathecumenus, decalogus, evangelista, eucharistia, etc. Se trata de palabras griegas que llevaron a Roma los primeros predicadores griegos, y las comunidades latinas adoptaron a la vez los conceptos y los vocablos griegos que los designaban.

Por otro lado, el hebraísmo pascha, aparece una vez en la obra de Lactancio y es de por sí un vocablo oscuro en cuanto a su etimología y sentido. Es uno de los pocos préstamos directos más antiguos del hebreo y, al mismo tiempo, el más usual. Se hace eco de la etimología popular que relacionaba a los judíos con la inmolación del animal, ritual que entiende, como queda dicho, como símbolo de la Pasión. Este ritual, según el autor, fue ordenado por Dios, valiéndose de Moisés, precisamente con el objeto de que sirviera como adelanto de la celebración de la Pascua cristiana. Hay otros dos hebraísmos registrados: messias - con el que pueblo judío denominaba al prometido Redentor sólo desde el último siglo a.C.- y sabbatum18, para referirse al día de descanso de los judíos.

Es muy curioso el doble sentido que nos da Lactancio al vocablo Nativitas, que se refiere con este vocablo al nacimiento de Cristo. Establece una diferencia entre el nacimiento como Verbo (Segunda Persona de la Trinidad) o prima nativitas19, y el nacimiento como hombre o secunda nativitas20. Sin embargo, lo hallamos también en una ocasión tomado dentro de una acepción no cristiana.

Para el concepto de "resurrección" se usa indistintamente resurrectioy el helenismo (anástasis). Asimismo, hay que recalcar el uso de tres vocablos relacionados en su significado: carnalis, corporalis y spiritalis. El adjetivo carnalis para marcar la oposición entre lo carnal y lo espiritual, lo terreno y lo divino. El vocablo corporalis para indicar la oposición explícita entre lo corporal y lo espiritual. Y, por último, spiritalis, también se usa en un sentido espiritual de los milagros de Cristo, con la idea de presentar a Dios como el Padre espiritual de Cristo, e incluso, en el sentido del primer nacimiento o nacimiento espiritual como el Hijo de Dios. También emplea el adverbio corporaliter, junto con los términos corporalis y corpulentia. Son derivados del sustantivo corpus, que es un sinónimo de caro utilizado para designar el cuerpo humano. Igualmente conoce y usa mediator, pero no es un término fijado en su vocabulario, pues lo alterna con medius, en correspondencia con el griego (mesítes). Sin embargo, evita el préstamo griego apocalypsis y usa en su lugar revelatio, en el sentido de "revelación", sino para designar el libro bíblico del Apocalipsis. Y, por tanto, reserva el término apocalypsis para designar al libro sagrado y revelatio para significar la "revelación" en general. Asimismo, usa los vocablos salutaris y salvator.

En cuanto a los cristianismos lexicológicos indirectos hay que precisar que son neologismos de formación latina que carecen de sentido específicamente cristiano. Algunos términos son: corruptibilis, acceptabilis, adimpletio, contrectabilis, incorruptibilis, acceptabilis; y, sobre todo, aquellos verbos acabados con el sufijo -ficare de formación cristiana con los que se puede formar los siguientes verbos: clarificare, honorificare y glorificare. Todos salen nombrados en la Vetus Latina.

CRISTIANISMOS SEMÁNTICOS.

Son palabras originarias del latín pagano que están cargadas de un significado propiamente cristiano. Algunos de estos términos son: ambulare, "caminar", "conducirse", "comportarse", un verbo popular y bíblico; bene dicere en el sentido de "bendecir", y que rige en caso acusativo, también según el uso cristiano y bíblico: bene dixit eum, "lo bendijo"; el verbo credere con el caso dativo (credere Deo) o con la preposición in seguida del caso acusativo (credere in deum), "creer en Dios"; credidi que en algunas ocasiones tiene un sentido incoativo, "creer, hacerse creyente"; y los términos confessio y confiteri, que significan: "confesión en la fe" y "confesión del pecado", o simplemente "confesar la fe y confesar los pecados" según los significados bíblicos. Además, utiliza el vocablo laqueus, "lazo", de origen popular y bíblico, en lugar de muscipula, de origen más popular. Y también el sustantivo virtutes en plural o virtus en singular que significa "milagros" según el uso bíblico de la palabra.

Un término interesante es lavacrum, un sustantivo, que procede de la lengua vulgar, y que aparece en cuatro pasajes de Instituciones Divinas con el sentido cristiano de bautismo. Sin embargo, por el contexto, parece que no pierde su sentido originario de lavado, ya que representa el bautismo como un baño que limpia las manchas de los pecados y purifica al hombre.

Y, por último, el término peccatum, que siempre usa en las Instituciones Divinas. Este vocablo se adquiere de la acepción cristiana de pecado. Aparece en plural en la mayoría de los pasajes, aunque también lo localizamos en singular.

