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Acta bioethica

versión On-line ISSN 1726-569X

Acta bioeth. vol.24 no.2 Santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S1726-569X2018000200273 

Recensiones

Vida y ética.

Fernando Lolas Stepke1 

1Chile. Universidad de Chile, Centro Interdisciplinario de Estudios en Bioética Correo electrónico: flolas@uchile.cl

AMOS USANOS, Rafael.. Vida y ética. Editorial Síntesis. ., Editorial Síntesis, Madrid: 2018. ISBN: 978-84-9171-078-3.

El tema y propósito central de este libro se resumen en una pregunta que aparece en la página 272: ¿qué bios para la bioética?

Se trata de indagar qué concepto de vida subyace a las distintas versiones de bioética que se proponen, casi semanalmente, en todo el mundo. No falta nunca algún iluminado que repite los consabidos slogans y abruma a los lectores con las ya manidas trivialidades que se han hecho usuales bajo el epígrafe “bioética”.

Por fortuna, este libro aporta una perspectiva distinta y refrescante. Ilumina, en realidad, el misterio que subyace a la sensación de familiaridad que parece presidir la lectura de autores muy dispares. Y, de paso, introduce una variedad de nombres, muchos españoles, de los cuales poco se sabe.

La tesis central es que un “imaginario” subyacente —el concepto implícito o explícito de vida— permite agrupar las diferentes bioéticas en “familias”. Las taxonomías, que son de estilo en este campo, suelen concentrarse en externalidades: por ejemplo, las bioéticas “feministas” son bioéticas con adjetivo, las bioéticas “profundas” son boberías de los subdesarrollos (el económico y el otro), en fin, las adjetivaciones múltiples con que algunas personas, a falta de ingenio, quieren impresionar a los frívolos.

Distinto este libro. Su taxonomía es razonable, interesante, abierta al análisis. Discrepamos de llamar “paradigmas” a los imaginarios que sustentan una determinada concepción de lo que es vida, aunque quizá —de aceptarse que cada concepto depende de un método para obtenerlo— estuviera el término bien usado. Lo que el autor insinúa es un marco de referencia, una convicción elemental —y subliminal a veces— de qué es eso de la vida y cómo las bioéticas en el mercado pueden adscribirse a una familia según esta pertenencia a un círculo conceptual.

Distingue este autor tres “modelos” o “imaginarios”, o “conceptos implícitos” de vida, a los que llama clásico, mecanicista y sistémico. Basándose en una comprensión algo laxa de “filosofía de la biología”, describe los fundamentos de cada postura y, ya casi al final del libro, reconoce que cada una termina siendo reduccionista: “reduccionismo metodológico” en el modelo clásico, “reduccionismo ontológico” en la postura mecanicista, “reduccionismo epistemológico” en el modelo sistémico.

Por ende, la propuesta final consiste en una discreta orientación hacia el eclecticismo y un retorno a las realidades esenciales, que son la persona y la naturaleza. Pues “vida”, como “dignidad”, como “salud”, son unos universales esquivos. Permiten ingeniosidades definitorias, como de la de Schrödinger de 1944, “alimentar la negaentropía bajo el control de cristales aperiódicos” (como dice Cervantes de las razones caballerescas, “no las entendiera ni el mesmo Aristóteles si para solo ello resucitara”). O vacuidades ilustres como “sistemas de aprovechamiento de los acontecimientos determinados” (Polanyi, 1968) y sentido común voceado con solemnidad, “totalidad cíclica, activa y autorregulada” (Piaget, 1967). Un último botón de muestra : “teleonomía e invariancia a través de la morfogénesis autónoma” (Monod, 1970).

Lo cierto es que, más que las definiciones, importan los procedimientos por los cuales se formulan o los supuestos que consideran quienes las proponen. Así, el modelo clásico (reitero que la palabra “paradigma” suena discordante aquí) se caracteriza porque la “mente” lo invade todo. Y vida es animación por una mens universal. El punto de vista mecanicista, con la distinción cartesiana entre res cogitans y res extensa, toma las metáforas del reloj y de otras máquinas para separar lo que es vida humana, consciente, sintiente y racional, de otras vidas, animales, maquinales. El punto de vista sistémico se basa, en parte, en esa maravillosa construcción de la “emergencia”, que hace salir propiedades de las agrupaciones de partes como los magos sacan conejos del sombrero.

La lectura de este libro es útil por varios motivos. Primero, porque ignora por completo las aportaciones del pionero Fritz Jahr, cuya concepción de lo que es vida es acreedora de estudio serio. El precursor más nombrado entre nosotros, cuya influencia ulterior fue casi nula, merecería que Amo Usanos lo estudiara y le asignara un sitio en su universo tripartito de familias bioéticas. Segundo, porque su punto de partida, a fuer de obvio, es original. Todo el mundo cree saber qué es la vida y, más aún, se despacha hablando de biología como si se tratara del clima: todos saben y todos opinan. En la fauna bioética he conocido tanto sujeto feliz de su ignorancia, y agresivamente orgulloso de ella, que puedo recomendar este libro sin ambages para un “desasnamiento parcial”: no hay “una” vida, porque la noción es de aquellos universales que no existen sino en concreciones. Tercer motivo para leer y recomendar este libro es lo provocador que resulta el análisis de las “familias bioéticas” que proclama. Los animalistas cercanos a los princialistas, la ecología profunda de Capra junto a Albert Schweitzer, el personalismo de Sgreccia junto a autores menos conocidos, en fin, alusiones a autores ausentes en la literatura de corriente principal anglosajona o proponentes de alguna idea no común, todo ello es motivo de agradecimiento. Finalmente, afirmaciones algo difíciles de entender por no especificarse bien qué piensa el autor, hacen aún más atractivo el conjunto.

Del autor se dice solamente que es “profesor de la Universidad Pontifica Comillas”.

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