REFLEXIONES FINALES.

La lengua latina que Lactancio emplea en sus obras, y en concreto, en su obra Instituciones Divinas, es básicamente la misma lengua que usaban los paganos. La principal diferencia lingüística consiste en la presencia de neologismos, sean préstamos griegos y hebreos o formaciones latinas. Sin embargo, observamos que estos neologismos expresan nociones cristianas que son menos numerosas en comparación a los términos que proceden del latín común y que se han cargado con un evidente sentido cristiano.

Por norma general, parece que evita usar términos originarios de otras lenguas para expresar conceptos cristianos. Hay un número relativamente escaso de préstamos griegos y tan sólo tres hebraísmos. El autor prefiere expresar las nociones cristianas a través de un vocabulario latino ya existente y, generalmente, sólo acude a los préstamos cuando es estrictamente necesario por motivos apologéticos. De hecho, encontramos algunos dobletes, como anastasis y resurrectio; baptismum y lavacrum; evangelium y annuntiatio. En todos estos dobletes queda clara la preferencia del autor por los términos latinos.

El vocabulario está mayoritariamente formado por términos procedentes de la lengua pagana que se han cargado con un sentido cristiano. Son más numerosos que los préstamos y los neologismos latinos, por tanto, parece que podemos concluir que Lactancio prefería recurrir a estos términos antes que, a los neologismos, a no ser que éstos fueran necesarios por algún motivo concreto: la falta de un término latino adecuado o la costumbre arraigada entre los cristianos de usar un determinado vocablo.

En definitiva, muchos elementos de la lengua cristiana, incluyendo los propios de la lengua vulgar, están adquiridos en el siglo IV en la lengua literaria de las obras de Lactancio, el más cirenoniano que produjo el cristianismo, pues como dice una cita de S. Jerónimo sobre su estilo a la hora de presentar el mensaje cristiano: Lactantius, quasi quidam fluvius eloquentiae Tullianae..., quos libros si legere volueris, dialogorum Ciceronis in eis epitomen reperies (Epistulae, 58, Ad Paulinum c.10)21.

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1Para más información: Ortuño 2013, pp. 2-14 y 2015, pp. 75-84.

2Útiles para conocer detalles acerca de la pronunciación del latín de la época baja.

3Para más información Mohrmann, 1961-1977.

4Autores cristianos destacados: Minucio Félix, Tertuliano y Cipriano.

5Todos estos vocablos están presentes en la versión antigua de la Biblia: la Vetus Latina, excepto genesis y protoplastus, que son términos bíblicos, y que aparecen en su obra: De trinitate. (Ortuño 2017, pp. 52-67).

6Lactancio. Instituciones Divinas. 1,7,8. Se sigue la edición de Eustaquio Sánchez Salor y de aquí en adelante aparecerá con las siglas ID y el número de libro. Los tres primeros de esta obra son una crítica del politeísmo y de la filosofía romana; después, procede a argumentar que sólo la fe cristiana es capaz de aunar filosofía y religión. A partir de esta concepción fundamental, analiza la idea cristiana de justicia y moralidad y el culto, y trata cuestiones esenciales como el bien supremo y la inmortalidad del alma, para concluir instando a abrazar la nueva religión.

7El demonio en general, pero nunca por sí mismo al diablo. (Lactancio, ID, IV, 27,15).

8Jefe de los demonios (daermoniarches ipse in figura sua. Lactancio, ID, II, 16,12,).

9Lactancio, ID, IV, 21,1.

10Lactancio, ID, II, 12,15.

11Cita a los salmos para dejar claro el origen divino de Cristo (huius pater divinorum scriptor hymnorum in psalmo XXXII sic ait. Lactancio ID, IV, 8, 14).

12Lactancio, ID, IV, 20,4.

13Lactancio. ID, IV,7,7: qui hebraice Messias dicitur.

14Lactancio ID, IV, 26, 40: qui faciunt,pascha nominatur

15Lactancio ID, IV, 17, 1: quod sabbatis non vacaret.

16Lactancio, ID, II,14,1: diabolus, cui ab initio dederat terrae potestatera, vel corruraperet horaines vel disperseret.

17En su obra Instituciones Divinas siempre aparece este sustantivo con el sentido de diablo, referido al jefe de los demonios.

18Aparece en dos pasajes de su obra Instituciones Divinas: IV, 17, 1 y VII, 14,8.

19Lactancio, ID, IV, 7, 1: cuius prima Nativitas non modo antecesserit.

20Lactancio, ID, IV, 15, 1: quoniam de secunda nativitate.

21 "Lactancio es casi como un torrente de elocuencia ciceroniana, si quisieras leer sus libros, encontrarás en ellos un resumen de los diálogos de Cicerón".

Received: March 10, 2019; Accepted: June 17, 2019

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